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Recuadro 3 - Riesgos que corren los niños en las sociedades al borde del desastre
En Fatsi, pequeña aldea de Tigray, provincia septentrional de Etiopía, Hadgu Michaele, de 12 años de edad, sigue ingeniándoselas para asistir a la escuela todos los días, una hazaña que demuestra su propia valentía y determinación, así como la de su comunidad. Fatsi dista 10 kilómetros de la frontera con Eritrea, y desde el comienzo de las hostilidades entre ambos países en 1998, la escuela primaria se ha mudado tres veces para eludir el bombardeo. Actualmente, los maestros y los alumnos trepan por un sendero empinado y escabroso hasta llegar a una cueva donde se imparten las clases, en lo hondo de los acantilados que circundan una meseta rocosa, a salvo de las armas de fuego. El sendero es a la vez una dura realidad para los niños de Fatsi y una metáfora de las arduas luchas que enfrentan centenares de millones de niños como ellos, en todo el mundo. En los últimos diez años, los conflictos armados, las crisis económicas y políticas, los desastres naturales y el SIDA y otras enfermedades han ido cobrando impulso y aumentando su incidencia y su complejidad, con lo cual plantean nuevas amenazas contra las vidas y los derechos de los niños.
Cuando las bases de una sociedad se colocan sobre los endebles cimientos de la pobreza y el subdesarrollo, se desmoronan rápidamente, incapaces de proteger a sus niños contra esos ataques tan prolongados. Las clínicas que ofrecen servicios de salud quedan destruidas por lluvias de balas, la educación queda desvirtuada debido a la crisis económica, las inundaciones arrasan las viviendas y las esperanzas. Y con sólo márgenes muy tenues entre la estabilidad y la desintegración social, casi invariablemente los primeros bienes que un país pierde, o sacrifica, cuando acaece una crisis son la salud y el bienestar de las mujeres y los niños. Actualmente, según se estima, hay en todo el mundo 540 millones de niños, o uno de cada cuatro, que viven con el perenne y siniestro zumbido de la violencia latente, que puede estallar en cualquier momento, o están desplazados dentro de sus países o se han transformado en refugiados a causa de conflictos que ya desencadenan una enorme violencia. Hay centenares de miles de niños sacudidos por inundaciones y sequías, en forma repetitiva. Muchos de esos mismos niños figuran entre los más de 600 millones que ya están acosados por una pobreza irremisible y despiadada. Las pérdidas que experimentan esos niños son difíciles de imaginar, y mucho menos de reflejar en las estadísticas. El índice de riesgo de los niños elaborado por el UNICEF en 1999 avanza algo hacia la cuantificación de los daños infligidos por complejas fuerzas, como los conflictos y el SIDA, a los más vulnerables y menos visibles, los niños. En 30 de los 163 países para los que se calculó el riesgo, el índice arrojó un siniestro aumento de 20 puntos sobre el promedio mundial y 24 de esos 30 países estaban ubicados en África al sur del Sahara. Los riesgos que enfrentan esos niños son entre 10 y 13 veces superiores a los que corren los niños en Australia, los Estados Unidos o Noruega. Los niños y niñas de Angola son quienes enfrentan riesgos mayores que todos los demás. Es preciso dedicar más tiempo y mayores recursos a elaborar y perfeccionar medidas como dicho índice, a fin de estimar los cambiantes y cada vez más complejos riesgos que corren los niños en el mundo. Sólo mediante un análisis de ese tipo es posible proteger mejor a los niños en las crisis actuales y prevenir las crisis futuras. |
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