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La decisión de invertir en el futuro

En un suburbio de la clase trabajadora de París, todas las mañanas se forma un colorido mosaico humano. Niños y padres -un adulto viste un amplio boubou de Senegal, otro un fez de Marruecos y varios más la tradicional boina francesa-van llegando a la guardería infantil comunitaria de Goutte d'Or. En este vecindario de inmigrantes africanos, asiáticos y europeos, la guardería es un elemento unificador. Yacine y Sana, mellizos de dos años de edad, comienzan a jugar de inmediato. Yacine, el varón de la pareja, dedica su atención a los cubos de colores intensos que ya ha aprendido a apilar, mientras que Sana, su hermana, dibuja en enormes hojas de papel.

"La guardería es maravillosa para los niños", dice Fatima, la joven madre de los mellizos, de cabello oscuro, que inmigró de Marruecos hace 15 años. "Aquí sé que están seguros y que aprenden francés desde niños, mientras que en el hogar hablamos generalmente en árabe. Eso les ayudará más adelante, cuando vayan a la escuela".

El sistema francés de guarderías elimina muchas de las diferencias presentes en esta comunidad diversa. Yacine y Sana asisten a la institución con otros 53 niños de edades que oscilan entre los tres meses y los tres años. Aunque los niños provienen de culturas diferentes y niveles económicos diversos, todos adquieren las aptitudes y conocimientos que posibilitarán que convivan y colaboren durante el resto de sus vidas.

"Es un poco caro, por supuesto. Alrededor de 40 francos por día por cada niño. Pero vale la pena", afirma Fatima. La mayor parte de los costos de cada guardería, que en 1998 eran del orden de los 355 francos diarios por niño en París, son subvencionados con fondos públicos. Una mujer desempleada, la madre de una niña llamada Amine, sólo paga 8 francos por día. La joven madre argelina explica con orgullo: "Esto me ha permitido recibir capacitación para las tareas domésticas. Ahora puedo buscar trabajo".

Esta guardería parisina no se limita a brindar cuidado diurno a los niños, sino que también presta servicios sanitarios, nutricionales y sociales que se complementan con visitas médicas y sesiones con los docentes y psicólogos. "Aparte de su función educacional, la guardería desempeña otros papeles importantes, como descubrir y prevenir los problemas que puedan tener los niños, lo que resulta fundamental para las familias en situaciones difíciles", explica el coordinador de las guardería del vecindario. "Las labores que llevamos a cabo junto a los padres son tan importantes como las que realizamos con los niños para ayudarlos a integrarse".

El cuidado de los niños en la primera infancia puede salvar vidas. Dondequiera que funcionen, ya se trate de los países azotados por la guerra o de las sociedades industrializadas, los programas orientados a mejorar la salud, la educación y el bienestar de los habitantes más jóvenes pueden tener profundas consecuencias positivas en la supervivencia, el crecimiento y el desarrollo de los niños.

¿Qué precio es razonable pagar para salvar a los niños? El programa Integrated Child Development Services de la India costaba en 1994 27 centavos diarios por niño. Ese mismo año, el programa colombiano de Hogares Comunitarios de Bienestar, que funcionaba en 55.000 sitios y ofrecía servicios de atención diurna de los niños, con comida incluida, costaba 38 centavos diarios por niño. En muchos países se gasta mucho más, y los gobiernos se hacen cargo de gran parte de los costos.

Los dirigentes con visión de futuro saben que los fondos que se inviertan hoy en el cuidado de los niños en la primera infancia se recuperarán más adelante mediante los beneficios que representa una niñez más saludable y productiva y el aumento de las familias estables que puedan mantenerse a sí mismas y contribuir con la sociedad. En realidad, el error más costoso posible es no brindar atención a todos los niños. Se calcula que por cada dólar que se invierte en el desarrollo cognoscitivo y físico de los niños de corta edad se obtiene un rédito de 7 dólares, fundamentalmente porque se evitan gastos futuros.

