Pakistán

Un futuro incierto para las familias desplazadas en las comunidades de acogida en Pakistán

Por David Youngmeyer

PESHAWAR, Pakistán, 15 de junio de 2012. Rafil Afridi se frota los ojos en la polvorienta aldea a las afueras de Peshawar, la capital de la provincia pakistaní de Khyber Pakhtunkhwa. El sonido de las piedras machacadas en la vecina fábrica de grava dificulta su concentración.

VÍDEO (en inglés): La corresponsal de UNICEF, Anja Baron, informa de la lucha de las familias desplazadas por la inseguridad al noroeste de Pakistán.  Véalo en RealPlayer

 

Afridi lleva sobre los hombros muchas preocupaciones desde que su mujer Shaheena y sus seis hijos, de edades comprendidas entre los 2 y los 18 años, huyeran de la inseguridad resurgida en el distrito de Khyber en febrero.

Afridi era un agricultor en su aldea natal y la mayoría de sus hijos iba a la escuela. Sin embargo, la zona fue inestable durante un tiempo, según relató. Cuando estallaba la violencia, la familia se mudaba temporalmente a un lugar más seguro, a veces hasta una semana. Cuando la situación se relajaba regresaban a casa.

En cambio, cuando comenzaron los recientes bombardeos con mortero decidieron que era el momento de marcharse. "Se volvió demasiado peligroso para quedarse", dijo Afridi. Tres personas murieron en la aldea.

"Una situación lamentable"

Desde enero, más de 240.000 personas se han registrado como desplazados del distrito de Khyber. Aunque unos 57.000 viven en el campamento de Jalozai, en el distrito limítrofe de Nowshera, los demás deciden vivir en comunidades de acogida, mayoritariamente en los distritos de Peshawar y Nowshera.

La familia de Afridi caminó un día antes de alquilar una furgoneta que los llevara a esta polvorienta aldea donde había una casa vacía, según informaron los familiares. La casa de adobe y una única pieza tiene el piso de tierra, carece de baño ni agua corriente y tan sólo hay un agujero en el piso a modo de retrete. Están infestados de moscas y, por las noches, de mosquitos.

Imagen del UNICEF
© UNICEF/2012/Pakistan
Noor Jahan (53 años) con sus nietos en la aldea cercana a Peshawar (Pakistán). La inseguridad reciente en su región la obligó a ella y a su familia a huir de su hogar.

Cuando llegaron por primera vez se registraron como desplazados en el campamento de Jalozai y se les entregaron suministros esenciales tales como alimentos, un conjunto de higiene de UNICEF, bidones de UNICEF y baldes para transportar agua, pero les ha resultado difícil recibir más ayuda.

“Es duro volver al campamento para obtener más suministros", afirmó Afridi, que no cuenta con medio de transporte. Ha encontrado trabajo como jornalero en la fábrica de grava, donde gana sólo lo suficiente para que la familia sobreviva.

La salud de los niños no ha sido buena. Tenían retortijones en el estómago y diarrea. Sólo un hijo va a la escuela y una hija acude a la madraza o escuela religiosa. "No podemos ir a clase y estudiar porque no hay dinero para la escuela", comentó Shazeen (6 años).

“Los niños han sufrido mucho", señaló Shaheena. "No tienen ningún tipo de instrucción o instalaciones recreativas. Se quedan sentados en casa. Estamos frente a una situación lamentable"

Luchar por sobrevivir

No muy lejos, Noor Jahan (53 años) está sentada en una hamaca en el exterior de su casa de adobe. Su hujo murió en un bombardeo antes de que su familia huyera de la aldea hace unos dos meses. "Abandonamos nuestros hogares con las manos vacías", dijo con las manos temblorosas. "Caminamos durante muchas horas. Estabamos en muy malas condiciones. No comimos durante dos días".

La tragedia golpeó de nuevo cuando llegaron a Peshawar: el marido de Jahan cayó enfermo y murió, dejándola a ella como cabeza de familia y responsable del bienestar de su nuera y sus cuatro nietos.

Imagen del UNICEF
© UNICEF/2012/Pakistan
Rafil Afridi y su familia recogen agua en una aldea próxima a Peshawar (Pakistán). Tras abandonar su hogar, se registraron en el campamento de Jalozai, donde se les entregó suministros esenciales, incluidos un conjunto de higiene de UNICEF, bidones y baldes.

Según relató, se registró en Jalozai y recibió asistencia pero le resulta difícil recibir más suministros. No dispone de vehículo para llegar hasta allí. Además, Noor tiene problemas para salir sola por la calle, en un reflejo de las tradiciones conservadoras de su aldea de origen.

La familia lucha ahora. No alcanzaron el número mínimo de personas para obtener suministros y todos los niños están desescolarizados.

Llegar hasta las familias de las comunidades de acogida

Las familias como las de Jahan y Afridi necesitan ayuda urgentemente, si bien un estudio reciente sobre familias desplazadas en comunidades de acogida –efectuado por UNICEF y otras organizaciones humanitarias– indica que una proporción significativa de desplazados no se han registrado para obtener ayuda. Muchas familias consideran el proceso demasiado oneroso, otros mencionan la falta de transporte, largas filas y largas esperas como obstáculos para recibir la ayuda.

La asistencia a clase es inferior en el caso de niños que viven en comunidades de acogida: las familias citan la incapacidad para pagar las tasas escolares, así como la falta de libros y uniformes como razones principales por las que no envían a sus niños a la escuela. El acceso a la atención médica era otra preocupación. Las clínicas privadas son los centros de salud disponibles en la mayoría de los casos.

No obstante, en el campamento de Jalozai se presta asistencia humanitaria. El apoyo a las familias no registradas en las comunidades de acogida es una tarea más compleja. Los resultados del estudio se emplearán para guiar la respuesta humanitaria en curso.

UNICEF necesita 35,7 millones de dólares estadounidenses adicionales para mantener y ampliar la asistencia humanitaria para las mujeres y niños desplazados que viven en los campamentos de Jalozai, Togh Serai y New Durrani; así como para los que viven en las comunidades de acogida. Asimismo, se necesita asistencia para las familias que pudieron regresar a sus zonas de origen, debido a la mejora de la situación de seguridad. Las necesidades de financiación más imperiosas son para abastecer de mejores servicios de nutrición, agua y saneamiento.


 

 

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