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Un párvulo mexicano.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El desarrollo del niño en la primera infancia es la primera etapa necesaria para mejorar las vidas de los niños pero, en sí mismo, no basta.

Costos y financiación

El costo de un programa de desarrollo del niño en la primera infancia depende de la naturaleza y la amplitud de los servicios que ofrece. En general, los programas ofrecidos en centros cuestan cinco veces más que los realizados en el hogar y cuanto más integral sea el programa, tanto más costará. Los suministros alimentarios en forma de comidas y refrigerios pueden representar hasta un 40% de los costos de un programa.

ECD — No hay una fórmula universal


No hay una fórmula universal para tener éxito en la realización de programas de atención del niño en la primera infancia. La experiencia ha indicado diversas modalidades que son especialmente eficaces cuando se las emplea conjuntamente:

1. Educar y ampliar los medios de acción de padres, madres y encargados de atender al niño.

2. Prestar servicios directamente a los niños, utilizando visitas domiciliarias, cuidando al niño en el hogar, estableciendo centros integrados de desarrollo del niño y organizando actividades de aprendizaje escolares y no escolares.

3. Promover alianzas comunitarias a fin de mejorar el ámbito físico y los conocimientos y prácticas de la comunidad, posibilitando las acciones en común y ampliando la base de las negociaciones políticas y sociales.

4. Fortalecer los recursos y la capacidad nacionales.

5. Incrementar la demanda y la conciencia por parte de los encargados de formular políticas, los planificadores y el público en general.

6. Formular políticas nacionales para la infancia y la familia que posibiliten que padres y madres tengan más tiempo para dar cumplimiento a sus responsabilidades en la crianza y el cuidado de los niños y que fomenten mayores posibilidades de que los abuelos y otros familiares adultos se ocupen de los niños.

7. Formular marcos jurídicos y reglamentarios que ahonden la conciencia sobre los derechos y la disponibilidad de recursos jurídicos por parte de las mujeres y los niños y promuevan un aprovechamiento más eficaz de la legislación y un mejor cumplimento de las normas.

 

En 1994 se calculó que los servicios integrados de desarrollo del niño en la India costaban 27 centavos por día y por niño. Ese mismo año, los Hogares Comunitarios de Bienestar en Colombia, que funcionan en 55.000 ubicaciones y ofrecen atención durante todo el año, incluidos alimentos, se estimó que tenían un costo de 38 centavos diarios. Otros programas pueden costar mucho menos debido a que tienen menos componentes o debido a que hay mayor participación voluntaria de la comunidad.

Existen diversas maneras de financiar los programas de desarrollo del niño en la primera infancia. En Suecia, por ejemplo, el programa está totalmente sufragado con fondos públicos. En algunos países, entre ellos Colombia, el Gobierno nacional asume la mayor parte de la responsabilidad financiera de la realización de los programas de desarrollo del niño en la primera infancia, aun cuando los progenitores sufragan la mitad de la remuneración de quienes cuidan a los niños, además de sus contribuciones de seguridad social. En la India, donde las contribuciones de los progenitores son mínimas, el Gobierno nacional financia la mayoría de las actividades de los servicios integrados de desarrollo del niño, salvo los alimentos, que son sufragados y administrados por los gobiernos de los estados.

Por otra parte, en el programa de educación temprana del niño en Kenya, el Gobierno nacional financia sólo la formación de los encargados de cuidar a los niños, mientras los gobiernos locales proporcionan y mantienen centros de atención y los padres y madres sufragan la remuneración de quienes cuidan a los niños. En 1993, los progenitores participantes en el proyecto de desarrollo integrado del niño en Bolivia abonaron una suma mensual global de 2,50 dólares por su primer hijo e importes progresivamente menores por cada hijo adicional. En Tailandia, los préstamos devueltos a fondos de crédito de aldea, financiados por una organización no gubernamental, se encauzan hacia un fondo de capital que apoya programas comunitarios de desarrollo del niño en la primera infancia.

Aun cuando es necesario contar con mayores recursos para garantizar que cada niño disponga del mejor comienzo en la vida, la atención adecuada de lactantes y niños de corta edad no necesariamente exige incurrir en gastos de gran magnitud para la creación de nuevos programas. Los recursos para mejorar el desarrollo cognoscitivo de los niños de corta edad mediante la estimulación, el juego y el afecto pueden encontrarse en la comunidad. Sithuwama, un programa de visitas en el hogar que se lleva a cabo en Sri Lanka, es un ejemplo de atención en la primera infancia con una buena eficacia en función de los costos. Los componentes fundamentales del programa son los voluntarios, que han recibido capacitación sobre el desarrollo del niño en la primera infancia. Cada voluntaria, una mujer respetada en la comunidad, trabaja con cinco familias. Pasa tiempo en los hogares y enseña a padres y madres cómo ayudar a que sus hijos crezcan físicamente y se desarrollen mentalmente.

Un enfoque multisectorial, en que se aúnan los componentes de salud, educación, nutrición y desarrollo, puede realzar la eficacia en función de los costos de un programa. Pero más importante que economizar dinero es que esta convergencia de servicios atienda al niño en su totalidad, en lugar de aspectos compartimentados y, al hacerlo, refuerce y complemente la manera en que un niño se desarrolla.

Las influencias positivas de los programas de desarrollo del niño en la primera infancia resuenan en toda la sociedad. Al crear servicios para la primera infancia no sólo se ofrece a los lactantes y niños de corta edad una buena atención, sino que se libera a las niñas de la tarea de cuidar a sus hermanos menores y se abren oportunidades de que asistan a la escuela. También se libera a las madres para que ingresen en el mercado laboral; y se crean nuevas oportunidades de trabajo para las personas dedicadas a la atención en el hogar o a programas de visitas domiciliarias. El niño se beneficia al recibir servicios básicos y practicar el juego, el canto y la danza. La familia se beneficia por tener mayores ingresos. La comunidad se beneficia al existir empleos adicionales y trabajadores para el mercado laboral.

 

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