I. El liderazgo de 1990 a 2000
En la Cumbre Mundial en Favor de la
Infancia de las Naciones Unidas, celebrada en Nueva York en
1990, los líderes mundiales trazaron un borrador encaminado
a mejorar la vida de los niños, las niñas y las
mujeres en el plazo de un decenio.
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Un niño de Zimbabwe estudia mientras,
al fondo, dos niñas trabajan en el campo.
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Sus objetivos eran precisos: reducir las tasas de mortalidad
infantil, mejorar el cuidado de la salud materna, reducir a la
mitad las tasas de malnutrición, garantizar a todos agua
potable y acceso al saneamiento, facilitar el acceso educación
básica a todos los niños y niñas y mejorar
la protección de los niños y niñas.
Después de la Cumbre Mundial, muchos líderes comenzaron
a ocuparse con denuedo de estas cuestiones y los resultados fueron
espectaculares. La tasa de mortalidad de niños menores
de cinco años se redujo en un 14 %. El tétanos neonatal
se eliminó en 104 de los 161 países en desarrollo.
Se distribuyó vitamina A y sal yodada a casi el 75 % de
los niños.
Sin embargo, pese al esperanzador arranque, el decenio estuvo
marcado por oportunidades perdidas.
A finales de 2000 seguía sin registrarse los nacimientos
de la tercera parte de todos los niños y niñas,
lo que supone que no hay registros de su existencia y los expone
a la falta de asistencia sanitaria y escolarización. Alrededor
de 30 millones de niños recién nacidos siguen sin
beneficiarse de inmunizaciones periódicas. En el África
subsahariana sólo se inmuniza al 47 % de los niños
y niñas contra la difteria, la tos ferina y el tétanos.
La tercera parte de los niños y niñas del mundo
padecieron malnutrición durante el decenio de 1990. Las
tasas de malnutrición de la infancia sólo han disminuido
un 17 % en los países en desarrollo en vez de reducirse
a la mitad. La disminución de la tasa de malnutrición
en Asia no superó el 7 %. De hecho, en el África
subsahariana aumentó el volumen total de niños malnutridos.
Hoy en día 1.100 millones de personas carecen de agua
potable y 2.400 millones carecen de saneamiento adecuado.
El objetivo de ofrecer educación básica universal
no se ha logrado. Más de 100 millones de niños en
edad de acudir a la escuela primaria no están escolarizados
y muchos otros reciben una educación de baja calidad. La
brecha entre los sexos causa que haya más niñas
que niños sin escolarizar.
La tasa de mortalidad materna continúa al nivel de 1990,
en vez de haberse reducido a la mitad. No se ha materializado
el objetivo de facilitar acceso a cuidados prenatales y a asistencia
profesional durante el parto a todas las mujeres embarazadas.
Sólo son objeto de asistencia profesional el 29 % de los
nacimientos de Asia meridional y el 37 % de los del África
subsahariana.
El balance es que, aunque se han logrado algunos éxitos
notables desde 1990, se necesita que los gobiernos y los individuos
hagan mucho más si se quiere materializar los derechos
de todos los niños y las niñas.
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En el Estado Mundial de la Infancia
1998 figura un análisis más extenso de los efectos
de la nutrición en el desarrollo infantil.
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