Un estudio sobre niños brasileños pobres confirma de manera convincente las bondades del cuidado de los niños en la primera infancia en las comunidades desfavorecidas. Las niñas que recibieron educación preescolar tuvieron el doble de probabilidades de llegar al quinto grado de la escuela primaria y tres veces más de llegar al octavo grado que las niñas que no recibieron esa instrucción. Y un 40% de los niños pobres del Brasil con instrucción preescolar completaron el ciclo escolar primario, lo que contrasta con la tasa del 2% de los niños que no participaron en esos programas de educación infantil.

A pesar que el cuidado de los niños en la primera infancia es incuestionablemente provechoso, hay dos elementos que obstaculizan la salvación de los niños: la ausencia de voluntad política y la carencia de fondos. Los países donantes no asignan una proporción suficiente de su asistencia a los servicios sociales básicos. Y las naciones en desarrollo tampoco consignan sumas adecuadas a esos servicios fundamentales. Pocos son los donantes que destinan más de un 10% a los servicios sociales básicos, y en más de 30 países, la inversión promedio en ellos representa entre el 12% y el 14% del presupuesto, lo que constituye una proporción muy inferior a la necesaria. Una opción más acertada consistiría en sumarse a la Iniciativa 20/20, que propugna que los países donantes asignen un 20% de su asistencia a los servicios sociales básicos, y que los países receptores destinen un 20% de sus presupuestos a esos servicios. Los 80.000 millones de dólares adicionales de los que se dispondría de esa manera serían suficientes para ampliar los servicios sociales básicos a todas las comunidades, lo que ayudaría a garantizar que las vidas de todos los niños tuvieran un inicio auspicioso.

La asignación de fondos a los programas de desarrollo humano también posibilita que los países en desarrollo se liberen en parte de la agobiante carga de la deuda externa. Los fondos que podrían invertirse en educación, atención de la salud y mejoramiento de la infraestructura se emplean actualmente para pagar los 2 billones de dólares que las naciones en desarrollo adeudan al Banco Mundial, al Fondo Monetario Internacional, a otros organismos prestadores y a los países industrializados. Muchos países gastan hoy en día más en el servicio de su deuda que en los servicios sociales básicos. Para acabar con la pobreza es imprescindible aprovechar el alivio de la deuda para realizar inversiones en la niñez. Uganda resulta un buen ejemplo, ya que empleó el dividendo de la deuda que recibió en virtud de la Iniciativa para la reducción de la deuda de los países pobres muy endeudados, que ponen en práctica el Banco Mundial y el FMI, para ampliar la educación primaria y la atención de los huérfanos del SIDA.

El cuidado de los niños en la primera infancia no puede tener resultados positivos deseados en el vacío. La discriminación basada en el género y la carencia relativa de poder de las mujeres en las sociedades influyen en gran medida en la manera en que se cría a los niños en sus hogares. Estudios llevados a cabo en Kenya y Malawi indicaron que existía una estrecha correlación entre el grado de control que ejercen las mujeres sobre sus ingresos y la ingestión de calorías de sus familias. La potenciación de las mujeres es la vía más directa al mejoramiento de las vidas de los niños.

Para que el cuidado de los niños en la primera infancia tenga los resultados deseados es necesario que se lo respalde con coraje político. Los programas de esta índole tienen éxito cuando los dirigentes están dispuestos a luchar por los derechos de los niños y las mujeres. Quizá la defensa de los miembros más vulnerables de la sociedad no signifique un rédito político inmediato, pero cuando los dirigentes tienen suficiente visión para dar prioridad a los derechos de los niños más jóvenes las recompensas se cosechan a largo plazo. Ninguna otra inversión hace sentir sus consecuencias benéficas de tantas maneras diferentes y durante tanto tiempo.

Al defender los derechos de los niños de corta edad damos los pasos iniciales hacia la eliminación de las cadenas de la pobreza, la violencia, las enfermedades y la discriminación y empezamos a construir un mundo de esperanzas y cambio. Como comprendió Priyanthi al ver florecer su pequeño tesoro, la verdadera riqueza de una nación radica en la salud y la fuerza de sus ciudadanos más jóvenes.

 

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