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UNICEF/00-0029/Pirozzi

Con dos de sus tres nietos, todos los cuales se encuentran huérfanos a causa del SIDA, una abuela recibe orientación sobre medicamentos en un centro dirigido por Faraja Trust, una ONG nacional, en Morongoro, Tanzanía.

Quebrar los ciclos

Para quebrar esos ciclos de pobreza, violencia y enfermedad, es preciso intervenir tempranamente en la vida; cuanto antes, mejor. Los programas de desarrollo del niño en la primera infancia son la clave de una vida plena y productiva para el niño y del progreso de un país. Así como la democracia es el preludio del desarrollo humano, los niños saludables –saludables en todo el sentido de la palabra– son fundamentales para el desarrollo de un país. El peso acumulativo de las disparidades perpetuadas dentro de un país desestabiliza ese país, aun cuando aparentemente sea fuerte. Y la falta de equidad dentro de cualquier país perturba el equilibrio entre distintos países: los niños pobres, desnutridos y con salud deficiente redundan en Estados pobres e inermes que quedan a merced de otros Estados más fuertes. Cuando los niños no reciben lo que se les debe, los países pierden también sus oportunidades.

Al efectuar inversiones en los niños durante sus primeros años de vida, un país no sólo se pone al servicio del niño y de su familia, sino también de la causa del desarrollo sostenible. La inversión de recursos en la causa de la infancia es una de las decisiones más útiles para el futuro que puede adoptar un dirigente.

El hambre, la enfermedad y la ignorancia nunca han sido una base del desarrollo económico sostenido, de la democracia o del respeto a los derechos humanos. Cuando se ofrece a todos los niños un buen comienzo en la vida, se les ayuda a desbrozar el camino que conduce al desarrollo humano. Ahora, lo que se necesita es un renovado compromiso en pro de los derechos del niño, una visión de cómo puede ser el mundo para los niños y la valentía de hacer lo necesario para cortar los lazos que atan a generaciones enteras a la miseria.

 

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