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Las consecuencias de los conflictos armados en la primera infancia

Todos los días del año, en diversos puntos del mundo, y mayormente en los países más pobres, se dirimen más de dos decenas de conflictos armados. En el último decenio las guerras provocaron la muerte de 2 millones de niños, mientras que 6 millones resultaron gravemente heridos y 12 millones quedaron desamparados. Se calcula que entre un 80% y un 90% de las personas que mueren o sufren lesiones en los conflictos bélicos son civiles, y en su mayoría niños y madres.

En algunas de las hostilidades más recientes, como las ocurridas en Sierra Leona, el Sudán y le región septentrional de Uganda, muchos niños presenciaron la tortura y el asesinato de sus familiares, mientras que los niños de Chechnia (Federación Rusa) debieron soportar reiterados bombardeos y explosiones. Durante el genocidio de 1994 en Rwanda, en las matanzas perdió la vida más de un cuarto de millón de niños. Y en 1999, los niños de Kosovo debieron abandonar sus hogares como resultado de la "limpieza étnica", quedando de esa manera desamparados, separados de sus familias y desarraigados de todo lo que habían conocido hasta entonces.

Zonas de paz y espacios acogedores para los niños

A fin de proteger a los niños, el UNICEF y sus aliados tratan de crear "zonas de paz" y 'espacios acogedores para los niños" en muchas situaciones de crisis. En Sri Lanka, el Sudán y otros países, el UNICEF y otras organizaciones realizaron exitosas negociaciones con los combatientes que posibilitaron el cese de los hostilidades a fin de abastecer a los niños de alimentos y medicamentos, y de suministrarles vacunas.

El suministro de alimentos y refugio a los niños genera una cierta medida de normalidad en situaciones extraordinarias. Cuando los niños también pueden recibir educación escolar y orientación psicológica, y cuando cuentan con posibilidades de esparcimiento, ese sentimiento de normalidad es aún mayor. Durante el éxodo a Albania de refugiados que huían del conflicto étnico de Kosovo, los organismos de socorro suministraron en primer término medicamentos, vacunas, agua potable y alimentos para prevenir la mortalidad infantil y maternoinfantil. Una vez ejecutadas esas estrategias de supervivencia iniciales, la iniciativa para establecer espacios acogedores para los niños brindó servicios de atención de los lactantes, educación primaria y preescolar, actividades de esparcimiento, apoyo psicosocial para los niños de corta edad y orientación psicológica para los niños de mayor edad y sus familias. Al atender a los niños traumatizados por la guerra, quienes están a cargo de esa atención no sólo deben sanar las lesiones físicas de esas jóvenes víctimas, sino también los daños emocionales que han sufrido.

Un robo a los niños

Las guerras son costosas. Los conflictos bélicos empobrecen a las naciones, y reducen no sólo su patrimonio económico sino también el espíritu de sus pobladores, y privan de recursos imprescindibles a los habitantes más vulnerables, los niños. Durante un reciente conflicto fronterizo, por ejemplo, Eritrea y Etiopía gastaron en armamentos centenares de millones de dólares que podrían haber invertido en el mejoramiento de las vidas de los niños y jóvenes. El conflicto intestino de Sri Lanka ha deprimido gravemente la economía de ese país y se ha cobrado más de 60.000 vidas hasta la fecha.

La simiente de la intolerancia étnica y religiosa se siembra temprano en la vida. Pero si apenas una fracción del dinero que se destina a la destrucción bélica se dedicara a otorgar a los niños la oportunidad de iniciar sus vidas sanamente, las semillas de la enemistad podrían ser reemplazadas por las de la comprensión y la tolerancia.

 

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