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La mejor inversiónPriyanthi, una joven madre de Sri Lanka, avanza presa de gran ansiedad por un accidentado sendero, protegiendo celosamente el bulto cuidadosamente arropado que lleva en sus brazos. La menuda mujer de 28 años respira agitadamente, y sus pasos siguen el ritmo acelerado del palpitar de su corazón. Está oscureciendo, y la mujer tropieza cada tanto con las ramas caídas sobre el sendero. A pesar de ello, esa madre resuelta continúa avanzando. Priyanthi lleva en sus brazos un tesoro de enorme valor. En un país azotado por la guerra y la pobreza, la preciosa carga que transporta Priyanthi podría curar todos los males de la nación. En los brazos de la mujer hay un recurso que abunda en todos los países del mundo. Un recurso que, si se le permitiera fructificar, podría significar la paz, la prosperidad, la seguridad y un futuro mejor para todos los sitios en donde se dispone de él. Sin embargo, se trata de un recurso que se suele desperdiciar, y aún abusar, trágicamente. El tesoro de Priyanthi es su pequeña hija Paradójicamente, la mayor fortaleza del mundo radica en sus habitantes más pequeños. Desde el nacimiento hasta los tres años, germinan en todos los niños las semillas de la individualidad humana y de la nacionalidad. En ese período se multiplican vertiginosamente las sinapsis, y se establecen las pautas que durarán toda la vida. En esos 36 meses asombrosos se produce el desarrollo del cerebro, y los niños adquieren la capacidad de pensar, hablar, aprender y razonar. Esas son las bases de los valores y las conductas sociales que tendrán cuando se conviertan en adultos. Esos tres años iniciales ofrecen posibilidades excepcionales. Con cada niño que llega al mundo es posible interrumpir los implacables ciclos de la pobreza, la violencia y la privación. Al proteger los derechos de ese y miles de otros niños, y al criarlos con esmero durante las etapas iniciales de su desarrollo, las naciones pueden abrir a la nueva generación las puertas del vasto potencial que les puede haber sido negado a sus padres. Para los gobiernos que desean mejorar la suerte de sus pueblos, la inversión en esos primeros años de vida constituye el gasto más inteligente que pueden hacer. Pero lamentablemente, tanto para los niños como las naciones, esos son los años a los que se les presta menos atención. La familia de Priyanthi es afortunada. Cuando la pequeña Madushika, que para entonces tenía 18 meses, comenzó a mostrar síntomas de debilidad y dificultades para respirar, la joven madre la arropó e inició a pie una travesía desesperada de siete kilómetros que la llevó hasta una clínica médica. Madre e hija llegaron a la clínica al anochecer y fueron recibidas por un médico que diagnosticó que Madushika tenía neumonía. "Si hubiera esperado 15 minutos más", le explicó el médico a la madre mientras dirigía su mirada a la niña exhausta, "su hija habría muerto". Desde aquella noche, Priyanthi y sus hijos forman parte del sistema de programas de atención temprana de la salud infantil de Sri Lanka. A la madre se le aconsejó que se hiciera exámenes médicos periódicos, y que hiciera lo mismo con sus hijos. Aprendió que si le habla a su hija cuando la amamanta, está ayudando con el desarrollo mental y físico de la niña. Descubrió que hasta los arrullos y balbuceos que le dedica a su hija son valiosos, y que esa forma de comunicación maternal sirve para que su hija aprenda a hablar. La de Priyanthi es una de las 22 familias de su aldea que participan en el programa basado en el hogar Sithuwama, que significa "crianza de los niños con deleite". El programa, que recibe apoyo del UNICEF, fomenta el cuidado de los niños en la primera infancia e incorpora las prácticas saludables de atención infantil y la estimulación cognoscitiva. Priyanthi ha aprendido que la buena alimentación, la higiene en el hogar y el saneamiento, así como la estimulación mental son fundamentales para el crecimiento y el desarrollo de sus hijos. Hoy en día, Madushika es una niña de cinco años vivaz y saludable. La inversión que ha realizado esta familia en los primeros años de vida de sus niños rendirá dividendos durante muchas generaciones por venir. Sitios de interés
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