Una urgente exhortación al liderazgoPromesas que es preciso cumplir No resulta fácil narrar la historia de cómo se promovió la causa de los derechos humanos durante el último siglo. Un relato honesto suscitaría interrogantes sobre el incumplimiento de las promesas efectuadas a los niños y las mujeres, o las promesas de paz internacional y las obligaciones asumidas en pro de los derechos humanos universales. Algunas de las más espectaculares y atrayentes historias de nuestro tiempo se refieren a los notables adelantos logrados en materia de desarrollo social cuando los ideales de dignidad humana, justicia e igualdad se plasmaron en la realidad merced a las acciones de gobiernos, organizaciones e individuos. En los últimos 50 años, millones de personas que podrían haber perdido la vida a raíz de enfermedades contagiosas y trastornos susceptibles de prevención fueron salvadas debido a medidas de salud pública como la inmunización, el mayor acceso al agua no contaminada y a las instalaciones de saneamiento, y las campañas de información pública. Actualmente, hay centenares de miles de mujeres que están vivas debido a embarazos saludables y bien espaciados. Hay muchas más mujeres liberadas del analfabetismo que nunca antes en la historia, debido en gran medida a los compromisos políticos en pro de la educación de las niñas, tras los cuales se realizaron campañas mundiales y se introdujeron reformas locales. Hay millones de niños nacidos de madres saludables, que están bien alimentados e inmunizados contra las enfermedades infantiles y que han sobrevivido, mientras que otros niños, nacidos antes de la revolución del decenio de 1980 en materia de supervivencia y desarrollo del niño y antes de sus programas que rescataron vidas, no pudieron sobrevivir. Miles de niños y adolescentes, de sexo masculino y femenino, asisten ahora a la escuela en lugar de quedar atrapados en trabajos arriesgados y que los explotan o de estar viviendo en las calles y en plataformas de trenes o de ser objeto de trata para la prostitución. Pero en el siglo XX también hay sombríos relatos acerca de la acción y la inacción y hubo épocas en que ni siquiera podía percibirse el más leve asomo de los ideales de derechos humanos. Evidentemente, no todos han disfrutado de los frutos del progreso; y esos frutos han sido denegados especialmente a niños y mujeres. En los últimos 20 años, la economía mundial ha crecido a un ritmo exponencial y, al mismo tiempo, el número de personas que viven en la pobreza ha aumentado hasta 1.200 millones, es decir, una de cada cinco personas, incluidos 600 millones de niños1. En los últimos 15 años, la resistencia a percibir la realidad y un irrazonable silencio han posibilitado que la pandemia del VIH/SIDA se cobre millones de vidas y diezme a sociedades enteras, especialmente las de África al sur del Sahara. Y en los últimos 10 años, la violación de mujeres y niñas y la matanza sistemática de civiles, incluidos los niños, han pasado a ser armas convencionales de la guerra en todas las regiones del mundo donde causan estragos los conflictos. ¿Cómo es posible que una era abarque realidades tan disímiles y conflictivas entre sí? ¿Por qué el progreso ha sido posible en algunos países y no en otros? Y ¿qué distingue a los países donde los derechos de las mujeres y los niños están protegidos y son promovidos, de otros países donde los niños y las mujeres se consumen en la pobreza debido a que el compromiso en pro de sus derechos fue una promesa vacua? Las respuestas a esas preguntas giran en torno al liderazgo. Cuando el liderazgo en pro de los niños y las mujeres es justo, sus derechos pueden ser protegidos. Cuando se renuncia al liderazgo, ocurren abusos y conculcaciones de los derechos humanos.
Incluso cuando los países están en guerra, se ha dado cumplimiento al compromiso de inmunizar a los niños. En la República Democrática del Congo, por ejemplo, durante los Días Nacionales de Inmunización establecidos a partir de 1998 se llegó al 96% de los niños en más de dos terceras partes del territorio del país.
De manera similar, los jóvenes de todo el continente de África y del Asia sudoriental, al igual que los asesores de adolescentes en Lusaka, capital de Zambia, han adoptado la iniciativa de ofrecer sus servicios con carácter voluntario a grupos de apoyo que proporcionan asesoramiento en condiciones confidenciales acerca del VIH/SIDA en servicios de salud acogedores para los jóvenes. En muchas partes del mundo, la gente se está negando a aceptar que la violencia contra la mujer sea inevitable, está estableciendo albergues y líneas telefónicas de emergencia en beneficio de la mujer y está creando conciencia sobre este problema. En Bangladesh, mujeres jóvenes han organizado un movimiento que se expresa con claridad contra el horroroso padecimiento que sufren cada año centenares de niñas y mujeres del país laceradas a raíz de brutales ataques con ácido perpetrados por pretendientes desdeñados y parientes hostiles. |
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