Panorama: Libia

Los espacios acogedores para los niños ofrecen refugio a las familias afectadas por el conflicto bélico en Libia

Imagen del UNICEF
© UNICEF Libya/2011/Fordham
Una niña muestra uno de sus trabajos de arte en un espacio acogedor para los niños en Bengasi. Las clases de dibujo ayudan a los niños a superar los traumas causados por el conflicto y les dan la oportunidad de reunirse con sus amigos.

Por Rebecca Fordham

BENGASI, Libia, 20 de mayo de 2011. Pese al estrépito causado por el constante movimiento de sillas y la cháchara de sus compañeros, Etaj y Hanni (nombres ficticios), de 11 y 12 años respectivamente, están totalmente concentrados en lo que dibujan.

Para ambos, dibujar en este espacio acogedor constituye una valiosa oportunidad de manifestar creativamente sus sentimientos y de compartir varias horas del día con sus amigos. “Estaba cansada de mirar las noticias en la televisión y quería volver a ver a mis amigos”, explica Etaj. “Vengo aquí todos los días, menos los domingos. Lo que más me gustaría es volver a la escuela”.

La cura de las lesiones psicológicas

Las paredes del espacio acogedor, que funciona en una escuela primaria y secundaria de Bengasi a la que asisten unos 800 alumnos, están cubiertas con los dibujos de los niños y adornadas con pequeñas figuras de animales moldeadas por ellos mismos. Por la ventana se cuelan los gritos de los niños que disputan un partido de fútbol en el exterior del edificio escolar.

“El objetivo de traer los niños y niñas a este espacio acogedor consistió en darles la oportunidad de volver a vivir una vida normal”, señala Majed Mohammed, un voluntario que supervisa las actividades del espacio comunitario, al que acuden diariamente unos 100 niños, aunque su número aumenta constantemente.

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Varias niñas dibujan en un espacio acogedor para los niños en Bengasi (Libia), que forma parte de una iniciativa de movilización comunitaria. Se trata de niñas que tuvieron que abandonar sus comunidades al huir de los enfrentamientos armados.

Éste y otros centros similares forman parte de un iniciativa de movilización comunitaria que se puso en marcha como resultado de unas sesiones de evaluación de capacitación dirigidas a los integrantes de la comunidad con experiencia en materia de enseñanza y orientación psicológica llevadas a cabo en Bengasi por UNICEF y Save the Children.

En las sesiones de capacitación se elaboraron métodos para trabajar con los niños que presenciaron hechos horrendos. “Queríamos que los niños disfrutaran del aprendizaje y se divirtieran”, añade Majed El Gary, otro supervisor voluntario del centro. “Aprendimos a relacionarnos con los niños y hablar con ellos de manera que se sintieran cómodos”.

En Bengasi hay siete centros similares a los que asisten unos 2.000 niños y niñas. UNICEF ha suministrado a los centros 100 conjuntos recreativos para la primera infancia, entre ellos pelotas de fútbol y baloncesto, además de materiales de dibujo y pintura.

Devolver la estabilidad

“Como se puede comprobar mirando los rostros de nuestros niños, el fin último de nuestras actividades consiste en hacerles felices”, señala Osman Abu Fatima, Especialista en Protección infantil de UNICEF. “Juegan y se sienten bien acogidos. Hace apenas dos semanas no tenían nada similar y sufrían las consecuencias de la terrible situación en que vivían”.

Desde el comienzo de las hostilidades en febrero, muchos niños y niñas se han visto obligados a permanecer en sus hogares y, por lo tanto, no han tenido acceso a la educación escolar. “Estabamos preocupados y temíamos que nuestras hijas percibieran nuestros sentimientos”, comenta Mohammed, padre de dos niñas que asisten al centro.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Libya/2011/Fordham
Unos 2.000 niños y niñas asisten a siete espacios acogedores para los niños en Bengasi (Libia), que cuentan con el respaldo de UNICEF.

Debido a que los progenitores temían que sus preocupaciones y angustias afectaran a sus hijos, el espacio comunitario también beneficia a los adultos, ya que les hace sentirse felices y a gusto con los niños. Los centros también establecen rutinas y orden en las actividades cotidianas de los niños, lo que reviste importancia si se tiene en cuenta la incertidumbre que rodea sus vidas.

“Dibujan lo que se les ocurre y a veces lo que ven en la televisión. Eso se nota cuando en sus dibujos aparecen las banderas de la OTAN o las escenas de tiroteos”, indica El Gary. “Tratamos de ayudarles a ser felices, a que se olviden de la guerra y a que hagan cosas nuevas”.

“Estaba muy asustado, vi gente que disparaba armas de fuego, por eso volví corriendo a mi casa”, cuenta Raja, un niño de 11 años de edad (nombre ficticio), “ahora estoy aquí. Disfruto de la vida y quiero aprender”.

La reapertura de las escuelas

Son necesarios más espacios acogedores para la infancia como éste para el bien de los niños. Mientras tanto, UNICEF y sus aliados continúan abogando por que se reanude la educación escolar de todos los niños y niñas de Libia. Asimismo, realizan gestiones ante las autoridades del país para establecer qué necesidades se deben satisfacer para que los estudiantes no pierdan el año escolar.

Hasta que se reanuden las clases, los niños y niñas como Etaj seguirán acudiendo a los espacios acogedores para los niños como el de este centro en Bengasi, donde los niños cantan y producen grandes cantidades de dibujos. Etaj se siente feliz de poder asistir diariamente al centro y seguir realizando trabajos artísticos. “No queremos acordarnos de lo que sucedió”, dice, “sino que queremos seguir juntos y aprender”.


 

 

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