Somalia

Para la niñez de Somalia, cada minuto en la escuela cuenta

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© UNICEF Somalia/04-05-0048/Kihara
Murayo, a la puerta de su casa en el campamento de Askar en Bossaso, Somalia, se prepara para acudir a la escuela.

El Estado Mundial de la Infancia de 2006 se presentará el 14 de diciembre. En las próximas semanas antes de la presentación del informe ofreceremos una serie de historias sobre niños y niñas que están excluidos e invisibles como resultado de los conflictos armados, la pobreza, el VIH/SIDA, la discriminación y las desigualdades. Sus historias reflejan las experiencias de millones de otros niños y niñas que sufren todos los días la vulneración de sus derechos.

BOSSASO, Somalia – En medio del calor y el ambiente polvoriento del campamento Askar para desplazados internos –uno de los muchos asentamientos levantados con cartones y cajas que hay en Somalia– Murayo Badel Ibrahim, de 11 años, está preparando anjera sobre una estufa tradicional.

Cuando termina, se lava la cara y los pies. Luego, consume sin demora la tortilla, mientras su madre, Reyo Abdullahi Haroon, que tiene 25 años, pone a secar la ropa recién lavada. Reyo tiene otros siete hijos y uno de ellos, Abdi Wehel, de dos años, corre tras ella con una regla vieja en la boca.

Murayo creció en el campamento Askar, uno de los 13 que hay en Bossaso, la capital comercial de la zona nordeste de Somalia, conocida como Puntland. La población de este campamento ha aumentado considerablemente tanto por el regreso de los refugiados somalíes desde Etiopía y Kenya, como por la llegada de un gran número de personas desplazadas de las zonas más inestables del centro y el sur de Somalia.

La mayoría de las viviendas del campamento son de cartón y polietileno con armazones de estacas y ramas de árboles. A veces se arroja un colchón sobre este armazón. El viento proveniente del mar convierte las hogueras en un peligro constante. Hace varios meses estalló en Askar un incendio que dejó heridas a dos personas y destruyó 70 viviendas.

Murayo toma su mochila, se coloca su hijab (velo) azul y se dirige a la Escuela Primaria Daryell. A las 7:30 a.m. llega al polvoriento complejo. Las paredes de las cuatro aulas son de barro y el techo es una lona anaranjada.

La escuela fue fundada en agosto de 2004 por Youth Development Organization (YDO) y Tadamul, una ONG con sede en Bossaso que presta ayuda a los niños y niñas de los campamentos de desplazados internos. Estos dos organismos construyeron el refugio temporal, y UNICEF proporcionó capacitación y materiales como bancas, escritorios, cuadernos de ejercicios, pizarras y lápices.

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Murayo en la Escuela Primaria Daryell del campamento de Askar en Bossaso, Somalia.

La escuela tiene 170 alumnos –92 de los cuales son niñas– y cuatro maestros. Fatuma Farah Handulle, una funcionaria de UNICEF que supervisa el programa, encuentra al pequeño Ahmed Abdullahi, de tres años, jugando afuera con una lata oxidada. Lo amonesta y hace que regrese al aula. A las 10:30 a.m. concluye la jornada escolar y los estudiantes, incluida Murayo, emprenden el regreso a sus hogares.

“Como las familias de estos niños necesitan ingresos y otro tipo de ayuda, tienen que trabajar como limpiabotas o en otros oficios manuales. Lamentablemente, eso significa que solo pueden estudiar muy pocas horas al día”, dice Mohamed Ali Yusuf, Auxiliar del Proyecto Educativo de UNICEF en Bossaso.

“¿Cómo te fue en la escuela?”, pregunta Fatuma a Murayo.
“Aprendí somalí y árabe”, responde la niña. “Ya sé decir ‘hoy fui a la escuela’ en árabe”.
“¿Qué quieres ser cuando te hagas mayor?”, pregunta Fatuma.
“Maestra”, responde Murayo, un servicio de enorme importancia para un país donde apenas estudia la quinta parte de los niños y las niñas en edad de asistir a la escuela primaria.

En Somalia, actualmente solo tiene acceso a la educación oficial alrededor del 11% de los niños y las niñas en edad de asistir a la escuela primaria. Ésta es una de las tasas de escolarización más bajas del mundo. No obstante, en los últimos años se han registrado importantes progresos. En 2002 se definieron dos planes de estudio: uno para los primeros grados y otro para los grados quinto a octavo. También se han impreso nuevos libros de texto. Adicionalmente, más de 7.000 maestros recibieron capacitación en 2002. Un programa piloto de mentores que incluyó a 1.751 maestros se tradujo en prácticas de enseñanza más eficientes y en niveles más altos de aprendizaje.

Debido a que la mayoría de las escuelas de Somalia se concentran en las zonas urbanas y alrededor de ellas, ni los menores de las comunidades de desplazados internos ni los que viven en zonas rurales remotas –en particular, los niños nómadas– tienen acceso a ellas. Las niñas representan el 35% de todos los alumnos de primaria y las maestras, cerca del 13% del cuerpo docente. En general, el sector educativo adolece de serias limitaciones administrativas, técnicas y financieras, y el nivel de la educación es muy desigual.

A finales de 2005, UNICEF emprenderá la campaña “Todos los niños y las niñas cuentan”, cuyo propósito es promover el regreso a la escuela. Para jóvenes como Murayo y tantos otros niños y niñas que solo asisten a clase tres horas al día, definitivamente cada minuto cuenta.


 

 

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