Haití

En un espacio acogedor para los niños se brinda protección a los jóvenes sobrevivientes del terremoto de Haití

Imagen del UNICEF
© UNICEF Haiti/2010/Van den Brule
En el espacio acogedor para los niños de Place St. Pierre, en Puerto Príncipe, se sirven almuerzos a unos 120 niños y niñas. Para muchos de ellos, esa es frecuentemente la única comida del día.

Por Cifora Monier and Jill Van den Brule

PUERTO PRÍNCIPE, Haití, 21 de mayo de 2010 – Más de un centenar de voces jóvenes se elevan al unísono entonando un sentimiento común. “Sa ki pa nan espas n’ap voye yo ale”, cantan en criollo. “Los que no pertenecen a este espacio no deberían estar en este lugar”.

En la zona de Place St. Pierre, al pie de las colinas de Puerto Príncipe, estos niños y niñas que sufrieron los efectos del terremoto del 12 de enero expresan musicalmente su necesidad de contar con un ámbito seguro y protector.

Para satisfacer esa necesidad, UNICEF y la “Iniciativa para el desarrollo de los jóvenes que no van a la escuela” (conocida como IDEJEN, por sus iniciales en francés) establecieron un refugio para niños junto al cuartel de policía de esta desvastada parte de la capital de Haití.

Restablecer vínculos

En el espacio acogedor para los niños se atiende a unos 120 niños, niñas y jóvenes de cinco a 24 años de edad. De ellos, un 75% son víctimas del desplazamiento como resultado del terremoto.

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Yolette y su hijo Yglesia, de cinco años, a la entrada del espacio acogedor para los niños de UNICEF en Place St. Pierre, en la capital de Haití.

“Ésta es una manera de restablecer los vínculos de la comunidad y garantizar que los niños desplazados no sigan siendo marginados por la comunidad en general”, afirma Joanne Dessureault, de UNICEF.

 “Se trata de niños que sufren fobias, temor a los edificios de cemento y ataques de ansiedad y estrés cada vez que escuchan ruidos que les recuerdan el terremoto”, añade Robert Desrosiers, un psicólogo que trabaja en el centro de Place St. Pierre. “Hay niños que sufren pesadillas todas las noches. Pero gracias a las diversas actividades de apoyo psicosocial que llevamos a cabo en el centro, están superando gradualmente los traumas que les ha causado lo que han visto y vivido”.

El psicólogo vaticina que, si se les brinda atención adecuada, “con el tiempo se repondrán plenamente”, teniendo en cuenta la capacidad de recuperación de los niños y jóvenes afectados por el terremoto.

Alimento, agua y atención especializada

Yolette y su hijo Yglesias, de cinco años, , se refugiaron en el campamento provisional de desplazados que se estableció en Place St. Pierre la noche del 12 de enero, cuando el terremoto derrumbó su hogar. Yolette es una madre soltera que tenía un pequeño negocio de venta de arroz en su antiguo vecindario. Aunque en la actualidad, Yolette carece de ingresos u otros recursos para mantener a su hijo.

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Niños y niñas haitianos cantan y bailan en un espacio acogedor para los niños de Place St. Pierre, en Puerto Príncipe.

“No tengo dinero para comprarle el uniforme escolar ni los demás elementos que necesita para ir a la escuela”, explica. “Por casualidad conocí a uno de los administradores de IDEJEN, que estaba en el campamento movilizando padres para que enviaran a sus hijos al espacio acogedor para los niños, que está a sólo 200 metros de distancia”.

En el centro, Yglesias y los demás niños reciben diariamente una comida y agua potable. La policía abastece el agua para las letrinas del centro.

“Este centro es una bendición”, comenta Yolette. “Mi hijo recibe una comida adecuada y la atención de personal especializado que le ayuda a liberarse de las constantes pesadillas sobre el terremoto. Me alegra mucho verle feliz, y que se comporte de manera bastante normal cuando está con otros niños”.

Apoyo a las familias y comunidades

La alianza entre UNICEF e IDEJEN es un ejemplo de lo que se puede lograr cuando las organizaciones locales e internacionales y la sociedad civil se unen para ayudar a los niños afectados por las situaciones de emergencia.

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Louis Jeune, inspector principal de policía de Haití posa con varios de los niños que acuden al espacio acogedor de UNICEF, situado junto al cuartel de policía del vecindario de Place St. Pierre, en Puerto Príncipe.

Esas alianzas pueden aumentar significativamente la capacidad de las comunidades y las familias de proteger a los niños y niñas.

En el centro acogedor para los niños de Place St. Pierre, los padres y madres colaboran con equipos de profesionales constituidos por un trabajador social, un psicólogo y dos asistentes. Los padres participan en reuniones donde aprenden a determinar si sus hijos corren peligro y adquieren los conocimientos y aptitudes que necesitan para preparar a los niños para posibles desastres futuros.

Asimismo, en el centro se llevan a cabo actividades de educación entre compañeros sobre la prevención del abuso y la violencia sexual y de apoyo a las niñas y mujeres que han sido víctimas de abuso. Se trata de un programa que mantiene a los niños y niñas alejados de las calles y fomenta el cuidado basado en la familia.

La restauración de la estructura social

La policía haitiana también desempeña un papel importante con respecto al bienestar de los niños mediante la enseñanza de normas y principios de responsabilidad y comportamiento cívico.

“La función de la policía consiste en proteger y prestar servicio, y los niños y niñas son un componente fundamental de nuestra misión”, afirma Louis Jeune, Inspector Principal de Policía. “Aunque no disponíamos de mucho espacio, hicimos lugar para el centro, donde colaboramos para que estos niños sean miembros útiles de la sociedad. Porque hoy son nuestros niños, pero mañana serán los adultos de nuestra sociedad”.

El proyecto está animado por un auténtico sentido de solidaridad. Se trata de una unión entre las diversas partes que constituyen la comunidad en un proyecto en pro de los niños.

Mediante esa colaboración, todos salen beneficiados. Los niños establecen una relación de confianza con la policía, cuyos integrantes se han convertido en modelos ejemplares para muchos menores. De esa manera, se alienta la gestación de una comunidad más segura y cohesiva, un paso imprescindible para la restauración de la estructura social de Haití.


 

 

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