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Murió una madre. Murió un niño de corta edad. Murió otro niño.

Los efectos del VIH/SIDA sobre la primera infancia

Actualmente hay en el mundo 34,3 millones de personas que han contraído el VIH/SIDA, entre ellos 1,3 millón de niños menores de 15 años41. La abrumadora mayoría de esos niños nacieron de madres con reacción serológica positiva al VIH, y recibieron el virus o bien en el útero, o bien en el momento del parto, o bien durante el amamantamiento. Dado que desde sus comienzos quedaron amenazados los derechos a la supervivencia, el crecimiento y el desarrollo de esos niños, en su mayoría tendrán vidas breves y morirán antes de llegar a la adolescencia42.

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La tempestad azota con mayor ferocidad África al sur del Sahara, donde reside el 10% de la población mundial, el 70% de las personas contagiadas con el VIH y el 90% de los huérfanos del SIDA, y donde ha muerto el 80% de las víctimas de la epidemia en todo el mundo43.

HIV and mortality among children under five years old in selected African countries.

En algunos países africanos, actualmente más del 10% de los niños menores de 15 años son huérfanos44. Las estimaciones anteriores de que hacia el año 2001 más de 13 millones de niños del mundo habrían perdido a sus madres o a ambos progenitores debido al SIDA ya se habían superado a fines de 199945. De esos huérfanos, el 90% viven en África al sur del Sahara46.

Y dado que solamente en 1999 se registraron en el mundo 5,4 millones de nuevos contagios con el VIH, lo peor es lo que se avecina47.

En Shiri-njoro (Tanzanía), no lejos del Monte Kilimanjaro, Felicia Mbonika, anciana y consejera de la aldea, conoce muy de cerca la devastación que el SIDA impuso a su país. Felicia, una mujer regordeta con vestimenta multicolor, tiene un rostro sereno y dulce que no refleja su desesperación. Sentada en su pequeña vivienda, sobre el camino principal que une Arusha con Kilimanjaro, habla de las visitas que hace a sus vecinos para darles el pésame. Esas caminatas se dificultan debido no sólo a su cadera artrítica, sino también a la pesadumbre que la embarga. Dice que en la zona en que vive, donde hay sólo unos 300 hogares, conoce a 15 personas que fallecieron a causa del SIDA este año.

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“Casi una vez por semana enterramos a alguien”, dice la Sra. Mbonika. “Tengo temor por el futuro de mi país. Se están muriendo los jóvenes, y ellos son precisamente quienes deberían estar produciendo y seguir la próxima generación”.

Lo que ella dice es cierto. El SIDA abate a las personas en lo mejor de sus vidas y asola el continente. Las escuelas están perdiendo a sus maestros, las clínicas están perdiendo a sus agentes de salud, las compañías están perdiendo a sus empleados y los niños están perdiendo a sus padres y madres.

Los relatos de Felicia Mbonika acerca del SIDA en su aldea de Tanzanía centran la atención en las estadísticas. En los últimos años, esta madre de hijos adultos presenció cómo, uno por uno, desaparecieron los miembros de dos familias de la aldea. Murió una madre. Murió un niño de corta edad. Murió otro niño. Después, murió el padre. Esta pauta, con variaciones, se repitió en la segunda familia, con otras muertes, una por una.

A poca distancia de su hogar, sobre el mismo camino, hay una vivienda donde el padre y la madre murieron a causa del SIDA, dice la Sra. Mbonika. Ahora, la familia está constituida por cuatro niños. El menor tiene cuatro años y otros tres niños asisten a la escuela primaria. El hermano mayor, de 19 años, abrumado por la responsabilidad de atender a sus hermanos, se casó con el propósito concreto de que su nueva esposa lo ayude.

Esos relatos no son exclusivos de Tanzanía. En los hogares, las aldeas, las ciudades y los países de todo el continente, hay innumerables historias similares acerca del precio humano devastador que se cobra esta enfermedad.

La epidemia y la economía están vinculadas en una relación negativa, a medida que la pobreza alimenta la crisis del SIDA y la enfermedad agota los recursos. Hacia 2005 se prevé que el costo del tratamiento y la atención de los casos de VIH/SIDA ha de representar un tercio del total del gasto oficial para la salud en Etiopía, más de la mitad en Kenya y casi dos tercios en Zimbabwe48.

Hazards to child health in the environment

Además de sobrecargar los presupuestos nacionales, el SIDA ha menoscabado el sistema de apoyo basado en el parentesco, la red de miembros de la familia ampliada que constituye la columna vertebral de las sociedades africanas. En Zimbabwe, donde el 26% de todos los adultos ya se han contagiado con el VIH49, en una encuesta patrocinada por el Gobierno se comprobó que de 11.514 huérfanos, más de 11.000 estaban a cargo de parientes, la mayoría de los cuales eran mujeres, viudas y mayores de 50 años50. Los números cada vez mayores de niños que quedan huérfanos a causa del SIDA agotan los recursos emocionales y financieros de las familias. En Côte d’Ivoire, por ejemplo, cuando un miembro de la familia presenta síntomas de SIDA, el ingreso medio del hogar disminuye entre 52% y 67% y los gastos de salud se cuadruplican. Y a medida que el ingreso de la familia se va desplomando y aumenta pronunciadamente el costo de atender al paciente, disminuye el consumo de alimentos51.

Huérfanos del VIH/SIDA. Los niños huérfanos a causa de la epidemia, o que se encuentran desamparados porque sus progenitores están demasiado enfermos para ofrecer un cuidado y una atención esenciales, tienen grandes posibilidades de carecer de una adecuada nutrición, de no asistir a la escuela y de verse obligados a adquirir una madurez prematura a consecuencia de la conculcación de sus derechos a crecer y desarrollarse cabalmente. Por ejemplo, un estudio realizado en Zambia informó que un 32% de los huérfanos en las ciudades, y un 68% de los huérfanos en las zonas rurales, no estaban matriculados en la escuela52. Los niños que quedan huérfanos a raíz del SIDA corren un mayor riesgo de contagio con el VIH53, ya que al ser vulnerables emocionalmente, es más probable que traten de encontrar solaz en comportamientos sexuales arriesgados, y al estar desesperados financieramente, es muy probable que se los explote y que recurran a la prostitución para sobrevivir. Pese a la enorme gravedad de la crisis del VIH/SIDA, la familia, las aldeas, las comunidades y los países han seguido esforzándose por hacer frente a la situación. Muchas comunidades, que se niegan a ceder a la desesperanza, han respondido con valentía e ingenio. Algunos de los esfuerzos más valerosos en pro de los niños de corta edad han ocurrido poco después de esta tragedia. Al reconocer la importancia de los primeros meses y años de la vida de un niño, varios países africanos se han convertido en los abanderados de la atención de los niños más pequeños durante la epidemia.

En Namibia, por ejemplo, donde entre 1994 y 1999 se quintuplicó la cantidad de huérfanos a causa del SIDA, el Gobierno y el UNICEF ofrecen equipos, suministros y materiales a las guarderías que prestan servicios gratuitos a los huérfanos. Un centro recibe letrinas de pozo, lonas, lápices de colores y papel para uso de todos los niños, y éstos tienen la garantía de recibir la atención que tanto necesitan. Y es más probable que las familias adopten a niños huérfanos a causa del SIDA debido a que se les garantiza el acceso a guarderías gratuitas54.

 

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