ÚNETE POR LA NIÑEZ

Protección infantil contra el abuso y la violencia

Crear un entorno seguro para la infancia

Cuando Boriana cumplió 14 años, su padre decidió que en lugar de asistir a la escuela secundaria debía buscar un trabajo en un país vecino para ayudar a mantener a su familia. Boriana contactó con una agencia de empleo de su localidad, en la que le ofrecieron un puesto de camarera en el extranjero y le prometieron un buen salario. Y en realidad lo que ocurrió es que fue obligada a prostituirse en un burdel.

Tras ser hospitalizada por malos tratos en el país donde había emigrado, Boriana telefoneó a una línea de emergencias y declaró que su padre la maltrataba y que tenía miedo de regresar a casa.

La historia de Boriana es un ejemplo de la vida que llevan los 1,2 millones de niños y niñas que cada año son víctimas de la explotación sexual. Todos los días suceden en todo el mundo variaciones de este caso. 

Todos los años, decenas de millones de niños y niñas de todo el mundo son víctimas de la explotación, el maltrato y la violencia. Son secuestrados de sus hogares y escuelas y reclutados para combatir en conflictos armados. Otros muchos millones son víctimas de la trata de seres humanos y se ven forzados a trabajar en condiciones terribles.  

La infancia únicamente se verá libre de la explotación y el maltrato cuando viva en un entorno seguro que la salvaguarde de estos peligros. Un entorno seguro es como una red de seguridad que impide que se produzcan prácticas abusivas.

La red de seguridad que todos los niños y niñas necesitan.

Un entorno de protección implica una vida de seguridad y dignidad, lo cual pasa por  garantizar que los menores de edad estén escolarizados, que existan leyes que castiguen a aquellos que explotan a la infancia, que los gobiernos se comprometan realmente a proteger a niños y niñas, que las comunidades estén informadas de los riesgos que acechan a la infancia, que la sociedad civil aborde determinadas cuestiones consideradas "tabú", y que se implanten sistemas de control que permitan detectar los posibles casos de explotación infantil.

La infancia no quedará libre de la amenaza de la explotación hasta que todos los estratos de la sociedad, desde la familia hasta la comunidad internacional, colaboren. Al faltar cualquiera de estas "capas protectoras", aumenta la vulnerabilidad de los niños y niñas a la explotación, el maltrato y la violencia.  

La historia de Boriana habría sido muy distinta en un entorno seguro:

  •  Si en su país de origen hubieran existido leyes que dispusieran la educación secundaria obligatoria, Boriana habría tenido que permanecer en la escuela.
  • Si sus profesores hubieran estado informados del problema, habrían podido sospechar que el absentismo cada vez más frecuente de Boriana se debía al maltrato a que estaba siendo sometida en su casa.
  • Si los medios de comunicación hubieran advertido de la amenaza que supone la trata de seres humanos, la propia Boriana habría reparado en el engaño y la explotación que la amenazaban.
  • Si hubiera existido un acuerdo transfronterizo entre su país de origen y el país vecino, posiblemente no se le habría permitido a Boriana la entrada en este último.
  • Si la policía fronteriza hubiera estado capacitada para detectar los indicios de trata de seres humanos, no habrían permitido a Boriana abandonar su país y habrían alertado a las personas adecuadas para que la ayudaran.

Para entender en qué consiste la creación de un entorno seguro es fundamental admitir que la cuestión de la protección de la infancia incide en todo el espectro de prioridades del UNICEF. Los niños y niñas fuertes y físicamente sanos también pueden ser víctimas del maltrato. Cualquier niño o niña que padezca maltrato físico, aunque esté bien alimentado e inmunizado, no será un niño sano. Y una niña que padezca abusos sexuales en casa, aunque asista a la escuela seguramente no aprenderá. 

Crear un entorno seguro constituye un pilar básico de la estrategia del UNICEF para proteger a la infancia.


 

 

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