República Democrática del Congo

Protección y asistencia para la infancia que trabaja en las minas de diamantes de la Rep. Dem. del Congo

Imagen del UNICEF
© UNICEF 2012/DRC/Walther
Durante el último año, Niak (15 años) ha limpiado gravilla como parte de una operación minera de diamantes en Lupatapata (República Democrática del Congo).

Por Cornelia Walther

BAKWA TSHIMUNA, República Democrática del Congo, 10 de abril de 2012. “Me gustaba ir a la escuela pero cuando mi padre murió no pude pagar la matrícula. Por eso vine aquí”, dijo Niak (15 años), que trabaja en primera línea en uno de los numerosos equipos de exploración de diamantes de Lupatapata.

Durante el año pasado ha lavado gravilla en el río, desde el amanecer hasta el anochecer.

Se trata de uno más de los numerosos niños que trabajan en las minas de diamantes de la provincia. A los niños se les contrata para realizar diversas tareas, como cavar y lavar o servir de vendedores ambulantes. 

Víctimas de la explotación

“En septiembre de 2011 teníamos 900 estudiantes. Ahora es marzo de 2012 y solamente quedan 767. Probablemente esa cifra disminuirá aún más durante los próximos meses”, dijo Constantin Kadima Kashiygia, director de una escuela primaria pública en Diovo, en el territorio de Lupatapata. “Los progenitores de la mayoría de los alumnos trabajan en las minas. Sus ingresos no son muy seguros y muchos niños tienen que mantenerse a sí mismos. Los que no abandonan la escuela trabajan durante la mañana y acuden a clase durante la tarde, pero están demasiado cansados como para concentrarse y a menudo se quedan dormidos en clase. Tampoco ayuda mucho que solamente reciban una comida al día”.

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© UNICEF 2012/DRC/Walther
Un niño carga con una bolsa de gravilla de 60 kg hasta un río en Lupatapata (República Democrática del Congo). Se trata de una de las 12 bolsas que transportará hoy como parte de una operación minera de diamantes.

En la aldea de Bakwa Tshimuna, las calles polvorientas están llenas de gente: vendedores de equipos, restaurantes que sirven a mineros hambrientos y mercaderes de diamantes que tratan de conseguir el mejor beneficio posible. Las minas cercanas son “artesanales”, es decir que son operaciones a pequeña escala sin un salario mínimo, equipos de seguridad o un límite de horas: el mercado define las reglas.

Mientras cavar es una ocupación de hombres y niños, las mujeres y las niñas venden alimentos, agua y otros productos.

“No disponemos de cifras porque nadie habla de ello, pero la prostitución es un problema importante. Hay niñas de solamente 13 años que venden sus cuerpos para sobrevivir cuando cae la noche”, dice Honoré Kabamba, maestro y ex coordinador de Save the Children del Reino Unido en Mbuji Mayi. “Desde el comienzo de febrero de 2012 hasta finales de marzo tuvimos 26 casos de abuso sexual solamente en Bakwa Tshimuna y todos ellos eran a menores de 16 años”. 

Cambios en marcha

En las provincias “bendecidas” con recursos minerales, el ciclo de la explotación y de pobreza se sucede desde hace mucho tiempo. Sin embargo, se están llevando a cabo pequeños cambios.

“Llevo ya tres años fuera de la mina y nunca regresaría”, dice Chantal Bitota (17 años). “Es un entorno peligroso. Los hombres en las minas exigen demasiado. Al principio vendía agua, pero ahora tengo mi propia tienda de costura. Haré todo lo que sea posible para que mis hijos vayan a la escuela”.

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© UNICEF 2012/DRC/Walther
Chantal Bitota (17 años) frente a su máquina de coser en Lupatapata (República Democrática del Congo). La joven recibió la máquina de coser por medio de un programa de capacitación que recibe apoyo de UNICEF.

En 2007, UNICEF comenzó a establecer redes de protección de la infancia basadas en la comunidad de los centros mineros. “En Mbuji Mayi estamos trabajando con el ministerio provincial de asuntos sociales y la ONG Save the Children del Reino Unido”, explica Diane Ntumba Bitoli, Oficial de Protección infantil de UNICEF en Mbuji Mayi. “Además, tenemos más de 100 voluntarios de la comunidad cuya tarea es determinar cuáles son los niños y niñas más vulnerables para ganarse su confianza y convencerles en algún punto, tanto a ellos como a sus familias, de que abandonen las minas… Es un proceso a largo plazo pero está dando sus frutos. En el pasado, niños de tan sólo siete años trabajaban cavando. Ahora, el trabajo más duro queda para los adolescentes y los hombres”.

Al capacitar a voluntarios locales en los principios de la protección de la infancia, se ha facultado a las comunidades para que protejan a los niños y niñas contra el abuso. Entre 2010 y 2012, el programa contribuyó a matricular en la escuela a 2.866 alumnos.  

Asimismo, se establecieron “puntos de escucha” cerca de los lugares de explotación, para proporcionar a los niños y niñas que trabajaban en las minas servicios de orientación y lugares seguros donde jugar. En seis poblados también hay espacios acogedores para los niños, donde éstos pueden aprender a leer y escribir, así como obtener atención psicosocial. Los adolescentes mayores de 15 años pueden participar en actividades generadoras de ingresos, como la sastrería, la mecánica y la ebanistería. A las víctimas de los malos tratos se les remite a centros médicos o a la policía.

 “Estoy muy contenta de no estar más en la mina”, dijo Chantal, mientras acariciaba la máquina de coser que recibió al final del programa de capacitación. Se convirtió en una modista y cambió su vida. “Muchos de mis amigos siguen todavía allí”.


 

 

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