Estado Mundial de la Infancia 2000

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Recuadro 5 - Semillas de paz: Jóvenes en Colombia

El comienzo de un movimiento

A partir de 1992, el número de homicidios por motivos políticos en Colombia ha aumentado en más de una tercera parte, desde unas 4.400 personas en 1992 hasta más de 6.000 asesinadas en 1997. Lo más chocante es que el asesinato de niños también ha aumentado manifiestamente: en 1996, fueron asesinados 4.322 niños, cantidad que representa un aumento del 40% en sólo dos años.

La guerra en Colombia comenzó hace 50 años con La Violencia, una brutal lucha entre los dos partidos políticos principales que duró 16 años y en la que perdieron la vida 300.000 personas. En la actualidad, la mitad del país está bajo el control de dos ejércitos guerrilleros, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), que suman entre ambos unos 20.000 combatientes. Se cree que hay también unos 8.000 individuos organizados en efectivos paramilitares, agrupados en las Autodefensas Campesinas Unidas (ACU).    
Copyright© 1999 UNICEF/99-0274/Horner
Dos jóvenes adolescentes del Movimiento de los Niños por la Paz en Colombia se suman a los soldados armados, en un apretón de manos colectivo.

Solamente en el último decenio, la guerra en Colombia obligó a más de 1 millón de personas —casi 1 de cada 37 colombianos— a abandonar sus hogares. La mayoría de los desplazados proceden de comunidades rurales pobres y una cantidad desproporcionada de ellos son indígenas o colombianos de estirpe africana. Más del 70% de los desplazados son mujeres y niños que huyen a las ciudades y están sumidos en una abyecta pobreza. Los niños son las víctimas principales de la guerra y figuran entre los principales perpetradores de actos de violencia, dado que más de 2.000 de ellos, menores de 15 años, han sido reclutados por grupos guerrilleros y paramilitares.

Frente a este marco sombrío, los jóvenes colombianos decidieron hacer lo que pocos se animan a emprender: trabajar en pro de la paz.

En 1996, Graça Machel, experta designada por el Secretario General de las Naciones Unidas, realizó un estudio a escala mundial sobre las repercusiones de los conflictos armados sobre los niños. Su investigación la llevó a Colombia, donde visitó Apartado, un poblado en el centro de la región de Uraba, asolada por la guerra, donde los guerrilleros habían estado combatiendo durante más de 30 años. Farliz Calle, una joven de 17 años de edad, hija de un obrero que trabaja en una plantación de plátanos, era Presidenta del Consejo Estudiantil en la escuela secundaria local y recuerda la visita. Farliz, gesticulando animadamente para dar más fuerza a sus palabras, dice: "Por primera vez, las autoridades pidieron a los niños que pensaran de manera constructiva acerca de lo que estaba ocurriéndonos, acerca de la violencia y lo que queríamos hacer al respecto".

Los niños de Uraba tenían mucho que decir: 5.000 de ellos, procedentes de más de una docena de poblados de la zona, escribieron historias, poemas y cartas, prepararon cuadros y tallaron esculturas a fin de crear una exposición de gran magnitud para la Sra. Machel. El Consejo Estudiantil también redactó la "Declaración de los Niños de Apartado", que Farliz presentó a la Sra. Machel. En la declaración se afirmaba: "Pedimos a las facciones en pugna que proporcionen paz a nuestros hogares, que no transformen a los niños en huérfanos, que nos permitan jugar libremente en las calles y que no dañen a nuestros hermanitos y hermanitas..." Farliz y otros niños exigieron que se respetara su derecho a desempeñar un papel más activo en la resolución de los problemas de la comunidad "de modo que nuestros niños no sufran como hemos sufrido nosotros".

La historia podría haber terminado así, pero los estudiantes insistieron en sus reivindicaciones. Basándose en la Constitución colombiana, reformada en 1991 con la introducción de garantías para que los ciudadanos participen en la democracia, los estudiantes reivindicaron su derecho a formar un "gobierno local de niños". Con la anuencia de su municipalidad, que atravesaba por muchas dificultades, Farliz fue elegido la primera "niña alcaldesa" de Apartado. Esta experiencia la transformó para siempre.

