Turquía

En la región meridional de Turquía, los niños refugiados sirios están atrapados entre su pasado desgarrador y un futuro incierto

Por Patrick Wells

HATAY, Turquía, 10 de mayo de 2012. En una tranquila vivienda en las afueras de Antakya, en la región meridional de Turquía, un grupo de padres y madres que se refugiaron en este país tras huir de la violencia en Siria ha inaugurado una escuela provisional para sus hijos. En los antiguos dormitorios y salas de la casa se escuchan ahora las voces que repiten las lecciones de matemáticas, inglés, turco e instrucción coránica, y el jardín se ha convertido en un animado patio de recreo.

 

VÍDEO: Ildefonso González, corresponsal de UNICEF, informa sobre una escuela para niños refugiados sirios en la región meridional de Turquía.  Véalo en RealPlayer

 

Para muchos de los niños que acuden a esta escuela, estas actividades son el primer paso hacia la normalización de sus vidas, alteradas por el conflicto que aún continúa en su patria. Sin embargo, los dibujos que adornan las paredes del salón donde se dictan las clases de arte recuerdan el trágico costo que ha tenido la violencia para los niños.

Uno de ellos, dibujado al pastel, muestra tanques y soldados que disparan contra unas viviendas y un hombre muerto en plena calle, en medio de un charco de sangre. Otro muestra un padre, una madre y su hijo a punto de ser enterrados con sus heridas claramente marcadas con tinta roja.

El peso del pasado

En la oficina del director se encuentra Sayed*, un alumno de 16 años que huyó de Siria hace tres semanas. Sayed participaba en una manifestación de protesta en su país con sus compañeros de escuela. El número de manifestantes fue en aumento y, de pronto, en respuesta a sus cánticos recibieron ráfagas de armas de fuego.

“Uno de mis amigos fue alcanzado en el pecho”, recuerda Sayed. “Yo le preguntaba "¿Cómo estás? ¿Qué te pasa?”, pero mi amigo no podía hablar".

Dos amigos de la infancia de Sayed resultaron con heridas graves. El joven los llevó a un hospital estatal, donde se les negó tratamiento. Finalmente, los progenitores de ambos lograron que los aceptaran en una de las muchas clínicas clandestinas que funcionan en Siria. Sayed no volvió a ver a sus amigos. Unos días más tarde murieron los dos.

Los niños refugiados en Turquía no sólo sufren la pesada carga del pasado sino también la ansiedad por lo que les pueda suceder a sus familiares y amigos que quedaron en Siria. Un tío de Sayed, por ejemplo, desapareció recientemente.

Cuando se le preguntó cómo se sentía por todo lo sucedido, Sayed rompió a llorar.

Imagen del UNICEF
© UNICEF video
Una niña refugiada siria dibuja en una escuela en la zona meridional de Turquía.

Se necesita ayuda con urgencia

Mustafa Shakir, el director de la escuela, dice que muchos de los 196 niños y niñas que asisten al centro tienen problemas para superar el trauma de la violencia y las pérdidas, y agrega que para ayudarles a recuperar su futuro es necesario que reciban más ayuda, y con carácter urgente.

“Los problemas son muchos”, dice, “pero el peor es el estado psicológico en que se encuentran estos niños, especialmente los que han visto derramamientos de sangre, personas muertas y enfrentamientos. Esos niños no pueden concentrarse".

Pese a que la escuela recibe fondos para la compra de libros, materiales y hasta un autobús escolar de donaciones privadas de sirios que se encuentra fuera del país, el director reitera que necesita más apoyo.

“Todos los días nos visitan muchos periodistas y otros representantes de los medios de difusión", comenta, "pero hasta ahora no ha sucedido nada”.

 
Campamentos de refugiados en la frontera

El gobierno de Turquía ha construido varios campamentos semipermanentes a lo largo de su frontera con Siria para las personas que huyen de ese país vecino y que no tienen medios de subsistencia. Esos campamentos ya albergan a más de 5.000 niños y niñas.

El gobierno turco también brinda educación en árabe a los niños de los campamentos, pero los progenitores comentan que se necesitan clases separadas para los estudiantes mayores de 13 años, además de ayuda especial para los jóvenes que han visto interrumpida su educación universitaria.

Debido a que no hay señales de que el conflicto en su país vaya a terminar en el futuro inmediato, estos jóvenes refugiados sirios permanecen en el limbo. Su futuro en Turquía es dudoso y nadie sabe si podrán regresar a su patria, ni cuándo podrán hacerlo.

*Se ha cambiado el nombre para proteger su identidad.


 

 

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