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UNICEF/94-1533/Salimullah Salim

Unos hombres que protestaban contra las obras de la escritora de Bangladesh Taslima Nasreen mostraron su ira atacando a una mujer que presenciaba las manifestaciones en la capital, Dhaka, en 1994.

 

 

 

 

Los fondos que podrían destinarse a robustecer las vidas de los más jóvenes se destinan en cambio a crear destrucción.

Los efectos sobre la primera infancia de la violencia contra la mujer

La violencia es un problema de salud pública en casi todos los países industrializados y en desarrollo del mundo, pues se cobra vidas, causa lesiones y discapacidad y deja heridas físicas y psicológicas, algunas de ellas incurables. Los pobres son las víctimas y los perpetradores más probables de los actos de violencia. Las mujeres y los niños, más que otros grupos de población, son blanco de oleadas de rabia y agresión que van cobrando cada vez mayor impulso en todos los continentes, debido a un complejo conjunto de razones económicas, políticas, sociales y culturales28

Dado que la violencia conculca los derechos de la mujer en todas las etapas de su vida, los lactantes y los niños de corta edad están doblemente expuestos a la violencia: en primer lugar, debido a los ataques directos, ya que en algunas regiones del mundo, especialmente en el Asia meridional, la violencia se pone de manifiesto en el feticidio femenino sistemático y el infanticidio femenino29. En otras regiones, las manifestaciones de la violencia contra los niños son menos obvias pero no lo son sus efectos: una menor cantidad de alimentos nutritivos, de servicios de atención de la salud y de escuelas significa una muerte callada para cantidades desconocidas de niños de corta edad, especialmente niñas y niños discapacitados.

La segunda instancia en que los lactantes y los niños de corta edad están expuestos a la violencia es por conducto de sus madres. La impotencia de las mujeres, causada por la desigualdad y los malos tratos, amenaza a los lactantes y los niños de corta edad. Cada año hay casi 8 millones de muertes fetales tardías y muertes de recién nacidos debido a la mala salud y la deficiente nutrición de la madre durante el embarazo, la atención inadecuada durante el parto y la falta de atención al recién nacido30. En un estudio nicaragüense se comprobó que los hijos de mujeres víctimas de malos tratos sexuales o físicos por sus compañeros tenían probabilidades seis veces superiores a las de otros niños de morir antes de cumplir cinco años. Los hijos de mujeres maltratadas tenían más probabilidades de estar desnutridos y menos probabilidades de estar inmunizados o de recibir terapias de rehidratación oral en casos de diarrea31.

Violencia doméstica. La violencia en el hogar es un problema sanitario, jurídico, económico, educacional, de desarrollo y, sobre todo, un problema de derechos humanos. Abarca todos los sectores de la cultura, todas las clases sociales, todos los niveles educacionales y de ingreso, todos los grupos étnicos y todas las edades. La violencia doméstica, aun cuando está relativamente oculta y se hace caso omiso de ella, es la forma más prevalente de violencia contra las mujeres y las niñas32. Solamente en los Estados Unidos, se estima que entre 2 millones y 4 millones de mujeres sufren todos los años ataques violentos por parte de sus esposos33.

La violencia en el hogar menoscaba la supervivencia del niño. Los niños que son testigos o víctimas de malos tratos tienen mala salud y problemas de comportamiento. Sus derechos son conculcados por actos de agresión cometidos por quienes deberían protegerlos. Los niños que son objeto de abuso sexual quedan traumatizados y son incapaces de crear relaciones de confianza e intimidad, indispensables para un desarrollo saludable34.

Es una trágica paradoja que las mujeres y los niños corran mayores riesgos allí donde deberían disfrutar de mayor seguridad: en el hogar. La violencia contra la mujer suele ir acompañada de violencia contra los niños y así se perpetúa el ciclo de comportamientos destructivos y modelos de comportamiento negativos en el niño que crece y presencia esos episodios.

Al igual que los demás niños que viven en hogares donde reina la violencia, Martha, Angela, Colman y Grace corren riesgo de ser víctimas de violencia doméstica. Tal vez el varón de seis años ya haya aprendido de su padre la función de agresor. La única manera de quebrar el ciclo de la violencia es intervenir precozmente. Es evidente que modificar la dinámica del poder entre hombres y mujeres beneficia a los niños. La iniciativa de Tanzanía de incluir a los hombres en sus programas de atención del niño en la primera infancia es positiva; al abordar las actitudes de la familia y la comunidad para con las mujeres, tal vez el país pueda rescatar a una niña de nueve meses, como Grace, de una vida entera de sujeción a malos tratos y discriminación.

 

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