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UNICEF/81446/West Bank and Gaza/Pirozzi

Unos niños juegan en una guardería de la Ribera Occidental

Programas que dan buenos resultados

Con algunas notables excepciones, como por ejemplo el caso de Suecia, la evaluación sistemática de la eficacia de los programas de desarrollo del niño en la primera infancia recién ha comenzado. Hasta la fecha, no hay estudios nacionales comparables que vinculen el desarrollo en la primera infancia con las mejoras en el desarrollo psicosocial del niño55 o en su bienestar general. Hay para ello varias razones: es escaso el consenso acerca de cuáles son los mejores indicadores de cambio en el desarrollo psicosocial de un niño y tampoco hay una vigilancia sistemática de los programas. Las definiciones de los grupos de edades estudiados difieren (por ejemplo, de 0 a 3 años, de 0 a 6 años, de 0 a 8 años) y lo propio ocurre con las definiciones de desarrollo del niño en la primera infancia. También se plantea la cuestión fundamental de cómo medir, si cabe, el cambio en el niño “en su totalidad”.

La ausencia de datos científicos se hace notar especialmente en relación con los niños menores de tres años, una ausencia que perjudica al grupo de menos edad cuando se adoptan decisiones sobre la base de datos cuantificados, como ocurre en la investigación científica tradicional, las políticas económicas y las asignaciones presupuestarias.

Pese a esas limitaciones, hay un considerable conjunto de pruebas, recopiladas a lo largo de 25 años de programación local y subnacional por parte de varias organizaciones, que apoyan todos los aspectos del desarrollo del niño en la primera infancia y todos los argumentos a su favor. El efecto acumulativo de los numerosos cambios positivos dimanados de los programas de desarrollo del niño en la primera infancia, sean cuales fueren su constitución y su escala, ha sido crear conciencia sobre su importancia e incrementar la demanda al respecto.

Recuadro 7. El respeto de los derechos del niño indio

Los programas de desarrollo del niño en la primera infancia han salvado millones de vidas y mejorado millones de muchas otras. Casi no se cuestiona que las acciones tempranas relativas a la salud y la nutrición en la vida del niño o en la vida de la madre representan una notable diferencia en cuanto a la supervivencia, el crecimiento y el desarrollo del niño a largo plazo. Además, se ha documentado ampliamente la eficacia de las campañas de inmunización y alfabetización para salvar vidas de los niños y mejorar el nivel de salud y el bienestar social de varias generaciones y lo propio ha ocurrido con la relación entre el nivel nutricional de la embarazada y el mejor estado de salud del niño. Los efectos de las mejoras en el abastecimiento de agua no contaminada y saneamiento, que han sido cruciales para salvar la vida de muchas personas en una aldea tras otra y en un país tras otro, están convirtiéndose en un axioma universal.

Programas en gran escala. Tanto en los países industrializados como en desarrollo, los programas de enseñanza preescolar han sido tan evidentemente útiles para los niños durante tantos años que algunos se están ampliando para incluir a niños de menor edad y otros son considerados modelos por otros países. Por ejemplo, en un estudio reciente realizado en Ontario (Canadá) se exhortó a establecer un programa provincial “de primer nivel” para el desarrollo del niño en la primera infancia que sería tan importante para una preparación eficaz de los niños de Ontario como los sistemas de nivel elemental, secundario y postsecundario. El programa de base comunitaria se propone como un antídoto a lo que los autores califican de “éxodo real de cerebros”, es decir, la tendencia a invertir más recursos en los niños después de que cumplen seis años, pese a que el mayor desarrollo del cerebro ocurre antes de que el niño cumpla tres años56. Ontario no es la única entidad que trata de armonizar sabiamente las inversiones con la oportunidad, puesto que en todo el mundo, un país tras otro está ampliando sus programas para la primera infancia57.

 

Third-graders' scores on mathematics tests

 

 

 

 

UNICEF/99-0468/Barbour

Una muestra de cariño familiar en La Habana, Cuba.

