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Dos niños macedonios juegan entre las hojas secas del patio de una institución para menores con discapacidades mentales que recibe apoyo del UNICEF en Skopje.

Atención de los niños = atención de la mujer

Hacer hincapié en la atención de los lactantes y los niños de corta edad significa atender también a las mujeres, cuyo estado físico y emocional influye sobre sus embarazos y sobre el desarrollo de sus hijos más pequeños (véase el Recuadro 3). Se ha determinado que la deficiente atención prenatal y la desnutrición de las madres redunda en un bajo peso al nacer, la aparición de problemas de la audición, de dificultades en el aprendizaje y de casos de espina bífida y deterioro cerebral en los niños11. Cuando los hijos de madres con peso insuficiente llegan a la edad adulta, tienen mayores probabilidades de padecer algunas enfermedades y trastornos, entre ellos diabetes, enfermedades cardiovasculares y obesidad12.

En 1990, la Cumbre Mundial en Favor de la Infancia reconoció la importancia para los niños de la salud de sus madres, cuando exhortó a reducir a la mitad la tasa de la mortalidad derivada de la maternidad hacia el año 2000. En 1993, en Viena, la Conferencia Mundial de Derechos Humanos reafirmó que los derechos de la mujer son derechos humanos; y en 1994, la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo celebrada en El Cairo afirmó que la salud de la mujer, incluida su salud reproductiva, es imprescindible para el desarrollo sostenible. Y en la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer celebrada en Beijing en 1995, y durante la reunión para el seguimiento de la misma al cabo de cinco años en Nueva York, se determinó que mejorar la salud de la mujer es una de las acciones prioritarias para asegurar la igualdad de género, el desarrollo y la paz en el siglo XXI.

No obstante, las actuales tasas de mortalidad derivada de la maternidad siguen siendo altas. En el mundo en desarrollo, una mujer tiene, como promedio, 40 veces más probabilidades que una mujer del mundo industrializado de perder la vida a raíz de complicaciones del embarazo y el parto13. Un estudio sobre Bangladesh indicó que cuando una mujer pierde la vida al dar a luz, su hijo tiene probabilidades entre 3 y 10 veces mayores de morir en un plazo de dos años que un niño que viva con ambos progenitores14. Al mejorar la atención de las madres se protege a los niños. Dado que reconocen esta situación, el UNICEF, la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Fondo de Población de las Naciones Unidas (FNUAP) y el Banco Mundial, así como sus numerosos aliados, promueven iniciativas de maternidad sin riesgo en todo el mundo.

Naturalmente, muchas culturas comprenden esta conexión. Bangladesh, por ejemplo, estableció el Día de la Maternidad sin Riesgo, que se observa todos los años, una demostración de que el país reconoce que la atención de las embarazadas proporciona una saludable entrada en la vida a sus hijos. Con un decidido apoyo de los medios de difusión, el Gobierno, los agentes de salud y varios organismos se movilizaron para abordar las cuestiones sociales que son el trasfondo de la muerte de muchas madres. Las acciones de Bangladesh por lograr embarazos seguros y saludables fortalece, en última instancia, la atención de los lactantes.

Educar a las familias acerca de la importancia de la dieta correcta y de la atención de la salud de las embarazadas también forma parte de los programas de desarrollo del niño en la primera infancia, así como educar a los hombres acerca de la importancia de su participación en la atención de sus esposas embarazadas y el cuidado de sus hijos (véase el Recuadro 4). Cuando los padres, al igual que las madres, están convencidos de que es necesario contar con apoyo para lograr que los embarazos y el desarrollo del niño sean saludables, pueden eliminarse las prácticas perjudiciales para la salud.

Los beneficios para la mujer son beneficios para el niño. Si el mundo no respeta los derechos de la mujer, no podrá asumir sus responsabilidades para con todos los niños. Hay dos cuestiones en que los derechos de la mujer afectan directamente a los niños: salud y educación. Las muertes de lactantes se vinculan de manera significativa con las deficiencias en la nutrición y la salud de sus madres antes del embarazo, durante éste y muy pronto después del puerperio. La mejor atención prenatal dispensada a las madres salva vidas tanto de mujeres como de niños. En África, Asia y gran parte de América Latina, la mayor escolarización femenina durante la última parte del siglo XX contribuyó a la reducción de las tasas de natalidad y de mortalidad15.

Al hacer mayor hincapié en el desarrollo del niño en la primera infancia, inclusive el estímulo cognoscitivo y la interacción social, el acceso de las mujeres a la educación cobra una importancia incluso mayor que antes. En un estudio sobre mujeres guatemaltecas se comprobó que cuanto mayor era el período de escolarización de la madre, tanto más ésta hablaba con su niño de corta edad y también tanto más probable era que asumiera el papel de maestra de su hijo16.

Pero los derechos de la mujer son derechos humanos y el desarrollo del niño en la primera infancia beneficia a todas las mujeres y no sólo a las madres. Si bien los prejuicios y desigualdades de género están profundamente arraigados en las tradiciones culturales, el desarrollo del niño en la primera infancia ofrece un punto de partida para corregir las desigualdades de género y mejorar las vidas de las mujeres. Por ejemplo, cada vez hay más pruebas de que servicios como la existencia de escuelas para nuevos padres y madres cambian las relaciones en las familias y sus percepciones de lo que las niñas pueden hacer17, con lo cual contrarrestan en sus etapas iniciales los aspectos medulares del prejuicio de género.

 

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