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La violencia es un problema de salud pública en casi todos los países del mundo.

Pobreza, violencia y VIH/SIDA

La decisión de efectuar inversiones en programas de desarrollo del niño en la primera infancia es evidentemente la mejor política pública que puede adoptar cualquier dirigente responsable; entonces, ¿por qué no se ha adoptado en todas las comunidades y en todos los países?

Debido a que la pobreza es un enemigo despiadado. En una época en que impera una prosperidad mundial sin precedentes, según los cálculos del Banco Mundial, 1.200 millones de personas, entre ellas más de 500 millones de niños, vivían en la pobreza en 1998, con menos de 1 dólar diario18. En los países más pobres, el dinero que podría dedicarse a la educación, a la atención de la salud y la mejora de la infraestructura se destina al pago de la deuda. Los países en desarrollo deben más de 2 billones de dólares al Banco Mundial, al Fondo Monetario Internacional (FMI), a otros prestamistas y a países industrializados19. Los préstamos cuyo propósito era sacar a los países de la pobreza –un logro que podría alcanzarse en una generación si ese mismo dinero se invirtiera hoy en programas de desarrollo del niño en la primera infancia–, los están sumiendo en cambio cada vez más en la deuda.

Debido a la amenaza permanente o a la realidad de la violencia. Los derechos a la supervivencia, el crecimiento y el desarrollo de los niños de todo el mundo corren peligro ante la existencia de una violencia sin solución de continuidad que brota en los hogares, donde los niños suelen estar expuestos a la violencia y los malos tratos o son víctimas de ella constantemente; o se refleja en las políticas internacionales, en virtud de las cuales mueren lactantes y niños como resultado de las sanciones económicas; o se plasma en los horrores de la guerra moderna, donde se sacrifican las vidas de millones de personas y otros muchos millones más sobreviven sólo para sufrir el acoso de sus recuerdos.

Y debido a que, al cobrarse más de 2 millones de vidas de adultos por año, el VIH/SIDA elimina la primera línea de protección de decenas de miles de niños que cada año quedan huérfanos. La epidemia de VIH/SIDA es una emergencia mundial de efectos devastadores que en todas las regiones del mundo se cobra las vidas de adultos y de niños y deja a los niños sobrevivientes obligados a valerse por sí mismos, privados de padres, madres, abuelos, abuelas, tías, tíos, hermanos, hermanas, maestros y agentes de salud.

Ningún continente está libre de esa enfermedad20. Solamente en 1998, fallecieron a causa del SIDA 2,2 millones de africanos. En 1999, casi un cuarto de millón de ucranianos se habían contagiado con el virus. En América Latina y el Caribe hay 1,7 millón de personas con reacción serológica positiva al VIH y de ellos, 37.600 son niños. Y en Asia, a fines de 1.999 había 6,1 millones de personas que vivían con el VIH, incluidos 205.200 niños.

 

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