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Desarrollo en la primera infanciaLos programas basados en la indivisibilidad y la unidad de los derechos del niño son los que mayores posibilidades tienen de propiciar la salud y el bienestar de los niños, de sus familias y de sus comunidades (véase en la página 17 la definición de desarrollo del niño en la primera infancia). Un niño no crece y se desarrolla en el vacío, sino en una comunidad, una cultura y un país. Los más eficaces programas de desarrollo del niño en la primera infancia (véase la página 17) son integrados y multidimensionales, y fomentan la buena salud y la nutrición del niño y su capacidad cognoscitiva, social y emocional. Los mejores entre esos programas reflejan los valores culturales y están fuertemente enraizados en las familias y las comunidades, aunando lo que se conoce acerca de los mejores ámbitos para un óptimo desarrollo en la infancia con la comprensión de las prácticas tradicionales de crianza del niño. Los programas de desarrollo del niño en la primera infancia contribuyen a establecer redes comunitarias que pueden ampliar la gama de servicios cuando sea necesario y también responder a las emergencias cuando éstas ocurren. En Indonesia, por ejemplo, el proyecto Bina Keuarga and Balita (BKB) comenzó en 1982 con carácter de programa demográfico, sanitario y alimentario, para vigilar la altura y el peso de los niños y proporcionar alimentos nutritivos en centros locales. Varias mujeres de la comunidad, denominadas kaders, recibieron capacitación en diversos aspectos del desarrollo del niño y se organizaron seminarios prácticos para padres, madres y otros miembros de la familia en los centros de nutrición. Cuando la crisis económica afectó al país en 1997, esos sistemas ya estaban establecidos. El Banco Mundial otorgó a Indonesia un préstamo de 21,5 millones de dólares para el proyecto de desarrollo en la primera infancia, que incluye un componente de alimentos de emergencia para niños de 6 a 24 meses de edad en las comunidades más pobres de Indonesia, las inpres desa tertinggal, o aldeas postergadas. A fin de proteger a los lactantes de esas aldeas contra un retraso permanente en el crecimiento físico e intelectual debido a la desnutrición, durante un período de dos años se proporcionó a más de un cuarto de millón de lactantes suplementos energéticos, proteínicos y nutricionales. Aunque aplicado de manera parcial, el proyecto de emergencia debe basarse en los dispensarios de aldea preexistentes, atendidos por voluntarios, y en el proyecto de BKB8. |
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| ECD Los programas eficaces |
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2. Se basan en la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer y reconocen que asegurar la vigencia de los derechos de la mujer es fundamental para la puesta en práctica de los derechos del niño. 3. Aprovechan los aspectos más fuertes de las comunidades, la familias y las estructuras sociales, las prácticas positivas de crianza del niño y el firme deseo de padres y madres de proporcionar lo mejor para sus hijos. 4. Cuentan con un marco amplio, inclusive programas polifacéticos de salud, nutrición y desarrollo psicosocial y cognoscitivo del niño. 5. Se formulan con las familias y para ellas, adoptando modalidades que respeten los derechos de la mujer y de los hermanos y hermanas a la escolarización y el disfrute de su propia infancia. 6. Se formulan con las comunidades y para ellas, respetando los valores culturales, fomentando la capacidad local, propiciando la asunción de los programas como propios por los locales y la rendición de cuentas, alentando la unidad y la fortaleza y realzando la probabilidad de que las decisiones se lleven a la práctica y los programas sean sostenidos. 7. Proporcionan acceso en condiciones de igualdad a todos los niños, inclusive las niñas y los niños que corren riesgo de retraso en el desarrollo y discapacidad. 8. Son flexibles y reflejan la diversidad, pues difieren los unos de los otros con respecto a las necesidades y los recursos locales y regionales. 9. Satisfacen las más altas normas de calidad. 10. Son eficaces en función de los costos y sostenibles.
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Las inmunizaciones y la vigilancia del crecimiento forman parte de las actividades de la Pastoral da Criança, y permiten prevenir retrasos en el desarrollo y la posibilidad de que los niños sufran discapacidades. Cuando se enseña a los padres y las madres acerca de las etapas fundamentales que es posible prever en la vida de un niño pequeño, son ellos quienes pasan a constituir las primeras líneas de defensa de los niños en situación de riesgo. Cuando se detecta precozmente una discapacidad, los niños de corta edad, especialmente desde el nacimiento hasta los tres años de edad, participan en programas de acción precoz de base comunitaria para contribuir a que plasmen su potencial. Las madres y los padres aprenden a jugar y relacionarse con sus hijos en el hogar y a ayudarlos a mantener los adelantos que logren.
