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Protección infantil contra el abuso y la violencia

Trabajo infantil: de la fragua a la escuela

Imagen del UNICEF
© UNICEF India/2011
Anas Mohammed (11 años de edad, en el centro) sentado con su madre Suraiya y su hermana Mantasha (10 años). Anas asiste ahora a clase gracias a un innovador programa de participación comunitaria.

MORADABAD, Uttar Pradesh, 7 de diciembre de 2011. Todos los días a las 6 de la mañana, Anas Mohammed (11 años) comenzaba su turno en una pequeña herrería de los suburbios de Moradabad. Allí, trabajaba a unos pocos metros de un foso de metal fundido  al rojo vivo.

"Hacía calor, era difícil respirar y el capataz me insultaba a menudo", recordó Anas.

Él y otros herreros desempeñaban esta labor descalzos y a cara descubierta, en medio de una niebla de polvo metálico que se adhería al cabello y a la piel. Al final del día, parecían un ejército de hombres de hojalata.

Tentativas por esquivar las leyes de trabajo infantil

Anas era uno de los alrededor de 8.000 niños que no van a la escuela en Moradabad, la mayor ciudad exportadora de productos metálicos de la India. Muchos de estos niños trabajan en las tiendas de orfebrería de la ciudad en condiciones inseguras.

"Mi padre perdió su trabajo con el rickshaw (carro tirado por un hombre), así que tuve que dejar la escuela y ponerme a trabajar", dijo Anas.

Aunque el trabajo infantil es ilegal, las fábricas suelen subcontratar a talleres familiares precarios donde es más fácil incumplir la ley.

Encontrar trabajo no fue un problema para Anas, que ayudaba a hacer vasijas de metal, candelabros, marcos de cuadros y otros artículos para los minoristas de todo el mundo. Ganaba 120 rupias (unos 2,45 dólares), durante una semana laboral de 40 horas: menos de la mitad de lo que podría ganar un adulto por el mismo trabajo.

Ayudar a los progenitores a ayudar a sus hijos

Desde 2009, un proyecto para toda la ciudad financiado por la Fundación IKEA ha tratado de identificar a los niños que trabajan y de contribuir a que regresen a la escuela. En colaboración con los aliados locales de UNICEF, el programa ayuda a las comunidades a entender e identificar los problemas, como los niños que no asisten a la escuela, y luego trabajar para resolverlos. Asimismo trabaja con el gobierno para mejorar la calidad de la educación.

Imagen del UNICEF
© UNICEF India/2011
Un trabajador vierte bronce al rojo vivo en un molde en una fragua como en la que trabajó Anas.

El proyecto ha organizado cerca de 100 grupos de mujeres, ha reunido a líderes religiosos de la ciudad para brindar apoyo a la educación y ha abierto dos centros de formación profesional para niños de mayor edad, con el fin de aliviar la presión financiera que recae sobre sus hermanos en edad escolar.

Como resultado, miles de niños han regresado a las aulas.

Anas también regresó a la escuela gracias a este programa. Fue seleccionado durante una encuesta realizada casa por casa por Ankur Yuva Chetna Shivir, una organización local aliada de UNICEF. Un facilitador habló con los progenitores de Anas y les ayudó a inscribir a Anas en una escuela pública gratuita y cercana.

UNICEF también participa en todos los esfuerzos estatales, en colaboración con el Gobierno del Estado de Uttar Pradesh, para garantizar que todos los niños de 6 a 14 años disfruten de su derecho a una educación primaria gratuita.

Difundir el mensaje

Anas ahora ayuda a crear conciencia sobre la importancia de la educación para todos.

Él y otros niños interpretaron una obra de teatro de la comunidad acerca del dueño de un puesto de té que obliga a su hija a administrar el negocio familiar. Al final de la obra, Anas y sus compañeros de reparto se dirigieron al público.

"Por favor, prométannos que permitirán estudiar a sus hijos ", dijeron. "Es como una póliza de seguro. Pague ahora y usted cosechará grandes recompensas en 10 o 15 años".

Se produjo un silencio incómodo y, después, un hombre se acercó para comprometerse con la petición de los niños la comunidad prorrumpió en aplausos.

La madre de Anas, Suraiya, también ha hecho suyo este mensaje. "Nos sentíamos muy culpables obligándolo a trabajar pero no teníamos muchas opciones en ese momento", dijo.

Sin embargo, después de la primera jornada de Anas en la escuela, "estábamos muy contentos. Su cara se iluminó ", dijo. "Sólo queremos que nuestros hijos prosperen".


 

 
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