Panorama: Filipinas

Unos jóvenes ayudan a familias y niños a recuperarse de la tormenta tropical Washi en Filipinas

Imagen del UNICEF
© UNICEF Philippines/2012/Brown
Peter Galve ayuda a Robin (6 años) con una lección de matemáticas en un centro de evacuación en Cagayán de Oro (Filipinas).

Por Andy Brown

CAGAYÁN DE ORO, Filipinas, 6 de marzo de 2012. Kim Peter Galve (17 años) enseña a un grupo de niños pequeños en un espacio acogedor para la infancia de un centro de evacuación en Cagayán de Oro (Filipinas), una de las ciudades peor azotadas por la tormenta tropical Washi (localmente conocida como Sendong) el pasado diciembre. Más de 130 familias viven en cuartos muy pequeños con poca comodidad o intimidad.

Este espacio acogedor para los niños se ha levantado con una lona suministrada por UNICEF. Aquí, Kim y otros jóvenes voluntarios trabajan para ayudar a los niños que sobrevivieron a las inundaciones a mantener el nivel de conocimientos básicos en matemáticas.

¿“Cuánto son cinco más dos?”, Kim pregunta en inglés, mientras sostiene un pedazo de papel con números.

¡“Siete!”,  gritan los niños al unísono.

Robin* (6 años) sube al regazo de Kim y le da un abrazo espontáneo, con una amplia sonrisa ampliamente.

“Vengo aquí para echar una mano cada día durante dos horas antes de la escuela,” dijo Kim. “Quise ayudar a los niños a olvidar sus tristes experiencias mediante el juego y el aprendizaje”.

La juventud asume el liderazgo

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Peter Galve con su abuela, Erlinda Padere, en el exterior de su casa familiar dañada por las inundaciones en Cagayán de Oro (Filipinas).

Kim es uno de los 10 coordinadores juveniles del centro que asisten al personal y los voluntarios de Community and Family Services International, una organización no gubernamental (ONG) con base en Filipinas que recibe apoyo de UNICEF y que presta servicios para niños en 12 centros de evacuación.

“Los coordinadores juveniles fueron designados por sus comunidades locales. Los capacitamos para trabajar con niños, prestar asistencia en las actividades educativas y localizar a los niños en riesgo de sufrir abusos”, explicó Binladin Tiolo, oficial de proyecto de la ONG.

“UNICEF nos ha ayudado con formación, materiales y uniformes para los voluntarios,” añadió. “Ellos nos han dado todos los instrumentos que necesitamos para establecer y dirigir los espacios acogedores para la infancia, incluidos los juegos recreativos”.

La determinación de una familia por ayudar

La dedicación de Kim por ayudar a su comunidad a recuperarse comenzó con la experiencia que vivió su propia familia durante la tormenta y las inundaciones que la sucedieron.

“La tormenta llegó por la noche mientras dormíamos,” recordaba Kim. “La primera planta quedó completamente inundada en cuestión de minutos y nuestro mobiliario arrastrado por el agua y destruido”.

Las inundaciones repentinas fueron las peores que se recuerdan y los vecinos del barrio eran no estaban preparados para su brutalidad. “Nunca se produjo una inundación como ésta antes, ni siquiera desde que vive mi lola [abuela]”, comentó Kim. “Temimos que nos ahogaríamos todos. Ni siquiera podíamos abrir la puerta delantera debido a la presión del agua afuera. Recuerdo a mi madre presa del pánico y los gritos. Me asusté. Pensé: ¿qué puedo hacer para ayudar?”.

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Una niña juega en un espacio acogedor para la infancia respaldado por UNICEF de un centro de evacuación en Cagayán de Oro (Filipinas).

Aunque sus familiares más cercanos sobrevivieron todos, el resto de su familia no corrió la misma suerte.

“Mi tía de 92 años y su hija ambas murieron esa noche,” expuso Padere. “Quedaron atrapadas en su casa cuando creció el nivel de las aguas. Lograron hacer un agujero en una mampara y sacar a la nieta Dixie, pero ellas quedaron atrapadas dentro y se ahogaron. Dixie sobrevivió agarrándose a un tronco”.

UNICEF responde

Aproximadamente hubo 624.600 personas afectadas por el desastre, incluidas 430.500 que desplazadas de sus casas. Muchos niños quedaron separados de sus progenitores y corren el riesgo de sufrir la violencia, el abuso y la explotación.

UNICEF trabaja con miembros de la comunidad como Kim para ayudar a estas familias a recuperarse. El espacio acogedor para la infancia donde trabaja Kim es sólo una de muchas intervenciones, que también incluyen la atención y apoyo psicosociales para los niños, así como el rastreo de las familias y su reunificación.

“Colaboramos con el gobierno para establecer una base de datos de niños separados y no acompañados”, comentó Rohannie Baraguir, oficial de Protección infantil de UNICEF. “Hasta ahora, hemos identificado 53 casos, de los cuales 32 se han reunido con sus familias. Los demás están siendo atendidos por parientes o trabajadores sociales”.

Sin embargo, son necesarios más fondos para que UNICEF continúe su labor de protección infantil en las zonas afectadas y amplíe los programas a niños que viven fuera de los centros de evacuación.

“El gobierno pretende reasentar a aquellas familias que han perdido sus casas hacia junio, pero por el momento tienen que quedarse en centros de evacuación o campamentos de tiendas de campaña”, manifestó Nonoy Fajardo, Jefe de la oficina temporal de UNICEF en Cagayán de Oro. “Actualmente tenemos bastantes fondos para seguir funcionando aquí otro mes o dos. Después, si no conseguimos más fondos, tendremos que reducir nuestras actividades o incluso cerrar la oficina”.

Algunos nombres de se han cambiado para proteger la identidad de los niños.


 

 

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