Algunas actividades abarcan no sólo servicios para el niño discapacitado sino también educación comunitaria y promoción, como en el caso de la asociación Tadamoun Wa Tanmia (Solidaridad y Desarrollo) en Saida (Líbano), un programa que comenzó en 1986 con clubes y campamentos estivales para niños. Un grupo de expertos en educación especial inauguraron en 1992 una escuela oficial, Hadicat-as-Salam, para contribuir a integrar en la comunidad a los niños que padecen discapacidades físicas y mentales. Dado que reconoce la necesidad de llevar a cabo una pronta intervención, uno de sus programas se ocupa de niños entre tres y ocho años de edad; mediante juegos, deportes de adaptación y excursiones en la comunidad, los niños de corta edad se van haciendo cada vez más independientes. Además, el programa proporciona numerosas oportunidades a los niños con y sin discapacidades de jugar y aprender juntos y ayuda a disipar los mitos y estereotipos y a eliminar las actitudes negativas y los prejuicios respecto de los niños que tienen necesidades especiales10.
Los programas de desarrollo del niño en la primera infancia, como vehículos de transmisión de valores, pueden promover la igualdad y la tolerancia. En una casa cuna en Sudáfrica, se están sembrando las semillas de la armonía racial en una zona donde anteriormente el apartheid había alimentado el odio. En un barrio pobre de Johanesburgo, en un rincón de un parque que antes era para blancos solamente, el proyecto Impilo ofrece una atención integral innovadora para niños de corta edad de todas las razas. Cuando los programas de desarrollo del niño en la primera infancia colaboran con padres, madres y comunidades para promover la resolución de problemas por medio del diálogo en lugar del conflicto y la aceptación en lugar de la intolerancia, se siembra la posibilidad de que los niños vivan de una manera que sirva para promover la paz en sus familias y los países.
Cuando los programas de desarrollo del niño en la primera infancia se formulan con la participación de la comunidad desde la etapa inicial de planificación, entre sus beneficios figuran el fortalecimiento y la dinamización de las comunidades. En Nigeria, por ejemplo, el sistema de información sobre nutrición para la acción, de base comunitaria (COLNISA), utilizó análisis comunitarios para crear comunidades acogedoras para el lactante, donde se estrecharan los vínculos entre los servicios de salud y los hospitales. Actualmente, 32 comunidades están velando por el desarrollo saludable de sus niños y promoviendo el amamantamiento exclusivo, la alimentación complementaria adecuada y oportuna y una mejor salubridad en el hogar.
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Una organización no gubernamental local del Camerún, Association pour lauto-promotion des populations de lEst Cameroun, ha creado centros de educación preescolar paralela en las zonas más remotas de los bosques ecuatoriales del Camerún para llegar hasta los pigmeos de la tribu Baka, personas tradicionalmente nómadas, a fin de preparar a sus hijos para la escuela. En más de 60 centros apoyados por el UNICEF, se han adaptado los métodos didácticos a la cultura y el lenguaje de los pigmeos, en beneficio de niños de 0 a 12 años de edad.
Servicios convergentes. Es posible aprovechar los sectores existentes para establecer programas de desarrollo del niño en la primera infancia que refuercen las actividades realizadas por los organismos internacionales, los gobiernos nacionales y las comunidades locales. Por ejemplo, mientras los programas de nutrición pueden centrarse en una buena atención prenatal y en enseñar la importancia del amamantamiento exclusivo durante los primeros seis meses y su continuación hasta los dos años y edades posteriores, también pueden educar a las madres acerca de la importancia de la estimulación social, emocional y cognoscitiva. En Omán, una red de trabajadoras de la comunidad a quienes se había confiado originariamente la promoción del amamantamiento, ha recibido capacitación para asesorar a las madres en una gama más amplia de cuestiones relativas a la primera infancia. En algunos países, el sistema de salud de la comunidad es el punto de entrada para los programas de desarrollo del niño. En otros países, los programas de abastecimiento de agua y saneamiento incorporan mecanismos con el fin de asegurar espacios protegidos para el juego y la exploración.
Uno de los aspectos más importantes de los programas de desarrollo del niño en la primera infancia es que pueden basarse eficazmente en acciones ya existentes. No se trata de volver a inventar la rueda, sino de dar a los padres, las madres y las comunidades el apoyo que necesitan y maximizar los recursos existentes. Cuando ya se dispone de programas de salud, nutrición, abastecimiento de agua, saneamiento, higiene, educación y protección al niño, es posible integrar o combinar servicios para atender al niño en su totalidad. Un ejemplo de la convergencia de los servicios a la primera infancia por conducto del sector de salud es la organización Pastoral da Criança. En Colombia, el proyecto de mejora de la educación (PROMESA) optó por el sector de educación para integrar los servicios. En los programas educacionales, grupos de madres aprenden cómo estimular el desarrollo físico e intelectual de sus hijos, desde el nacimiento hasta los seis años.

Pero para que los programas de desarrollo del niño en la primera infancia puedan resultar eficaces, es menester que antes se comprendan cabalmente los derechos del niño y se cuente con el compromiso de invertir los recursos necesarios y hacer lo necesario para asegurar que se hagan efectivos esos derechos.
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