Panorama: Reino Unido

El rescate de las víctimas de la trata de menores con fines de explotación sexual en el Reino Unido

Imagen del UNICEF
© UNICEF UK/2008/Ayisi
Ruth (izq.), que fue transportada de África al Reino Unido mediante engaños por tratantes de menores, conversa con Elaine Burling, que le acompañó durante la entrevista con UNICEF.

Por Ruth Ayisi

LONDRES, Reino Unido, 30 de diciembre de 2008— Ruth dice que proviene de África oriental, pero no se atreve a mencionar su país de origen porque teme que los tratantes de menores la localicen. Ruth, que ahora tiene 21 años, es una activista que aboga por un trato mejor para los niños, niñas y adolescentes víctimas de los tratantes que venden menores con fines de explotación sexual en el Reino Unido.

“Yo viví esa situación”, explica Ruth, que oculta su identidad tras el nombre de su madre. “Sé de qué manera han sido afectados las víctimas y qué clase de apoyo necesitan”.

La historia de Ruth es bastante común. Fue transportada al Reino Unido por un tratante de personas que le prometió una vida mejor. Le dijeron que en este país había una familia interesada en cuidarla. Pero cuando llegó al Reino Unido, fue vendida como prostituta a un hombre de edad avanzada.

“Me sometió a abusos tan graves que pensé que iba a morir. Yo tenía paludismo, pero le dije que era SIDA. Se enojó porque había pagado mucho dinero por mí. Pero se asustó, de manera que me llevó en su automóvil hasta un sitio apartado y allí me dejó abandonada”, recuerda Ruth.

Ruth es brillante

Cuando la policía encontró a Ruth la retuvo durante dos semanas en un centro de detención. Finalmente, Ruth recibió ayuda del Consejo para los Refugiados, que le brindó asesoramiento jurídico y le consiguió alojamiento. Ruth pronto descubrió que la mejor manera de superar el trauma que sufrió consiste en conocer otras mujeres jóvenes que han corrido una suerte similar a la suya.

La National Society for the Prevention of Cruelty to Children (NSPCC) es una organización dedicada a reunir a los jóvenes en circunstancias parecidas a las de Ruth mediante una línea de información y orientación sobre la trata de menores. Los jóvenes se reúnen cada tres meses en las oficinas de NSPCC.

“Ruth es brillante cuando trata con los demás integrantes de su grupo”, dice Mandy John-Baptiste, a cargo del proyecto. “Además de esas reuniones formales, las jóvenes suelen reunirse en parejas o grupos con fines estrictamente sociales. Les unen vínculos muy estrechos”.

Las jóvenes también asesoran a los trabajadores sociales e investigadores que participan en sus reuniones, que en muchos casos nunca han ido a los países de origen de las participantes del programa y que tienen un conocimiento limitado de las cuestiones culturales más delicadas. NSPCC también ofrece apoyo terapéutico a niños, niñas y adolescentes.

Muchos más necesitan apoyo

Lamentablemente, sólo un número reducido de los miles de niños, niñas y jóvenes transportados al Reino Unido por los tratantes de personas reciben apoyo de este tipo. Hasta hace poco más de siete años, la población en general ignoraba que en este país la trata de menores con fines de explotación sexual constituía un problema grave. UNICEF y varias organizaciones más gestionaron ante el gobierno para que las autoridades tomaran medidas urgentes contra ese delito.

“El resultado fue la Ley de Crímenes Sexuales de 2004, que constituyó un hito histórico porque a partir de entonces esa forma de delito recibió penas más graves”, explica Dragan Nastic, Oficial de asuntos públicos de UNICEF.

Sin embargo, y a pesar de que varias bandas de tratantes de personas han sido objeto de investigaciones, sólo se han iniciado 100 procesos, debido a que muchos posibles testigos se muestran poco dispuestos a declarar.

UNICEF también aboga por que los menores que han sido víctimas de los tratantes de personas disfruten durante el tiempo que se encuentren en el Reino Unido de los mismos derechos que los niños y niñas británicos, ya que hasta ahora la policía los puede retener en centros de detención una vez que han sido rescatados de sus victimarios. Además, la suerte de esos niños y niñas y jóvenes suele quedar en manos de jueces que no siempre tienen en cuenta las circunstancias personales e individuales de cada uno de ellos.

“No abogamos por que todos permanezcan en Inglaterra. Algunos quieren regresar a sus hogares”, dice la Sra. John-Baptiste. “De lo que se trata aquí es de la protección de esos niños. Cada uno debe ser evaluado, y debemos saber adónde irán, y con quién irán, cuando regresen. De lo contrario, muchos de esos niños y niñas pueden volver a caer en garras de los tratantes de personas”.

Una vida reconstruida

Ruth deberá renovar su visa en breve plazo. Mientras tanto, la joven ha logrado reconstruir su vida gracias al apoyo de diversos organismos de servicios sociales y de organizaciones como NSPCC.

Pese a que es huérfana, a que ha recibido muy poca educación escolar y a que ha sido extremadamente pobre toda su vida, Ruth ha progresado de manera notable. Por ejemplo, es la única alumna de su curso que aprobó el examen de formación profesional nacional con notas distinguidas. Además de estudiar, Ruth trabaja en un hospital.

“Soy buena para cuidar y atender personas porque atendí a mi madre cuando estaba enferma”, explica.

El dinero que gana en el hospital le ha dado la oportunidad de tener un hogar propio. Sin embargo, su futuro es incierto. “Si me deportan, pierdo todo esto”, comenta. “Sería como volver a perder a mi madre”.


 

 

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