Panorama: República Árabe Siria

Los estudiantes iraquíes refugiados en Siria necesitan ayuda para regresar a clases

Apoyo de UNICEF y la Unión Europea

Por Rob Sixsmith

DAMASCO, República Árabe Siria, 6 de julio de 2010 – Cada vez que hay una pausa en la conversación, Gailan, un refugiado iraquí de 16 años de edad, comienza a respirar profunda y rítmicamente hasta que resulta obvio que se ha quedado dormido. En las calles de Damasco reina el silencio, que sólo interrumpe el sonido de los pasos cansados de quienes se han despertado muy temprano debido al intenso calor de la mañana.

VÍDEO DE UNICEF: 30 de junio de 2010. Rob Sixsmith informa sobre la situación de los jóvenes iraquíes refugiados en Siria que no pueden ir a la escuela porque tienen que trabajar.

 

Gailan, que acaba de regresar a su hogar tras trabajar 16 horas seguidas en una planta textil, dormita brevemente mientras sus dos hermanas se preparan para ir a la escuela. Ambas han estado estudiando desde el alba porque están decididas a aprovechar las oportunidades que ofrece a los refugiados iraquíes el congestionado sistema de educación de Siria.

La educación es un lujo que no puede darse Gailan, que tiene que mantener a los 10 integrantes de su familia.

Una familia escapó del conflicto

“Me duele admitirlo, pero estoy celoso de mis hermanas”, comenta Gailan. “Mi vida no es fácil, y me parece injusto que yo, que necesito estudiar, tenga que trabajar porque mi familia depende de mí”.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Syria/2010/Sixsmith
Algunos jóvenes iraquíes refugiados en Siria, como Gailan, de 16 años, deben trabajar para ayudar a mantener a sus familias.

Gailan y su padre fueron los primeros integrantes de la familia que huyeron del conflicto armado en Iraq en 2008. Su padre había sido secuestrado por milicianos de una agrupación religiosa, y posteriormente sufrió lesiones en un atentado con explosivos en un mercado. Desde entonces, el padre de Gailan tiene dificultades hasta para realizar los movimientos más simples, está sometido a un régimen de medicamentos muy potentes y no puede trabajar.

Gailan también fue víctima del caos en que quedó sumido su país.

“En Iraq todo andaba mal. Hicieron volar nuestro automóvil, nuestra casa... todo”, señala. “A mí me secuestraron en la escuela. Durante un mes me humillaron y me torturaron. Después de un tiempo, ya no me importó, porque creí que al final me iban a matar”.

La difícil vida de un refugiado

Cuando acompaña a sus hermanas a la escuela y recorre el caótico suburbio de Damasco donde viven, Gailan tiene tiempo para reflexionar. Pese a que en Siria está protegido de la constante inestabilidad que le acechaba en Iraq, la vida del joven refugiado no es fácil, ya que no tiene garantizados ni sus derechos más elementales, como el derecho a la seguridad. Recientemente, Gailan fue secuestrado por una banda de delincuentes que sabían que transportaba dinero que le había confiado su patrón.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Syria/2010/Sixsmith
Muchos refugiados iraquíes dependen aún de la ayuda que reciben de las Naciones Unidas para sobrevivir en Siria.

Por otra parte, Gailan trabaja por lo menos 15 horas diarias 6 días por semana y sólo gana el equivalente de 35 dólares semanales. Sus aburridas labores de limpieza contrastan profundamente con las esperanzas que su padre, Abu Rashid Rashid, tenía cifradas en él.

“¡Tenía tantas esperanzas puestas en Gailan! ¡Quería que fuera ingeniero, o abogado!”, exclama Rashid. “Por supuesto, todavía me siento muy orgulloso de él. Creo que se ha ganado un diploma de la universidad de la vida, porque el sacrificio que hace por su familia demuestra que es un gran hombre”.

Gailan, que sólo tiene 16 años, tuvo que madurar rápidamente. El peso de las responsabilidades, las secuelas de una infancia fracturada y la conciencia de las oportunidades perdidas alimentan en él una profunda depresión siempre a punto de aflorar.

“Todos los muchachos iraquíes de por aquí tienen que trabajar”, comenta Gailan. “No sé cómo se sentirán ellos, pero yo he pensado en suicidarme en algunas oportunidades, porque esto no es vida. Antes, cuando alguien me hablaba, solía ponerme muy agresivo. Pero ahora, lo único que me interesa es saber cuándo acabará todo esto para poder reanudar mis estudios y establecerme con mi familia en algún sitio permanente”.

Alianza en pro de la educación

Muchos jóvenes iraquíes refugiados en Siria no pueden estudiar debido a la falta de recursos. Gailan ya ha perdido cinco años de educación, una ausencia tras la cual resulta difícil ponerse al día con los estudios. Con el objetivo de ayudar a que los niños y jóvenes como Gailan reanuden sus estudios, UNICEF, la Unión Europea y otros aliados han puesto en marcha un programa de clases de recuperación y cursos de preparación laboral en horarios vespertinos.

Se trata de un programa de apoyo a quienes, por diversas razones, no pueden asistir a la escuela pero cuentan con un buen motivo para volver a ella: sus ganas de estudiar.

“Estoy desesperado por recibir educación”, exclama Gailan. “Antes, quería ser ingeniero. Todos queremos ayudar a construir nuestro país. Yo quiero tener nuevamente la oportunidad de hacerlo”.


 

 

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