Panorama: Níger

Quienes practicaban la mutilación genital femenina en el Níger ahora se oponen a ella

Imagen del UNICEF
© UNICEF Niger/2008/Onimus-Pfortner
Haissa, que ha prometido eliminar la mutilación genital femenina o excisión en su aldea, solía practicar esa operación.

Por Joelle Onimus-Pfortner y Gaelle Bausson

NIAMEY, Níger, 28 de mayo de 2008 – La vida de Haissa ha cambiado para siempre. Su aldea se ha comprometido públicamente a poner fin a la mutilación genital femenina o excisión y ha pedido a quienes la practicaban que “guarden los cuchillos” y no vuelvan a realizar operaciones de ese tipo.

Haissa, de 45 años de edad, que fue sometida a excisión genital a los 7, comenzó a practicar ese procedimiento cuando tenía 10 años, cuando adoptó el oficio de su familia. La mujer calcula que ha sometido a mutilación genital o excisión a unas 400 niñas a lo largo de su vida, varias de las cuales murieron debido a complicaciones de la operación.

Según UNICEF, en Oriente Medio y África unos 70 millones de mujeres y niñas de 15 a 27 años de edad han sido víctimas de la mutilación genital o excisión. Muchas niñas quedan traumatizadas debido a la experiencia, pero sufren en silencio, generalmente por temor a ser condenadas al ostracismo por sus comunidades.

Disparidades geográficas y étnicas

Entre las posibles consecuencias perniciosas de la mutilación genital femenina o excisión figuran el deterioro de la salud reproductiva y las consecuencias psicológicas que pueden sufrir las víctimas. Esa forma de mutilación aumenta las tasas de mortalidad maternoinfantil, así como la vulnerabilidad de las mujeres y niñas ante el VIH/SIDA.

Según la oficina de UNICEF en el Níger, la tasa de mutilación genital femenina o excisión de las mujeres de 15 a 49 años de edad se ha reducido a más de la mitad entre 1998, cuando era del 5%, y 2006, cuando fue de 2,2%. Esos datos estadísticos ocultan, sin embargo, grandes disparidades geográficas y étnicas. Por ejemplo, el 65,9% de las mujeres de la etnia gourmantché han sido sometidas a la mutilación genital femenina o excisión. Pero entre la etnia peul, la tasa de mujeres que han sufrido esa forma de mutilación es del 12,4%, y entre las mujeres de origen árabe, de 3,4%. Desde una óptica geográfica, las regiones de Tillabery, Diffa y Niamey tienen las tasas más elevadas de esa práctica de todo el país.

La disminución de la incidencia de la mutilación genital femenina o excisión se debe en parte a la aprobación de nuevas normas jurídicas pertinentes y a la aplicación combinada de diversas estrategias en los planos comunitario y nacional.

Cambios sociales positivos

Desde 1992, UNICEF ha colaborado con el Comité nigerino sobre prácticas tradicionales (CONIPRAT), una organización no gubernamental, para combatir el problema de la mutilación genital femenina o excisión en el Níger.

En 2007, CONIPRAT puso en práctica una estrategia de cambio social positivo con el propósito de modificar las convenciones sociales mediante la educación no estructurada, brindando a los integrantes de la comunidad de nuevos conocimientos y aptitudes. La estrategia también fomenta el diálogo entre las mujeres y los hombres, así como entre los integrantes de las diversas generaciones. Las actividades realizadas por CONIPRAT han resultado más eficaces cuando se han utilizado para fortalecer la vigencia de los derechos humanos.

El programa de cambio social alienta a las comunidades a establecer cuáles son los problemas principales y a buscar soluciones a las diversas cuestiones planteadas. Para poder estimular modificaciones de comportamiento de efectos duraderos, es necesario que toda la comunidad participe en la toma de decisiones sobre los temas delicados como la mutilación genital femenina o excisión.

El comienzo de una nueva vida

Gracias a los esfuerzos de UNICEF y CONIPRAT, Haissa cobró conciencia de las consecuencias perjudiciales de la mutilación genital femenina o excisión y se convenció de que ese procedimiento no tiene nada que ver con la práctica de su fe islámica. También se enteró de que en 2003 en el Níger se aprobó, con apoyo de UNICEF, una ley que penalizó la práctica de la mutilación genital femenina o excisión. 

Más importante aún, el programa de UNICEF y CONIPRAT ha puesto al alcance de Haissa y otras mujeres que practicaban esa forma de mutilación la posibilidad de aprender un nuevo oficio. Esas mujeres recibieron capacitación en horticultura y un lote de tierra cultivable que les permitirá generar los ingresos necesarios para satisfacer las necesidades de sus familias.

“Lo que me convenció de que debía abandonar la práctica de la mutilación genital femenina o excisión”, explicó Haissa, “fue comprender que existe una relación entre esa práctica y la salud de las mujeres. Me siento muy orgullosa de que éste sea para mí el comienzo de una nueva vida”.


 

 

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