Estado Mundial de la Infancia 2000

Página principal | Actividades del UNICEF | Series | Información y publicaciónes | Donaciones, tarjetas de felicitación y regalos | Para los medios de comunicación | La Juventud Opina | Sobre el UNICEF
Recuadro 3 - Riesgos que corren los niños en las sociedades al borde del desastre

Inestabilidad al finalizar el siglo

La infancia es especialmente perecedera en la guerra. En los últimos 10 años, en gran parte del mundo en desarrollo los niños han soportado pérdidas enormemente desproporcionadas en relación con su edad y su fortaleza, pues han perdido miembros de su familia y de la comunidad, han perdido tiempo para crecer y aprender, han perdido el sentido de la esperanza.

En 1994, en uno de los más horrendos cataclismos humanos, se estima que en Rwanda fueron asesinados 250.000 niños, en el genocidio que se cobró 1 millón de vidas en el curso de pocas semanas, según algunas informaciones. Muchos otros miles de niños fueron torturados, algunos por sus maestros, algunos en sus iglesias, otros mientras yacían en lechos de hospital. Centenares de miles más presenciaron, presos de la agonía y el temor, cómo sus padres, madres, familiares y amigos eran capturados al acecho y asesinados por personas que habían conocido durante años y en las cuales habían confiado.    
Copyright© 1999 UNICEF/99-0717/Lemoyne
Un adolescente de origen albanés en Pristina, que perdió las dos piernas en un accidente con una mina terrestre después del fin de los bombardeos en Yugoslavia, llora mientras lee una carta de su hermano.

Las minas terrestres, en cantidades demasiado enormes como para poder llevar la cuenta, destruyen vidas y arrasan con brazos y piernas. Las niñas y las mujeres son objeto de violación como arma de guerra; en Sierra Leona, las amputaciones de brazos y piernas son una horrenda alternativa común respecto del asesinato. En los últimos años, los niños han sido obligados bajo coacción, o atraídos mediante señuelos para que participen en conflictos armados en más de 30 países.

En el mismo período, en otros 11 países, el embotado instrumento de las sanciones económicas, sin hacer explotar bombas ni causar muertes, se ha cobrado víctimas que es fácil pasar por alto. En el Iraq, en virtud de las sanciones impuestas a partir de 1990, en las zonas meridional y central del país, donde vive más del 85% de su población, desde 1989 se ha duplicado con creces la tasa de mortalidad de menores de 1 año. Asimismo, las tasas de mortalidad de menores de 5 años son el doble de lo que eran antes de la imposición de las sanciones.

Incluso en ausencia de una guerra, las vidas y el futuro de los niños en varios países corren peligro debido a las crisis políticas y económicas. En los países de Europa central y oriental y de la ex Unión Soviética, durante la abrupta declinación ocurrida en la región a comienzos del decenio de 1990, hubo unos 150 millones de niños afectados. Las tasas de mortalidad de niños aumentaron manifiestamente y reaparecieron enfermedades que habían sido eliminadas en el pasado, como la difteria, la poliomielitis, el cólera y la tuberculosis.

En la región del Asia oriental y el Pacífico, los inversionistas internacionales y los mercados financieros han comenzado a percibir indicios de recuperación tras el colapso económico de fines del decenio de 1990, pero sus efectos sobre los niños tendrán consecuencias a más largo plazo.

Estos hechos en las vidas de los niños pueden ser tan abrumadores que paralizan a cualquiera que trate de mejorar la situación de dichos niños. El hecho de que en esas circunstancias puedan encontrarse maneras de proteger los derechos de los niños y las mujeres —dos de los cuales son el derecho a la educación y al asesoramiento— es un testimonio de la perdurabilidad del espíritu humano.

Juegos para sanar los traumas

Los niños que viven en situaciones de caos pueden sufrir daños psicológicos y una detención de su desarrollo, por lo cual los programas que respondan a sus necesidades psicológicas resultan tan necesarios como los que tienen el propósito de subsanar sus heridas físicas.

Uno de aquellos programas es el de "Recuperación de la felicidad", formulado por primera vez para Mozambique durante la guerra civil de 1992, que capta la participación de niños traumatizados mediante la música, las actividades artísticas y el juego. El programa, adaptable a varias situaciones, se ha utilizado en el Ecuador con los hijos de soldados, en Colombia después del terremoto de 1998 y en Nicaragua después del huracán Mitch.

Las inundaciones y deslizamientos de tierras que se produjeron como consecuencia del huracán destruyeron caminos, campos cultivados, infraestructuras de abastecimiento de agua y saneamiento, e instituciones sanitarias y educacionales y dejaron a las familias de Centroamérica en la miseria y sin vivienda. Pero las ruinas fueron resultado de generaciones de pobreza crónica, disturbios civiles y exclusión social en la región, en la misma medida en que fueron consecuencia de ese huracán en particular.

En Nicaragua, donde las tres cuartas partes de la población ya estaba viviendo en la pobreza y el país aún estaba restableciéndose de la anterior guerra civil, los más afectados fueron los campesinos pobres. Cuando la tormenta finalmente cesó, habían quedado destruidos en parte o completamente 100 centros de salud, 512 escuelas y el 17% de todas las viviendas. Entre las personas más gravemente afectadas, un 45% eran niños menores de 14 años.

Según se estima, en las comunidades más afectadas, un 10% de los niños padecieron graves traumas emocionales. Muchos presenciaron cómo miembros de su familia eran arrastrados por las inundaciones o sepultados por deslizamientos de tierra; otros quedaron separados de sus familias o desprovistos de vivienda.

Atender a sus necesidades en materia de salud mental pasó a ser una prioridad para los trabajadores de socorro, quienes vieron a niños traumatizados por las pérdidas y agostándose en campamentos de refugiados, sin escuelas y sin nada que hacer. Al igual que los niños afectados por guerras, sufrían insomnio, pesadillas, dolores de cabeza, temores y comportamientos de dependencia. La violencia en las familias se intensificó en los campamentos, debido al estrés causado por la separación de los miembros de las familias y la escasez de alimentos.

Menos de tres semanas después del huracán, en un campamento de refugiados ubicado en la municipalidad de Polsotega, el Ministerio de Salud y el Ministerio de Educación, con el apoyo del UNICEF, iniciaron el programa de "Recuperación de la felicidad", que consta de actividades estructuradas, entre ellas carreras de bolsas, canciones, teatros de títeres, actividades artísticas y un ejercicio para el fomento de la confianza llamado "Yo, Lazarillo", en que los niños se guían recíprocamente con sus ojos cerrados. Las actividades tenían un propósito doble: entretener a los niños, preparándolos al mismo tiempo para el nuevo año escolar, y detectar a los que daban signos de estar encerrados en sí mismos y necesitados de mayor atención por parte de los psicólogos. En junio de 1999 se había atendido a más de 30.000 niños en aldeas y campamentos de las regiones afectadas.

 

Página anterior |  Contenido |  Continuar
	
Página principal | Actividades del UNICEF | Series | Información y publicaciónes | Donaciones, tarjetas de felicitación y regalos | Para los medios de comunicación | La Juventud Opina | Sobre el UNICEF