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ECD — Un paso inicial


La inscripción del recién nacido es el paso inicial en la vida del individuo.”

– Unity Dow El Progreso de las Naciones 1998
 

 

 

 

 

 

 

UNICEF/00-0209/Pirozzi

Un niño enfermo con fiebre palúdica espera en el regazo de su madre a recibir tratamiento en un puesto de salud de la ONG Médicos sin Fronteras en Chokwe, Mozambique.

 

Entonces, ¿por qué no?

Los programas que dan buenos resultados, las utilidades excepcionales de las inversiones, los instrumentos para cumplir con diversas obligaciones jurídicas y morales, plantean una pregunta: si la atención en la primera infancia es una opción tan sabia para los países, ¿por qué no se invierten suficientes recursos a fin de garantizar a cada niño el mejor comienzo posible en la vida?

Los programas de desarrollo del niño en la primera infancia han tropezado con grandes obstáculos, entre ellos las exhortaciones en vano para que se introduzcan, tanto en los países industrializados como en desarrollo, reformas normativas, económicas y sociales que posibiliten que los países en desarrollo cuenten con los recursos financieros para aumentar sus inversiones en recursos para los niños en general y para la primera infancia en particular.

Compromiso en pro de la Iniciativa 20/20. La atención en la primera infancia para la supervivencia, el crecimiento y el desarrollo del niño no es más que una frase vacua, a menos que los gobiernos de los países en desarrollo asignen en sus presupuestos nacionales recursos suficientes con destino a los servicios sociales básicos, y a menos que los donantes hagan lo propio. En la Iniciativa 20/20 se plantea la proporción indicativa de recursos de una y otra fuente en un 20%. Son pocos los países que invierten los importes necesarios en servicios sociales básicos y son pocos los donantes que asignan más del 10% de su presupuesto de asistencia a dichos servicios. En más de 30 países, el promedio de las inversiones oscila entre el 12% y el 14% de los presupuestos nacionales, una proporción muy insuficiente. En la Iniciativa no sólo se recomienda aumentar el gasto en servicios sociales básicos sino que también se insta concretamente a efectuar gastos eficientes y que promuevan la igualdad. En muchos casos, el quinto más rico de la población recibe, como promedio, un apoyo a la salud y la educación equivalente al doble del que recibe el quinto más pobre62. En consecuencia, la pobreza de la familia se transmite de una generación a otra y lo propio ocurre con el estancamiento en el desarrollo del país.

Una inversión adicional de 80.000 millones de dólares por año –importe correspondiente a la Iniciativa 20/20 que representa menos del quinto del 1% del ingreso mundial– garantizaría a cada recién nacido un buen comienzo en la vida. Aseguraría que cada niño dispusiera de los servicios sociales básicos de importancia crítica: agua pura y saneamiento, atención primaria de la salud y educación básica. Daría a cada niño la oportunidad de plasmar plenamente su potencial. La comunidad internacional no puede esperar hasta que se elimine la pobreza para efectuar inversiones en los niños. Las inversiones en servicios sociales básicos y en atención en la primera infancia son la mejor estrategia de que dispone un gobierno para eliminar el empobrecimiento en la generación siguiente.

Mitigación de la deuda. Muchos países destinan mayores recursos al servicio de la deuda que a los servicios sociales básicos63. En Tanzanía, casi un 50% del presupuesto se destina al pago de la deuda externa y aproximadamente un 10%, a los servicios sociales. Dado que es tan pequeña la proporción del presupuesto de Tanzanía disponible para la educación, es poco probable que los hijos de Febronia y Damas egresen de la escuela primaria. La abrumadora deuda nacional está privando a los niños de la atención básica que necesitan. La Iniciativa para la reducción de la deuda de los países pobres muy endeudados, iniciada en 1996 por el FMI y el Banco Mundial, congregó a los acreedores para reducir la carga de la deuda de esos países. Hacia el año 2000, la Iniciativa había servido para mitigar la deuda de cuatro países: Bolivia, Guyana, Mozambique y Uganda. La conversión del pasivo de la deuda en inversiones para los niños es la clave para la eliminación de la pobreza. Uganda, el primer país que recibió apoyo de la Iniciativa, ha estado a la vanguardia en cuanto a aprovechar el dividendo de su deuda a fin de ampliar la educación primaria, la matriculación escolar y la atención a los huérfanos del SIDA.

Convergencia de servicios en Filipinas

Ahora hay más necesidad que nunca. Todos los sectores de la comunidad internacional han defendido la necesidad de reestructurar los presupuestos y mitigar la deuda y han propugnado repetidamente la adopción de medidas al respecto. Hay poco de nuevo en lo que se aduce, salvo las necesidades cada vez más urgentes de los niños y las mujeres, a medida que se pierden generaciones enteras y continentes que caen en las garras de la enfermedad y la violencia. Frente a las realidades de las vidas de millones de niños, no responder en la medida de lo necesario es cada vez más una posición demasiado injustificable como para que los gobiernos la adopten.

 

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