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©Marilyn Nolt/USA

Un padre y una madre con su hijo lactante.

La única  opción

A un cuando los detalles de sus vidas sean diferentes, millones de madres y padres de todo el mundo, tanto en los países industrializados como en los países en desarrollo, están en la misma situación: necesitan encontrar tiempo, invertir energías y aprovechar al máximo los recursos para atender a sus hijos e hijas. Consumen sus días en la tarea de ayudar a sus hijos a crecer fuertes y saludables, protegerlos, enseñarles, guiarlos, fomentar su talento, encauzar su curiosidad y disfrutar de su entusiasmo y sus adelantos. Las madres y los padres buscan asesoramiento en redes oficiosas de apoyo y organismos comunitarios, a la vez que luchan, en situaciones a veces muy desfavorables, por atender debidamente a sus hijos.
l norte de París, todas las mañanas durante cinco días por semana, Yacine y Sana, mellizos de dos años de edad, acuden a una guardería infantil comunitaria en Goutte d’or, un vecindario de clase trabajadora donde han residido varias generaciones de inmigrantes. Esperan a las niñas cubos de brillantes colores que aprenderán a apilar y pintura que esparcirán en grandes hojas de papel. En aulas amplias y en pequeños rincones, siguiendo un horario cuidadosamente planificado por un personal sumamente capacitado, Yacine y Sana juegan, comen y duermen la siesta. El hermano y la hermana han estado acudiendo a la guardería infantil desde los tres meses de edad. Su hermana mayor, Leila, que hoy tiene cinco años, vino aquí antes que ellos.

“La guardería infantil es lo mejor para los niños”, explica Fátima, su madre, una mujer joven que emigró desde Marruecos hace 15 años. Y agrega: “Mis dos hijos mayores nunca vinieron aquí y lo lamento. Sé que aquí están protegidos y aprenden francés desde una edad muy temprana, mientras que en el hogar hablamos mayormente en árabe. Más tarde, cuando vayan a la escuela, la vida será más fácil para ellos”.

Yacine y Sana están creciendo junto con otros 53 niños de corta edad, con edades desde tres meses hasta tres años. Un tercio de los niños proceden de África septentrional y otro tercio, de África al sur del Sahara –mayormente del Senegal y de Malí– y en el otro tercio, dice la joven Directora del establecimiento, “hay de todo”.

En este vecindario, como en otras partes del país, el sistema de guarderías infantiles de Francia ofrece una radiografía sin par de la sociedad. Aquí es donde niños de diferentes culturas y clases económicas se congregan para adquirir aptitudes sociales que durarán toda su vida.

“Naturalmente, esto es caro –unos 40 francos por niño y por día– pero el sacrificio vale la pena”, dice Fátima. Pagaría menos si el ingreso de la familia fuera menor, debido a que la contribución financiera de los progenitores es proporcional a su ingreso, explica la Directora de la guardería infantil. En realidad, las prestaciones familiares y el gobierno municipal sufragan la mayor parte del costo, relativamente alto, del funcionamiento de las guarderías infantiles, que era en 1998 de 355 francos por día y por niño residente en París.

Una de las madres, desempleada, que vive de los subsidios que recibe del sistema de seguridad social, sólo paga ocho francos diarios por su hija, Amine. La mujer, que hace unos diez años emigró a Francia desde Argelia y está sola para criar a sus dos hijos, se encuentra muy contenta por haber conseguido ubicar al menor en la guardería infantil. Y dice: “Así fue posible que yo recibiera capacitación para realizar tareas domésticas y ahora puedo buscar un empleo”. Las guarderías infantiles, previstas para niños cuyos progenitores trabajan fuera del hogar o para niños de familias monoparentales en que el progenitor –la madre en un 90% de los casos– tiene un trabajo remunerado, aceptan ahora a niños cuyas madres no ganan un salario.

La demanda es muy superior a la oferta, especialmente en París. La Directora dice: “Cada año recibo unas 140 solicitudes para cubrir sólo 20 plazas disponibles”. En esa capital, aproximadamente 280 guarderías infantiles comunitarias recibieron a poco menos de 20.000 niños en 1999. La situación es muy similar en toda Francia: las populares guarderías infantiles comunitarias, conducidas por personal diplomado y bien capacitado, están abrumadas por las solicitudes. En 1999, sólo pudieron atender aproximadamente a 120.000 de los 2 millones de niños menores de tres años en todo el país.

Además del problema de que no hay un número suficiente de plazas, se han levantado algunas voces críticas acerca del sistema de guarderías infantiles comunitarias. En Francia, país con uno de los más altos niveles de empleo remunerado de la mujer, las guarderías infantiles ya no pueden mantenerse al mismo ritmo de demanda y flexibilidad del mercado laboral. Por lo general están abiertas desde las 7.30 hasta las 19 horas y están cerradas los sábados y domingos; pero ya no responden suficientemente a las necesidades de progenitores que trabajan en horarios escalonados. En junio de 1999, el Primer Ministro de Francia anunció un plan de modernización que ha de establecer 60.000 nuevas plazas hacia 2004 y horarios más prolongados.

Existen otras modalidades de cuidado del niño. Hay guarderías diurnas donde es posible dejar al niño por unas pocas horas cada día o cada semana, cuidadores de niños acreditados por la municipalidad que atienden a los niños en su propio hogar y guarderías infantiles establecidas por organizaciones de progenitores. Pero la guardería infantil comunitaria sigue siendo enormemente atrayente, particularmente para las familias de bajos ingresos.

Las jóvenes madres inmigrantes, por ejemplo, utilizan las guarderías infantiles como uno de los primeros puntos de contacto con Francia. También acuden a ellas los padres, aunque con menos frecuencia, y algunos suelen dejar sus hijos en la guardería infantil o ir a buscarlos al finalizar el día. Durante la semana de regreso a la escuela, algunas madres permanecen en la guardería infantil durante aproximadamente una hora diaria para facilitar la transición del niño desde el hogar hacia un lugar que todavía le es poco familiar. Otras madres acuden rápidamente cuando el personal las llama, en caso de que sus niños den señales de sufrir un problema.

La guardería infantil ofrece atención integral y combina la salud, la nutrición y los servicios sociales. Además de visitas de un médico, hay sesiones regulares con maestros y psicólogos. El coordinador de las guarderías infantiles del barrio destaca que “aparte de sus funciones educacionales, la guardería infantil desempeña un papel muy importante pues detecta y previene los problemas infantiles, una cuestión de importancia especialmente crucial cuando las familias están en situaciones difíciles; nuestra labor con los padres y las madres es tan importante como la que realizamos para ayudar a que los niños se integren mejor”.

 

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