Kenya

La educación y la concienciación hacen avanzar la lucha contra la mutilación genital de la mujer en Kenya

Imagen del UNICEF
© UNICEF/HQ04-0335/Furrer
Una alumna de la escuela primaria Ruthimitu, en Nairobi, Kenya. El creciente acceso de las niñas a la educación es una estrategia clave para terminar con la mutilación genital de la mujer, ya que las mujeres con estudios no suelen permitir que mutilen a sus hijas.

Por Malini Morzaria y Zeinab Ahmed

NAIROBI, Kenya, 24 de agosto de 2006 – En la provincia noroeste de Kenya, UNICEF está ayudando a las comunidades a abandonar la práctica de la mutilación genital de la mujer, que todavía se inflige a la inmensa mayoría de las niñas de la provincia.

Si bien la mutilación genital no es dominante en el resto del país, un estudio nacional realizado en 2003 reveló que casi una tercera parte de las mujeres kenianas de entre 15 y 49 años la habían sufrido. Sin embargo, el mismo estudio mostró también que la práctica se había reducido en un 30%.

La reducción obedece en gran medida una mayor educación, al acceso de la mujer al poder económico y a la introducción de los llamados “ritos de paso alternativos” que sustituyen la mutilación genital con rituales que mantienen la importancia cultural de la ceremonia de la mayoría de edad sin perjudicar físicamente a las jóvenes que se someten a ellos.

Aumentar la presión

A pesar de su disminución generalizada en toda Kenya, la mutilación todavía se lleva a cabo en 60 de los 75 distritos del país. Cerca de un 99% de las niñas a las que se hace el “corte” son sometidas a infibulación, la forma más radical y grave de mutilación.

Un estudio de UNICEF llevado a cabo en 2004 en Garissa y Myale reveló que cerca del 60% de quienes practican la mutilación experimentaban una presión cada vez mayor para abandonar el rito. Casi la mitad dijeron que los dirigentes religiosos eran quienes daban un mayor impulso al abandono de la práctica, mientras que un 40% citaban una mayor conciencia de los derechos de las niñas.

Sólo una de cada 10 personas que practicaban la mutilación declararon que su motivo principal para poner fin a  la tradición era una mayor comprensión de sus efectos adversos en niñas y mujeres.

UNICEF y el Consejo de Población, una organización internacional no gubernamental, están capacitando a los prestadores de servicios sanitarios de Kenya para que fomenten una salud materna más segura y proporcionen un mayor apoyo psicosocial a las mujeres afectadas por la mutilación genital.

La clave es la educación

Otra estrategia clave consiste en aumentar el acceso a la educación, ya que las mujeres con estudios son menos propensas a dejar que sus hijas sufran la mutilación. En la provincia noroeste, las niñas que llegan a matricularse en la escuela son menos del 20%.

Con el objeto contribuir a solucionar el problema, UNICEF trabaja junto al Ministerio de Educación y la Oficina del Presidente para aumentar el acceso a la educación por medio de escuelas móviles, internados, un mejor servicio de agua y saneamiento en las escuelas y una enseñanza de mayor calidad en aulas centradas en los alumnos y “amigas de las niñas”.

En distintos lugares de la provincia, se está alentando a las comunidades para que hablen abiertamente sobre los peligros de la mutilación genital de la mujer y fomenten los derechos de los niños y las niñas. Como resultado, incluso en las comunidades más conservadoras la gente ya habla sobre esta práctica y sus efectos adversos.

Ayuda de los dirigentes religiosos

El poder de la comunidad para ejercer presión queda ilustrado por el caso de Isnino Shuria, de 80 años, antigua practicante de la mutilación que aprendió el rito de su madre.

“Mi madre murió cuando yo tenía 17 años, y me hice cargo del oficio”, dice la señora Shuria, que siguió “cortando” hasta hace ocho años, cuando un grupo de mujeres la visitó en compañía de dirigentes religiosos que dijeron que la mutilación genital vulneraba los valores islámicos. “Al principio no hice caso”, recuerda, “pero tras la tercera visita me detuve y me di cuenta de lo que estaba haciendo.”

Las mujeres de la comunidad reunieron fondos para que la señora Shuria y otras personas en su situación pudieran comprar ganado con el que mantenerse y compensar la pérdida de ingresos.

“Ahora somos unas 25”, dice la señora Shuria. “Ayudo en los partos y hago masaje a las madres que tienen embarazos con problemas; es mucho mejor. Hay muchas personas que me quieren bien y nos ayudan a mí y a mi familia.”


 

 

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