
Comenzamos el siglo XXI...EducaciónLa educación no comienza cuando el niño traspone el umbral de la escuela primaria ni finaliza cuando suena la campana y terminan las clases. El aprendizaje comienza al nacer; ocurre en la familia, en los vecindarios, en las comunidades, durante el juego. Los maestros en la vida son los padres, madres, hermanos, hermanas, compañeros, compañeras, lugares de trabajo y medios de difusión. Una educación básica de buena calidad es un derecho humano; no obstante, en los países en desarrollo hay más de 130 millones de niños en edad escolar primaria que no asisten a la escuela. De ellos, casi dos tercios son niñas, muchas de ellas agobiadas por obligaciones domésticas y tareas del hogar; muchas otras, limitadas porque las familias, tradicionalmente, consideran que la escuela es demasiado cara cuando se trata de enviar a sus hijas; y otras porque viven tan lejos de la escuela que el traslado entraña riesgos para su salud y su bienestar.
Con demasiada frecuencia, las niñas y los niños varones deben abandonar su educación cuando se ven obligados a trabajar pese a su edad y a los riesgos del trabajo, cuando los conflictos armados y otras situaciones de emergencia perturban sus vidas, cuando están rodeados de pobreza o cuando los adultos los convierten en objeto de explotación sexual o los compran y venden como si fueran bienes muebles.
Pese a esos impedimentos, los niños aprovechan la oportunidad de aprender acerca del mundo que los rodea y de desarrollar su capacidad para tener éxito: pensamiento crítico, confianza en sí mismos, resolución de problemas y colaboración con los demás. A medida que los niños van creciendo y desarrollándose, esas aptitudes les serán útiles, no sólo para poder gobernar sus vidas cotidianas, sino también para transformar sus futuros. |
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