"Para disfrutar de la paz es preciso resolver el problema de la pobreza, y si bien los niños no podemos lograrlo", dice Farliz, rebosante de energía y entusiasmo, "hemos descubierto otras cosas". El grupo eligió para sí mismo el nombre de Movimiento de los Niños por la Paz en Apartado y comenzó a organizar "carnavales de paz" para los niños de comunidades pobres. El grupo pensó que encontrar maneras de que los niños se diviertan es, en sí mismo, un medio de lograr la paz.

Después de la visita de la Sra. Machel, el UNICEF invitó a los niños adolescentes de Apartado a participar en un seminario práctico donde los jóvenes de todo el país, inclusive Juan Elías, se congregaron para describir de qué manera les estaba afectando la violencia y hablar acerca de cómo trabajar en pro de la paz. "Me percaté de que en Apartado no estábamos solos", recuerda Farliz. De esta conferencia surgió el Movimiento de los Niños por la Paz.

La primera meta del Movimiento fue organizar a 500.000 niños para que votaran en un referéndum especial: el Mandato de los Niños para la Paz y los Derechos. El UNICEF proporcionó recursos y apoyo técnico a REDEPAZ (Red Nacional de Iniciativas de Paz), para contribuir a organizar la votación con la asistencia del Gobierno nacional. Participaron muchos otros grupos, entre ellos organizaciones confesionales y de defensa de la infancia, la Iglesia Católica, la Cruz Roja Colombiana, los Scouts de Colombia y la Asociación Cristiana de Jóvenes. El propósito era habilitar a los jóvenes de Colombia para que cumplieran funciones de pacificadores y alentar al país a que escuchara las ideas de dichos jóvenes.

Lo sucedido a continuación dejó pasmado al país: seis meses después de idear el plan, se presentaron a los comicios casi 3 millones de niños adolescentes, aproximadamente un tercio del total de la población de entre 7 y 18 años de edad. En muchas municipalidades, la proporción de votantes fue superior al 90%. De las docenas de derechos por los cuales podrían votar, dos tercios de los jóvenes votantes escogieron los derechos de "protección": derechos a la supervivencia, la paz, la familia y la protección contra los malos tratos.

Varios meses después de la elección, Farliz y Juan Elías presidieron una reunión en la cumbre con representantes de todas las organizaciones que habían apoyado el mandato. A lo largo de tres días, jóvenes colombianos de entre 7 y 16 años de edad presentaron sus ideas acerca de lo que era preciso hacer en pro de la paz y la manera en que los jóvenes podían participar en un proceso mundial de fomento de la paz.

El 7 de diciembre de 1996, Juan Elías Uribe —pocos meses después del asesinato de su padre— presentó al Presidente Colombiano Ernesto Samper la Declaración de la Cumbre Infantil por la Paz y los Derechos. Juan Elías dijo: "Esperamos que usted, Sr. Presidente, y todos los adultos de este país, busquen medios prácticos y viables de eliminar la violencia y la guerra, de modo que los niños de Colombia ya no sean maltratados".

Los adolescentes
  • Más de 1.000 millones de personas, de los 6.000 millones de habitantes del mundo, tienen entre 10 y 19 años de edad.
  • El trabajo con los adolescentes proporciona una oportunidad singular de quebrar varios círculos viciosos entre generaciones, como la discriminación y la violencia por motivos de género y la pobreza.
  • Los adolescentes tienen una profunda influencia directa sobre la próxima generación debido a su papel como hermanos mayores, cabeza de familia, progenitores y miembros de la sociedad civil.
  • Los adolescentes están repletos de ideas innovadoras, saben cuál es la mejor manera de llegar a ellos con acciones pertinentes y representan uno de los recursos menos aprovechados de cualquier sociedad.
  • Es fundamental asegurar que los adolescentes participen en sus comunidades y en la sociedad civil para proteger su derecho al desarrollo y velar por que sus derechos sean protegidos y tengan vigencia.
  • Al proporcionar a los adolescentes aptitudes, información, apoyo y servicios se incrementa su capacidad para evitar o superar muchos de los problemas con que probablemente han de tropezar, entre ellos la violencia, los accidentes, las toxicomanías y las relaciones sexuales no deseadas o peligrosas.
  • Los adolescentes no constituyen un grupo homogéneo; viven en circunstancias diferentes y tienen necesidades diversas. Al reconocer sus diferencias y responder a ellas se contribuirá a velar por la vigencia de los derechos de todos los adolescentes, incluidos los que se encuentran en situación desventajosa.

 

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