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UNICEF/97-0629/Lemoyne

Una niña en Georgia se tapa los oídos para evitar escuchar los gritos de su hermano, a quien están a punto de vacunar.

Opciones

Por consiguiente, para los líderes que se están esforzando en conseguir lo mejor para los niños y para su país, las opciones de que disponen parecerían obvias:

Velar por que cada niño, sin excepción, quede registrado al nacer, comience su vida protegido contra la violencia y con una nutrición suficiente, con agua pura, un saneamiento correcto, atención primaria de la salud y estímulos cognoscitivos y psicosociales, O incumplir sus obligaciones morales y jurídicas estipuladas en la Convención sobre los Derechos el Niño.

Apoyar a las familias y a las comunidades que atienden a sus niños de corta edad O abandonar la esperanza de que la próxima generación sea lo suficientemente saludable y lo suficientemente apta como para guiar a sus países a fin de que salgan de la pobreza y eliminen las disparidades en el ingreso y la educación y fomenten la igualdad de oportunidades.

Proporcionar los recursos necesarios durante los primeros años para que cada niño tenga el mejor comienzo en la vida O perpetuar la desigualdad que divide a la gente, amenaza su bienestar y llega a destruir las sociedades y los países.

Gastar ahora lo necesario para que las familias tengan acceso a los servicios básicos de buena calidad necesarios para sus niños de corta edad O gastar más para corregir los problemas posteriormente.

Si bien esas alternativas son muy claras, no siempre se perciben fácilmente. Los ciclos de la pobreza, la enfermedad, la violencia y la discriminación que se perpetúan de generación en generación están tan arraigados en la vida de las personas y la organización de las sociedades, que parecerían estar grabados permanentemente en piedra, y los ciclos de esperanza y cambio parecerían estar enterrados bajo muchas capas pétreas, lejos de la vista y de toda posibilidad.

Pero aun cuando los gobiernos reconocen el valor de armonizar mejor las inversiones con las oportunidades7, hay un problema práctico que es menester resolver. Los servicios de atención en la primera infancia no se clasifican claramente en un sector determinado, puesto que las necesidades y los derechos indivisibles del niño de corta edad abarcan las esferas de la salud, la nutrición, el medio ambiente seguro y el desarrollo psicosocial y cognoscitivo. No siempre hay en funcionamiento sistemas que dispongan de un enfoque intersectorial integrado. En consecuencia, la responsabilidad gubernamental de atender a los niños y apoyar a sus familias a menudo se diluye en las fronteras que separan los ministerios y los departamentos. La prestación de servicios a niños menores de tres años, que se percibe como de incumbencia de muchos, termina siendo responsabilidad de nadie.

Ésa es una razón de peso para que los gobiernos en todos los planos adopten decisiones y medidas para que se respeten los derechos del niño y se satisfagan las necesidades del país. Y otros deben hacer lo propio: las organizaciones de la sociedad civil, el sector empresarial, las organizaciones confesionales, las organizaciones no gubernamentales (ONG), los niños y los adolescentes. En todos los sectores de la sociedad, los líderes deben:

• Asignar prioridad a los derechos y el bienestar de los niños;

• Crear, encontrar y reasignar los recursos necesarios para la financiación adecuada de la atención en la primera infancia como la medida inicial esencial que garantice los derechos de la infancia, y;

• Asignar la responsabilidad y la obligación de rendir cuentas para asegurar que cada niño tenga el mejor comienzo posible en la vida, una educación de buena calidad y la oportunidad de desarrollarse plenamente y participar significativamente en su comunidad.

Recuadro 1. El desarrollo temprano del cerebro: un torrente de creatividad

Mientras los líderes de la sociedad no den cumplimiento a esas responsabilidades, los niños y adolescentes, así como sus padres, madres y familias, tendrán que confrontar los efectos de las deficientes políticas públicas en sus vidas privadas, antes de transmitirlos a la generación siguiente. Y mientras un país permita que sus políticas públicas y sus decisiones presupuestarias conculquen los derechos de niños y mujeres, habrá muy poca esperanza de cambiar las realidades y el futuro de los niños o de lograr un desarrollo sostenido; y tampoco se plasmará plenamente el potencial de la humanidad.

 

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