Sri Lanka

Una nueva vida para los viudos a causa del tsunami en Sri Lanka

Imagen del UNICEF: Sri Lanka: The State of the World’s Children
© UNICEF Sri Lanka/2006
Thangaiah Simson, de 59 años, es un viudo a causa del tsunami.

La principal publicación de UNICEF, el Estado Mundial de la Infancia 2007, trata este año sobre el doble dividendo de la igualdad entre los géneros. Durante las semanas previas a la fecha de presentación del informe, el 11 de diciembre, ofreceremos una serie de historias sobre niños, mujeres y hombres que han cuestionado los estereotipos y superado la discriminación y la pobreza para lograr una vida mejor para ellos y sus familias.

PROVINCIA DE BATTICALOA, Sri Lanka, 5 de diciembre 2006 ─ Thangaiah Simson tiene 59 años. Un hombre pequeño de complexión delgada con un rostro intenso y curtido, tiene cuatro hijos. Uno de ellos se casó y vive en su propia casa; dos son pescadores; y el más joven, Satharsan, tiene 12 años y todavía va a la escuela.

Como otros miles de habitantes de Sri Lanka, la vida de Thangaiah cambió para siempre el 26 de diciembre 2004. Cuando el tsunami golpeó la costa, dice, vio ocho enormes olas que se dirigían hacia el terreno donde se encontraba anteriormente el poblado, en la provincia de Batticaloa, en la costa oriental de Sri Lanka.

Cuando Thangaiah y su familia vieron la primera ola que se acercaba, comenzaron a correr. Los niños consiguieron treparse a los árboles, pero su esposa fue barrida por las olas y nunca pudieron recuperar su cadáver.

Un cierto grado de ayuda y consuelo

En Sri Lanka murieron 35.000 personas a causa del tsunami. En muchas zonas, casi el doble de las mujeres perdieron sus vidas en comparación con los hombres, y dejaron un gran número de viudos. Como Thangaiah, algunos de estos hombres desconsolados han tenido que descubrir una nueva e inesperada forma de vida: aprender a cocinar, a lavar la ropa, a recoger a sus hijos en la escuela y a acostarlos.

Algunos descubrieron que no podían ocuparse de todas estas cosas, y buscaron rápidamente una mujer con la que casarse en segundas nupcias. Otros han aceptado sus nuevas funciones, e incluso han obtenido cierta satisfacción de sus nuevas responsabilidades.

Cuando su mujer estaba todavía viva, Thangaiah solía levantarse a las 6 a.m. para acudir a trabajar. Pero ahora, dice, se levanta a las 4 o 4:30 a.m., para cocinar el desayuno de su hijo y prepararlo para la escuela. Solamente entonces él mismo organiza sus cosas para salir a pescar arrastrando una red sin ayuda de nadie a lo largo de la costa.

Un cierto grado de ayuda y consuelo

Cuando la organización Eastern Self-Reliant Community Awakening (ESCO), un grupo local sin fines de lucro, comenzó a trabajar en el grupo de cuatro poblados donde vive Thangaiah, descubrieron que 82 hombres habían perdido a sus mujeres a causa del tsunami. Tenían dificultades. Algunos, que ya sufrían problemas de alcoholismo antes del tsunami, estaban bebiendo incluso más alcohol.

Imagen del UNICEF: Sri Lanka: The State of the World’s Children
© UNICEF Sri Lanka/2006
Thangaiah y su hijo de 12 años, Satharsan, a la puerta de su nueva casa en el poblado de Paddiyadichenai.

La soledad y el desconsuelo tuvieron sus efectos, y por un tiempo los hombres carecían de medios para ganarse la vida. Antes del desastre solían ir a pescar dos veces al día, pero el tsunami destruyó sus barcas y sus materiales, y además no había pescado para transportarlo y venderlo en los mercados locales. Tuvieron que vivir en refugios temporales y algunos estaban desesperados debido a la pérdida de sus mujeres y sus hijos.

Gracias a la ayuda internacional y local, las cosas comenzaron a mejorar lentamente. Los hombres han vuelto a pescar. Poco a poco, están construyendo un nuevo poblado algo más lejos de la costa con respecto al lugar donde estaba ubicado el otro, ya que el gobierno ha establecido una zona de precaución en la costa y ha prohibido la reconstrucción. En algún lugar, pilas de piedras grises, dispuestas para construir nuevas paredes, se encuentran depositadas a intervalos regulares a lo largo de un camino central. Al otro lado ya se alzan las hileras de edificios de ladrillo de un piso, de aspecto resistente, la mayoría terminados o casi terminados. Aunque no hay electricidad, de que los pisos de cemento están desnudos y apenas hay muebles, Thangaiah y los otros se han mudado a sus nuevas casas.

ESCO comenzó con dos grupos de apoyo semanales, uno dedicado especialmente a los viudos, y otro centrado en el alcoholismo. Thangaiah acude habitualmente a ambos. En el grupo de viudos, los hombres reciben instrumentos musicales y se les pide que los toquen, al mismo tiempo que hablan sobre sus vidas. Sentado en un grupo de unos 25 hombres en la reunión de Alcohólicos Anónimos, Thangaiah dice que solía beber mucho, pero que ha conseguido reducir la cantidad, incluso a pesar de que todavía vuelve a hacerlo en algunas ocasiones.

Manteniendo a las familias sanas y salvas

Como ocurre en muchos lugares de Sri Lanka, un agravamiento del conflicto que asola el país dificulta cada vez más que los hombres vayan a trabajar. En la zona de Batticaloa suele haber soldados y puestos en las carreteras, y los vehículos tienen que desviarse a menudo para rodear los campamentos militares protegidos con alambradas y barreras de madera. Para los pescadores del grupo, que tienen que ir a trabajar tarde en la noche o antes de que amanezca, el riesgo de sufrir ataques armados es especialmente grave.

Mantener a una familia unida después del tsunami −y bajo la amenaza constante del conflicto− no es una tarea fácil. Para los viudos, los cambios han sido a menudo desconcertantes y perturbadores. Muchos tienen prisa por volver a casarse. La mitad de los 80 viudos de los cuatro poblados devastados por el tsunami se han vuelto a casar.

Pero para padres como Thangaiah, las cosas no volverán a ser las mismas. Ahora, dice, solamente piensa en sus hijos. Desde un espacio a la sombra en su nueva casa apenas amueblada, saca su pequeña colección de sartenes y ollas. Sentado en el suelo, comienza a preparar con una cuchara arroz, legumbres y pescado para cocinar la cena.


 

 

Política de UNICEF sobre igualdad de género y potenciación del papel de mujeres y niñas

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