 

Además, hay modelos que podrían bien calificarse de los “abuelos” de todos los demás. En Suecia, donde se considera que hay uno de los sistemas más avanzados de atención del niño en el mundo, los gobiernos locales subsidian la atención de casi la mitad de los niños del país, desde el nacimiento hasta la entrada en la escuela. Las guarderías diurnas y la atención del niño en hogares familiares están bien financiados y reglamentados, bien dotados de personal sumamente capacitado y se diseñan teniendo en cuenta las necesidades evolutivas del niño. Los estudios, realizados periódica y sistemáticamente, demuestran reiteradamente que las niñas y los niños varones que pasan sus primeros años en el sistema de guarderías de Suecia son creativos cuando crecen, tienen confianza en las relaciones sociales y pasan a ser adolescentes independientes58.

A partir de 1959, Cuba ha ido estableciendo progresivamente un sistema nacional de guarderías diurnas y programas de educación en la primera infancia y de enseñanza preescolar que hoy abarca a un 98,3% de los niños en el grupo desde el nacimiento hasta los seis años de edad. En 1992 Cuba, con el apoyo del UNICEF, creó el programa nacional de servicios de base comunitaria para niños de corta edad y sus familias titulado “Educa a tu hijo”. El programa, que cuenta con más de 14.000 promotores y más de 60.000 voluntarios, llega a más de 600.000 niños de este grupo de edades, entre ellos a más de 440.000 niñas de corta edad, y a sus familias.

Las futuras madres y los futuros padres reciben información y asesoramiento acerca del embarazo saludable y la evolución infantil, durante las visitas a médicos y enfermeras. Las familias que tienen niños menores de dos años reciben una visita semanal y se los orienta sobre actividades que estimulen el desarrollo del niño. Los niños de entre dos y cuatro años de edad y sus familias salen una o dos veces por semana en grupo y van a parques, establecimientos culturales y centros deportivos, acompañados de asesores capacitados en evolución infantil y participación familiar. Y los niños y niñas de cinco y seis años de edad procedentes de zonas montañosas, rurales y remotas viajan una o dos veces por semana a las escuelas primarias junto con sus familias para asistir a clases y a conversaciones con la familia.

Cuba ha desarrollado su enfoque de atención en la primera infancia mediante investigaciones tradicionales y participatorias. Ese último método involucró aún más a las familias y las comunidades en las responsabilidades para con la primera infancia. El sistema cubano ha tenido un éxito apreciable al impulsar los adelantos de los niños cubanos en materia de desarrollo y educación. Por ejemplo, en un estudio comparativo realizado en 1998 sobre alumnos de tercer y cuarto grado en 11 países de América Latina se comprobó que los niños cubanos obtenían resultados apreciablemente superiores a los de otros países en matemáticas de tercer grado e idioma español de tercer y cuarto grados (véase el gráfico 9).

Puede citarse otro caso fructífero durante mucho tiempo en los Estados Unidos, donde el programa nacional Head Start comenzó en 1965. Ésta es una considerable iniciativa en la que participan aproximadamente 1,3 millón de voluntarios individuales, 1.400 organizaciones comunitarias sin fines de lucro y varios sistemas escolares para ofrecer servicios integrales de desarrollo a aproximadamente 800.000 niños de entre tres y cinco años de edad y servicios sociales a sus familias. En los últimos 35 años, Head Start ha preparado a casi 18 millones de niños de corta edad para que ulteriormente tengan un buen rendimiento en la escuela y los egresados de Head Start alcanzan un desempeño superior al previsto en materia de alfabetización precoz y aprendizaje de matemáticas y aptitudes sociales precoces (véase el gráfico 10).

Head Start programme conceptual framework

En 1994, Early Head Start amplió el programa originario para incluir a familias con niños menores de tres años y a mujeres embarazadas. Sus servicios abarcan atención integral de la salud, incluida la atención a las mujeres antes, durante y después del parto; nutrición; educación precoz dentro y fuera del hogar; y educación de progenitores. En el ejercicio financiero de 1999, los recursos asignados a ambos programas de Head Start ascendieron a 4.660 millones de dólares.

 

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