Colombia

El bienestar y las vidas de los niños campesinos colombianos bajo la amenaza de las minas terrestres

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Irma (a la derecha), una joven de 16 años víctima de las minas terrestres, habla con Sharon Ball, la Oficial de actividades sobre minas terrestres de UNICEF, a la entrada de un cementerio en el pueblo de El Pato en Bajo Cauca, Antioquia, Colombia.

NUEVA YORK, Estados Unidos, 4 de abril de 2007 – Hace casi seis años, cuando Irma Janeth tenía 10 años de edad, pisó accidentalmente una mina terrestre mientras recorría un bosque en las inmediaciones de Quebradona, su pueblo natal, en una región rural de Colombia. El estallido le arrancó la pierna izquierda y le privó de la posibilidad de tener hijos.

“Es horrible lo que le pasa a la gente con esas minas”, comenta Irma. A pesar de la tragedia, Irma está decidida a superar el pasado. “¿Cómo se puede seguir viviendo si uno no para de llorar por lo que le sucedió?”.

Tras haber perdido dos años de estudios escolares debido al accidente, Irma ha vuelto a clases. Sin embargo, y al igual que otras jóvenes víctimas, Irma requiere asistencia.

Para prevenir casos como el de Irma, la Asamblea General de las Naciones Unidas instituyó en 2006 el Día Internacional de información sobre el peligro de las minas y de asistencia para las actividades relativas a las minas, que se celebra anualmente el 4 de abril. Las actividades de ese día están destinadas a crear conciencia acerca de las minas terrestres, la munición sin estallar y los logros en la lucha por su eliminación.

Las minas terrestres y otros artefactos bélicos explosivos sin estallar causan la muerte o provocan heridas y lesiones a unas 15.000 personas por año, muchas de ellas niños y niñas, que son quienes tienden con más frecuencia a recoger y jugar con objetos desconocidos.

Entre las actividades que forman parte de la lucha contra esos artefactos figuran la localización y destrucción de las minas terrestres y la munición sin estallar, la ayuda a las víctimas de los accidentes, la enseñanza de medidas de protección a la población amenazada y la eliminación de las reservas de minas.

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Gregorio Carvajal, de 44 años, perdió un ojo y una pierna debido al estallido de una mina terrestre. Carvajal no puede cultivar su pequeño campo.

El mortífero legado de la guerra

Lo que le sucedió a Irma es una tragedia bastante común en las regiones rurales de Colombia. El prolongado conflicto que protagonizan las fuerzas armadas gubernamentales, los grupos guerrilleros y las organizaciones paramilitares ha dejado grandes superficies en todo el país regadas de minas terrestres y munición sin estallar.

Según el más reciente estudio sobre las minas terrestres, Colombia tiene la tasa más elevada del mundo de bajas civiles causadas por las minas y la munición sin estallar. Ese mortífero legado bélico es causa de graves problemas, especialmente en las zonas rurales, donde ocurre el 96% de los accidentes relacionados con esos artefactos explosivos.

“El año pasado, 65 niños y niñas fueron víctima de esas explosiones”, informa  Sharon Ball, oficial de actividades relacionadas con las minas terrestres de UNICEF. “Cuando la víctima es un niño o una niña se hace necesario cambiarle la prótesis cada cuatro meses, especialmente si vive en una región rural, debido al desgaste de la misma. Para una familia de una región pobre eso implica un costo enorme”.

Martina Murillo, que se dedica a difundir información sobre los peligros de las minas terrestres, dice que los accidentes de ese tipo tienen consecuencias devastadoras para las comunidades. “Esos accidentes”, explica, “sólo han provocado pánico y pérdidas en la población local”.

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Mediante cantos y juegos, los estudiantes de las regiones rurales de Colombia aprenden a protegerse de las minas terrestres antipersonal.

La mejor cura es la prevención

A pesar de la gravedad del problema de las minas terrestres, en Colombia no se llevan a cabo actividades humanitarias de eliminación de las mismas a nivel nacional. Recién ahora, en colaboración con las Naciones Unidas, el cuerpo de ingenieros del Ejército ha comenzado a entrenar perros para localizar explosivos mediante el olfato.

Otra manera de combatir la amenaza de las minas terrestres consiste en educar a los niños y niñas sobre los peligros que representan esos artefactos. UNICEF ha brindado apoyo a la realización de clases sobre la amenaza de las minas terrestres en las escuelas de varias regiones de Colombia. Mediante canciones y juegos, los estudiantes aprenden a identificar los objetos peligrosos y a protegerse de sus efectos mortíferos.

Hasta que en Colombia se puedan llevar a cabo campañas nacionales de eliminación de las minas terrestres, la manera más realista de luchar contra la amenaza constante de las mismas consiste en poner en práctica medidas de prevención de este tipo.


 

 

Vídeo (en inglés)

Abril de 2007: 
Un reportaje informa sobre el daño que causan las minas terrestres a los niños y jóvenes en Colombia.

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