Bangladesh

Un día en la vida de dos niños sin hogar de Bangladesh

Imagen del UNICEF
© UNICEF Bangladesh/2008/McCarthy
Yusef, de 14 años, y Smaile, de 10, viven en las calles de Dhaka, la capital de Bangladesh. Ambos se ganan la vida recolectando botellas de plástico y llenándolas de agua.

Por Casey McCarthy

DHAKA, Bangladesh, 12 de marzo de 2009 - Los niños se levantan cuando todavía no ha salido el sol. A las cuatro de la mañana, ya reina la animación y el bullicio sobre el río Buriganga en el puerto de la capital de Bangladesh. Yusef, de 14 años de edad, y su hermano Smaile, de 10, han pasado la noche durmiendo sobre los duros maderos del muelle.

Como hacen habitualmente, ambos hermanos se lavan y comienzan su recorrido en busca de botellas vacías para llenar de agua y venderlas más tarde. En el camino mendigan comida en los cafés de la zona. Los días que tienen suerte reciben algunas sobras, pero otros días sólo lesel hambre.

Según diversos cálculos, en Dhaka hay entre 250.000 y 400.000 niños y niñas de la calle. Debido al veloz proceso de urbanización, en Bangladesh ha habido una proliferación de tugurios abigarrados y asentamientos precarios en los que viven miles de niños de la calle. Los menores que crecen en esas circunstancias viven marginados de la sociedad, carentes de protección, educación, atención de la salud y orientación.

Un espacio seguro para los niños vulnerables

A las nueve de la mañana, los hermanos llegan a una escuela al aire libre que recibe apoyo de UNICEF, en la que asisten a clases no estructuradas hasta el mediodía. En la escuela también disfrutan de la amistad de otros niños, participan en actividades recreativas y tienen acceso a instalaciones sanitarias. La escuela forma parte del proyecto de “Protección de los niños vulnerables” que se puso en marcha en abril de 2007.

El objetivo del proyecto consiste en proteger del abuso, la explotación y la violencia a los niños y niñas de la calle, así como a los que no reciben cuidados de sus padres.

Yusef y Smaile también inscribieron sus nacimientos en esta escuela. La inscripción del nacimiento es el primer reconocimiento oficial de la existencia del niño y garantiza el derecho de los niños a servicios y beneficios vitales como la vacunación, la atención de la salud y la educación.

Soluciones generadas por los jóvenes
En la escuela se llevan a cabo reuniones mensuales de alumnos en las que los niños y niñas tratan de resolver los problemas que confrontan. Cada reunión es presidida por un alumno distinto. En esas reuniones, los niños adquieren aptitudes para la toma de decisiones, ya que aprenden a identificar sus problemas y buscar soluciones.

En una reciente reunión, los niños debatieron lo difícil que les resulta mantener una alimentación sana e higiénica cuando no están en la escuela, ya que muchos de ellos viven en la calle. Algunos niños explicaron que debido a que mendigan sus alimentos no saben cómo asegurarse de que éstos sean frescos y estén limpios. Varios compañeros les ofrecieron posibles soluciones. Uno de ellos sugirió que en vez de mendigar comieran en un centro de acogida cercano.

Varios niños se quejaron también de la frecuencia con que se enfermaban y se preguntaron de qué manera podían proteger su salud. Otro alumno les aconsejó que una vez por semana visitaran al agente sanitario de la escuela. “También podemos cuidar nuestra salud mediante la higiene, especialmente lavándonos las manos antes de comer”, comentó otro niño.

Decididos a alcanzar una vida mejor
La hora del almuerzo supone para Yusef y Smaile, como suele ser habitual, tener que mendigar comida. Luego regresan al puerto a buscar trabajo cargando bolsas o cajas. Como promedio, ambos trabajan seis horas diarias y ganan menos de un dólar. La jornada de los dos hermanos termina con la caída del sol, cuando regresan a sus “camas” sobre el piso del muelle, donde duermen unas pocas horas hasta el amanecer, cuando vuelven a repetir todo el proceso.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Bangladesh/2008/McCarthy
Yusef y Smaile asisten diariamente a una escuela al aire libre de UNICEF, que funciona desde las nueve de la mañana hasta el mediodía.

Yusef tiene conciencia de que vive una existencia difícil. Tras divorciarse de la madre de los niños, su padre volvió a casarse. Durante un tiempo, la madrastra les obligó a trabajar en una fábrica textil y se quedó con todo el dinero que ganaban. Hace dos años, los hermanos se fueron a vivir por su cuenta a un vecindario en el otro extremo de Dhaka.

Sin embargo, Yusef tiene grandes planes para el futuro. Él y Smaile están a punto de instalarse de manera permanente en un centro que cuenta con el apoyo de UNICEF, donde podrán dormir, comer, seguir recibiendo educación no estructurada y, lo que resulta más importante para Yusef, obtener capacitación laboral. Los niños de la calle son particularmente vulnerables al abuso y la explotación, pero en el centro de acogida reciben la protección que necesitan.

Yusef está decidido a alcanzar una vida mejor. “Quiero estudiar para ser sastre”, explica. “Quiero ganar dinero y comprar una casa. Me quiero casar y tener una familia. Y al final de mi vida, quiero tener algo que dejarles a mis hijos”.


 

 

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