Panorama: Viet Nam

En Viet Nam, un nuevo comienzo para una nueva generación de víctimas del Agente Naranja

Mayo de 2013: La corresponsal de UNICEF Sarah Crowe informa sobre un centro en Viet Nam que apoya a las víctimas del Agente Naranja. (Video en inglés)  Véalo en RealPlayer

 

Por Sarah Crowe

DA NANG, Viet Nam, 30 de mayo de 2013 – El final de un viaje de dos horas diarias se ha convertido en el principio de una nueva vida para los niños de la Asociación de Da Nang para las Víctimas del Agente Naranja: hacer cosas que nunca habían hecho antes.

Hace un año, la mayoría de estos niños estaban olvidados o descuidados, y se pensaba que eran una carga para sus familias. Considerados antes por lo que no podían hacer, ahora poco a poco se van dando a conocer por lo que pueden hacer.

En la zona de Da Nang se utilizó intensamente el Agente Naranja, un compuesto de dioxina utilizado durante la guerra de Viet Nam para defoliar la densa cubierta de la selva. Hoy se estima que hay 1.400 niños en Da Nang con discapacidades relacionadas con la contaminación por dioxina. De los alrededor de 200 niños que reciben apoyo en las guarderías patrocinadas por UNICEF, alrededor del 60% se cree que son víctimas del Agente Naranja.

Algunos de los niños que acuden al centro están aprendiendo cómo vestirse y comer y lavarse por su cuenta –algunos por primera vez. Y están aprendiendo a escribir o dibujar, descubriendo nuevas herramientas y nuevas capacidades, y haciendo nuevos amigos. Los trabajadores sociales están empezando a ver los cambios.

Trabajo duro

“La primera vez que empecé a trabajar con los niños, cuando me quedé dormida me golpearon en la cabeza. Lloré mucho. Estaba muy asustada y pensé que debía dejar de trabajar aquí: No podía seguir trabajando”, dijo Nguyen Thi Cam, una trabajadora social y profesora en el centro.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Video
Los niños con discapacidad estudian en la Asociación de Da Nang para las Víctimas del Agente Naranja en Viet Nam. El programa piloto apoyado por UNICEF está logrando cambios en las vidas de los niños y sus familias.

“Pero luego pensé: No, soy una trabajadora social; debo esforzarme al máximo posible para ayudar a los niños”, dice. “Y ahora parecen muy seguros de sí mismos, ya que pueden hacer cosas como escribir, dibujar, pintar, cantar una canción, bailar. Pueden confeccionar productos como incienso, flores y camisetas”.

La mayoría de los niños que asisten a la guardería tienen discapacidades graves y no pueden asistir a las escuelas oficiales. Los centros ofrecen atención básica, educación, formación profesional y servicios de rehabilitación.

El Gobierno de Viet Nam estima que hay alrededor de 1,3 millones de niños con discapacidad. Al igual que los niños con discapacidad de otros muchos países, a menudo son víctimas de la estigmatización y la discriminación, y tienen un acceso limitado a la atención sanitaria, la educación y otros servicios públicos.

La herencia de la guerra

Son víctimas de una guerra que pasó hace tiempo –antes de que nacieran– cuando sus abuelos y sus padres y madres estuvieron expuestos al Agente Naranja. La abuela de Nhi tiene tres nietos nacidos con defectos congénitos. En la década de 1970, ella y su familia huyeron de su casa debido al uso intensivo de la dioxina, que destruyó la vegetación.

Se han llevado a cabo pocos estudios científicos sobre el impacto real de la contaminación por dioxinas, y las únicas estadísticas disponibles se basan en la exposición al agente.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Video
Los niños aprenden costura en la escuela apoyada por UNICEF, que educa a los niños que viven con discapacidades y les proporciona un espacio seguro donde jugar y aprender nuevas habilidades.

Para la abuela de Nhi, el centro les ha ayudado tanto a ella como a Nhi, que ahora puede vestirse, cantar canciones y mantenerse activa.

“Después de ir al centro, ha avanzado mucho, pero todavía no tiene mucha memoria. Creo que ir al centro le está dando la oportunidad de obtener un mejor conocimiento sobre la forma de cuidar de su familia”, dijo la abuela de Nhi, Vo Thi Thoi.

Una serie de organismos y donantes han apoyado el Gobierno de Viet Nam en la limpieza de la dioxina, pero sólo una tercera parte de la financiación se dedica a los costos humanos de la guerra y a ayudar a los niños con discapacidades.

Una parte de la sociedad

Para Xuan, nacido con síndrome de Down, estar todo el día en el centro significa que sus familiares pueden recomenzar sus vidas.

“Cuando empezó a gatear, tuve que ir a trabajar y ganar dinero para criarlo, por lo que tenía que atarlo a la cama para que no se perdiera”, dice la abuela de Xuan, Le Thi Luu. “Ahora puedo decirle que estoy cansada y le pido que traiga los platos y haga el té. Puede hacerlo exactamente como yo se lo digo”.

Entre los niños y niñas más discriminados de todo el mundo hay millones de ellos que sufren una discapacidad. Han quedado fuera y se les deja de lado. El Estado Mundial de la Infancia de este año pide que se emplee un nuevo enfoque para que estos niños y niñas puedan también formar parte una parte de la sociedad, y no estar aparte de ella.


 

 

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