Pakistán

El proyecto Taleem-ul-Amal ayuda a los niños trabajadores a recibir una educación en Pakistán

Imagen del UNICEF
© UNICEF Pakistan/2011/Asad Zaidi
Chand Khushi Mohammad (12 años) es un prometedor estudiante de tercer grado en un centro Taleem-ul-Amal en Sialkot (Pakistán).

Por A. Sami Malik

SIALKOT, Pakistán, 10 de enero de 2012. La tristeza nubla los ojos de Chand Khushi Mohammad (12 años) cuando recuerda el tiempo en que caminaba por las calles, para recoger basura, cerca de Sialkot, una ciudad conocida por la fabricación de productos deportivos, en la provincia de Punjab (Pakistán).

“Recogía basura y pedazos de metal de las calles para venderlos por unas 100 a 200 rupias (de 1,10 a 2,20 dólares estadounidenses) al final del día. La mayoría de los niños de mi edad en esta localidad hacían lo mismo”, dijo.

“Ver a los niños que iban a la escuela con uniformes limpios siempre me fascinó, pero yo sabía que no podía ir a la escuela. Mi padre está muerto y mi madre no podía permitirse enviarme a una escuela”.

Sin embargo, gracias a la intervención de una bondadosa maestra, Chand es ahora uno de los más prometedores estudiantes de tercer grado en el centro Taleem-ul-Amal de Gohadpur, un centro de protección infantil de Sialkot.

Establecer oportunidades para el futuro

Se trata de uno de los 18 centros de protección infantil –denominados centros Taleem-ul-Amal– establecidos por UNICEF y su aliado en la ejecución, la Organización de desarrollo infantil y social, en Sialkot y los distritos vecinos de Gujranwala y Narowal.

La ubicación de estos centros en los alrededores de Sialkot tenía la intención de ofrecer a los niños una alternativa positiva al trabajo y la recogida de basura.

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Chand Khushi Mohammad (12 años) lee a su maestra, Shumaila Nawaz, en un centro Taleem-ul-Amal, que recibe apoyo de UNICEF en Sialkot (Pakistán). Nawaz ayudó a Chand a asistir al centro.

Los niños que renuncian a la escuela para trabajar carecen de habilidades y de oportunidades en el futuro, lo que refuerza el ciclo de pobreza. Shumaila Nawaz, una maestra del Centro Taleem-ul-Amal, decidió ayudar a Chand a escapar a este destino.

Cuando lo vio recoger desperdicios una mañana lo siguió hasta su casa y convenció a su madre de que le permitiera recibir una educación gratuita en el centro.

“Yo estaba desesperada por sacarlo de la calle y que ingresara en el centro”, dijo Nawaz. “Como la mayoría de los progenitores de esta zona, tampoco la madre de Chand estaba dispuesta a quedarse sin el poco dinero que ganaba con los deshechos. Su marido había muerto y ella sola no podía alimentar a toda la familia. Yo le aseguré que Chand iba a ganar más dinero una vez que terminara la educación básica. También le dije que recibirá un uniforme y libros gratuitos y que no tendría que pagar nada. Ella aceptó de mala gana”.

Ninguno de los 109 estudiantes el centro donde trabaja Nawaz había asistido a la escuela antes, pero ella es optimista y piensa que la mayoría de ellos terminarán la escuela primaria y continuarán sus estudios en el nivel secundario.

“Muchos de nuestros ex alumnos están ahora en las escuelas públicas. Se han integrado en la educación oficial”, dijo. “Y lo mismo ocurrirá con estos niños”.

Educar a las niñas

En Gurhi Maliyan, otra localidad cerca de Sialkot, un centro Taleem-ul-Amal ayuda a educar a unos 50 alumnos, 43 de los cuales son niñas.

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Al mismo tiempo que trabaja como empleada del hogar y remienda balones con su familia, Sonita se las arregla para continuar sus estudios en un centro Taleem-ul-Amal en Sialkot (Pakistán).

Sonita Liaqat (16 años), es una de estas alumnas. Ha estudiado en el centro durante más de dos años y recientemente aprobó el examen de quinto grado del gobierno.

“Yo trabajo como empleada del hogar durante una hora por la mañana antes de venir al centro. Me encanta estar en el centro y estudiar y aprender cosas nuevas todos los días”, dijo. “En cuanto regreso a casa, remiendo balones junto con mis ocho hermanos y mis padres. Nosotros cosemos de cinco a seis balones de fútbol todos los días, y mis padres ganan alrededor de 250 rupias (unos 2,75 dólares)”.

Aunque recibir una educación no ha liberado a Sonita de la necesidad de trabajar, al menos le proporciona los conocimientos necesarios para transformar su futuro y, tal vez, también el futuro de su comunidad.

Desde el inicio de este proyecto en 2009, cerca de 4.000 estudiantes se han beneficiado, más de la mitad de ellos niñas.  Después de superar el examen de educación primaria de la Junta de educación de Punjab, muchos de estos estudiantes se han puesto a trabajar en el sector educativo y a transmitir sus conocimientos y habilidades.  

“La pobreza es el motivo”

UNICEF y Organización de desarrollo infantil y social dirigen el proyecto Taleem-ul-Amal con el financiamiento del Comité Nacional de Suiza pro UNICEF. Estos fondos se utilizan para proporcionar a los alumnos material didáctico, uniformes, mochilas y zapatos, así como para ayudar a convencer a los miembros de la comunidad de que permitan a sus hijos acudir a la escuela.

“La pobreza es el principal motivo... de que la mayoría de los progenitores no envíen a sus hijos a la escuela”, dijo Hina Shezadi, una movilizadora social de Taleem-ul-Amal. “Es necesario realizar repetidas visitas a los padres y mucha persuasión antes de que permitan a los niños asistir a nuestros centros. A veces tenemos que involucrar a las personas influyentes en una localidad para apoyar nuestros esfuerzos de movilización social”.  

Sin embargo, estos esfuerzos están dando sus frutos para niños como Chand y Sonita, pues les ayudan a labrarse un futuro alejado del trabajo y que les permita salir de la pobreza no sólo a ellos, sino también a la próxima generación.


 

 

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