República Democrática del Congo

Trabajo infantil en la República Democrática del Congo: Un rico potencial reducido a polvo.

Imagen del UNICEF
© UNICEF DR Congo/2009
En las canteras de la República Democrática del Congo, familias enteras (incluidos los niños pequeños) tienen que trabajar para sobrevivir.

Por Shantha Bloemen

El 12 junio se celebra el Día Mundial contra el Trabajo Infantil, que este año pone de relieve los retos que aún quedan por superar, especialmente en lo que se refiere a la explotación laboral de las niñas. A continuación se presenta un artículo sobre este tema.

KIPUSHI, República Democrática del Congo, 12 de junio de 2009 - A sus dos años y cubierto de polvo, Sylvian está sentado junto a su madre, picando piedras con una maza en una pila de mena en la República Democrática del Congo. Piedras, polvo y sol. Esta es la única vida que Sylvian ha conocido.

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Todos los días, su familia y él llegan aquí para picar piedras enormes y obtener grava empleada en lugares de construcción. Abandonan el hogar a las cinco de la mañana y terminan 12 horas después, al caer el sol.

Si se termina el trabajo, es el fin del pueblo

Para la madre de Sylvian, Bichi Banza, de 40 años de edad, este trabajo es todo lo que tiene para alimentar a sus seis hijos, y no puede hacerlo ella sola. De modo que se lleva a todos sus hijos para que la ayuden. Cuando tienen suerte, venden la grava recién molida al final de la jornada. Una pila de cuatro metros de altura se vende por alrededor de 30.000 francos, es decir, unos 6 dólares estadounidenses.

Imagen del UNICEF
© UNICEF DR Congo/2009
La venta occasional de una pila de grava en las canteras de la República Democrática del Congo puede alimentar a los niños, pero raras veces alcanza para los gastos escolares de cada mes.

Ninguno de los hijos de Banza asiste a la escuela. La historia es parecida a la de otras 500 familias que trabajan con esta pila.

“Este es un pueblo minero. Nuestros padres trabajaban para la compañía minera”, explica Banza. “Desde que cerraron la mina, no hay nada que hacer. Si se termina el trabajo, es el fin del pueblo".

 

Los efectos de una crisis silenciosa

Los niños de mayor edad interrumpen la monotonía del golpeteo de las mazas con su griterío, mientras se deslizan por las montañas de escombros montados en pequeñas láminas de plástico. A su manera, se niegan a rendirse ante la desesperanza.

A su alrededor, el Congo sufre una crisis silenciosa. Pese a que es uno de los países más ricos de África en cuanto a su vastas existencias minerales, gran parte de su pueblo no ha recibido educación y es víctima de la pobreza.

“El problema es que los niños y niñas tienen que trabajar”, explica Pierrette Vu Thi, Representante de UNICEF en la República Democrática del Congo. “No van a la escuela porque sus padres no tienen dinero para pagar las elevadas matrículas escolares. Por eso tienen que trabajar, y quedan atrapados en un círculo vicioso”.

Resulta difícil precisar el número de niños y niñas que trabajan con sus familias en las múltiples minas del país, o en qué medida ese número aumentará debido a la vertiginosa caída de los precios de los minerales desencadenada por la crisis financiera mundial.

Mayor protección social para los niños que trabajan

Varios adolescentes varones inspeccionan los escombros en busca de cobalto, un subproducto del cobre más lucrativo que la grava. Con el producto de la venta de una pila de grava se puede adquirir alimentos para la familia, aunque eso rara vez alcanza para cubrir la cuota mensual de la escuela.

El Artículo 32 de la Conversión sobre los Derechos del Niño establece que todos los menores tienen derecho a que se les proteja de la explotación económica. En la República Democrática del Congo esto ha comenzado a hacerse realidad gracias a las labores de Grupo Uno, una ONG belga que recibe apoyo de UNICEF.

Grupo Uno se propone la liberación de los niños de las canteras, donde trabajan en condiciones peligrosas e insalubres, y su regreso a las aulas.

“Una de las cosas que debemos hacer es poner fin a la participación de estos niños y niñas en la economía”, explica Pierrette Vu Thi, de UNICEF. “Eso significa que debemos crear sistemas de protección social y ayudar a sus familias brindándoles los medios necesarios para que envíen a los niños a la escuela”.

Liberarse del trabajo para ir a la escuela

Vanessa, de 12 años de edad, solía pasar los días con su madre en una mina. Hace seis años, su padre, soldador de oficio, ingresó a las filas de los miles de mineros desocupados. Al principio, los padres de Vanessa lograron mantener a la niña en la escuela, pero hace dos años tuvo que abandonar sus estudios y empezar a trabajar de sol a sol picando piedras, maza en mano.

“Veía que mis amigos podían ir a la escuela y yo no, y me sentía muy triste”, recordaba la niña, que intentó encontrar el modo de unirse a ellos. En septiembre de 2008, un voluntario de Grupo Uno se enteró de su situación y un mes después Vanessa volvió a clases junto a sus amigos y amigas.

Los responsables del proyecto entienden que para que los niños puedan continuar sus estudios se necesita más que el pago de sus cuotas escolares. En el caso de Vanessa, la liberación del trabajo en la cantera y el regreso a la escuela no sólo han traído aparejado su bienestar emocional sino también apoyo financiero para su familia.

UNICEF colabora estrechamente con aliados como Grupo Uno para brindar a un número creciente de niños y niñas servicios de protección social que les permitan seguir estudiando y adquirir conocimientos y aptitudes. Además, esos servicios ayudan a las familias a escapar del ciclo de pobreza que condena a muchos niños tan jóvenes como Sylvian a picar piedras junto a su familia.


 

 

Vídeo (en inglés)

12 de mayo de 2009: El corresponsal de UNICEF, Guy Hubbard, informa sobre los problemas de las familias pobres de la República Democrática del Congo cuyos niños deben trabajar para ayudar a mantener a la familia.
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