ÚNETE POR LA NIÑEZ

Protección infantil contra el abuso y la violencia

Un programa de aptitudes para la vida ayuda a los niños migrantes de China a sobrellevar los peligros urbanos

Imagen del UNICEF
© UNICEF China/2011/Liu
Siqi y sus padres viven en un internado de una fábrica en Wenling (China).

Por Liang Ruoqiao

BEIJING, China, 21 de diciembre de 2011.  "¡Ahora puedo cenar con mi mamá y mi papá todas las noches!", dijo Xue Siqi (9 años) con una sonrisa de oreja a oreja.

En los últimos ocho años, Siqi no había visto mucho a su padre, que trabajaba en Wenling, un floreciente polo industrial de la provincia de Zhejiang. Mientras tanto él y su madre vivían en la provincia rural de Henan.

Sin embargo, Siqi y su madre se mudaron hace seis meses a Wenling para que todos pudieran vivir juntos. Siqi -ahora uno de los 27,3 millones de niños migrantes en China- se vio de repente frente a los peligros, poco familiares para él, de la vida en la ciudad.

"Algunos niños no saben ni siquiera lo que significa que un semáforo esté en amarillo", afirmó Yang Xue, que imparte clases en la escuela primaria de Zeguo Dongfang donde todos los 1.900 alumnos son niños migrantes. "En los lugares de donde vienen no hay carreteras, tan sólo caminos de tierra".

Ayudar a la adaptación de los niños migrantes

Siqi debe ahora caminar 30 minutos hasta la escuela, atravesar tres cruces de carreteras -sin semáforo- a la ida y a la vuelta. Los conductores temerarios son conocidos por circular a mucha velocidad y los accidentes de carretera son la mayor causa de lesiones y muertes en China.

Para ayudar a los niños migrantes como Siqi, UNICEF y la Comisión de trabajo nacional para las mujeres y los niños al amparo del Consejo de Estado diseñaron y financiaron un programa especial de aptitudes para la vida, que consta de dos partes: las lecciones impartidas en clase por maestros especialmente formados y las enseñadas a las familias por los trabajadores sociales.

"Las lecciones son muy necesarias en nuestra escuela", afirmó Tang Yukun, director de la escuela primaria Zeguo Dongfang. "Nuestros niños proceden de todos los rincones del país y muchos de ellos no son conscientes de la necesidad de protegerse a sí mismos".

"Este verano hubo seis casos de ahogamiento y todos fueron niños migrantes", comentó Teng Linhua, director de la Oficina de educación de Wenling. Afortunadamente, ninguno pertenecía a la escuela de Tang en la que todos los niños de cuarto grado y grados superiores asisten al curso de aptitudes para la vida respaldado por UNICEF.

 

Imagen del UNICEF
© UNICEF China/2011/Liu
Los niños participan en una clase de aptitudes para la vida en Wenling (China).

Educar a toda la familia

A pesar de los peligros, los niños como Siqi son afortunados. La mayoría de los niños migrantes no acompañan a sus progenitores a las ciudades o polos industriales. Muchos ven a sus padres sólo un puñado de veces al año.

"Lo mejor que pueden hacer los progenitores migrantes por sus hijos es llevárselos consigo", expuso Zhu Diyun, experta en educación infantil. "Vivir con los padres antes de los dos años de edad contribuirá a cultivar en el niño un sentimiento de seguridad e identificación, los pilares del ser de cada uno".

El padre de Siqi está de acuerdo. "No quiero abandonar a Siqi", afirmó.

El programa de aptitudes para la vida tiene por objetivo la protección de los niños migrantes mientras realizan la transición hacia tanto la vida en la ciudad como las nuevas situaciones sociales. Además de los asuntos de seguridad básica, los niños aprenden el modo de entablar amistades en las escuelas y de comunicarse mejor con sus progenitores.

"La educación familiar reviste especial importancia para los niños migrantes porque la mayoría de ellos no han vivido de hecho con sus progenitores. En el caso de los niños, ellos necesitan adaptarse en dos niveles: acostumbrarse a la vida urbana y a la convivencia con sus progenitores", manifestó Zhu.

Una familia unida

Ahora, cuando la familia de Siqi se sienta junta a la mesa para cenar todas las noches, Siqi comparte información valiosa con sus padres.

"Mi hijo llegó una vez a casa y me dijo que había visitado al cuerpo de bomberos", afirmó la madre de Siqi, "nos mostró el modo de usar un paño mojado para cubrir la nariz y la boca con la mano izquierda y arrastrarse con las rodillas fuera de una habitación en llamas".

El padre de Siqi asiente con aprobación, sabedor de que estas enseñanzas podrían ser útiles algún día. Está orgulloso de lo que su hijo ha aprendido y -todavía más- feliz de ver a Siqi crecer.


 

 
Búsqueda