Tayikistán

Un hogar para los niños y niñas huérfanos y vulnerables en Tayikistán

Imagen del UNICEF
© UNICEF video
La Escuela de Internado Sharinau, que funciona en las afueras de Dushanbe, representa un hogar para los niños y niñas huérfanos y vulnerables de Tayikistán.

Por Steve Nettleton

SHARINAU, Tayikistán, 23 de septiembre de 2008 – Un reciente día de verano, varios niños y niñas en pantalones cortos y bañadores saltaban dando gritos de alegría a una fuente de agua en una zona campestre en las afueras de Dushanbe. Se trataba de los alumnos de una escuela de internado para huérfanos que estaban disfrutando de varias semanas de campamento de verano, descansando de sus estudios y combatiendo el intenso calor.

Esa experiencia de los niños contrastaba radicalmente con lo que habían vivido en los meses previos, cuando habían temblado de frío en salones sin calefacción durante uno de los inviernos más gélidos que se hayan registrado en Tayikistán.

Las temperaturas extraordinariamente bajas interrumpieron el suministro de agua y energía eléctrica, y cientos de miles de personas en todo el país corrieron peligro de no contar con alimentos y otros artículos de primera necesidad.

La historia de Nilufar

Nilufar Haitova, de 11 años de edad, ingresó a esa escuela junto a su hermana y dos hermanos hace un año, tras la muerte de su padre. La madre de los niños había muerto cuando Nilufar tenía seis años, y los niños vivieron con su abuela hasta que la familia decidió que era más conveniente enviarlos a una escuela de internado para que pudieran recibir mejor educación.

Pese a que la lengua materna de Nilufar es el uzbeko, la niña aprendió rápidamente a hablar tayiko y se hizo amiga de muchos niños y niñas. Para Nilufar, la severidad del invierno pasado fue muchísimo más tolerable que la pérdida de sus padres.

“Aunque el invierno fue frío, teníamos ropa de abrigo”, explicó. “El director de la escuela trató de protegernos del frío. Uno puede sobrevivir el invierno, pero es imposible lograr el regreso de los que se han ido”.

Durante la era soviética era habitual enviar a los niños a hogares para huérfanos, y la práctica sigue siendo bastante común. Un 80% de los menores alojados en esos establecimientos tienen por lo menos un progenitor vivo.

La reunión de las familias

Ganjina Pirova, de 16 años, vive en la Escuela de Internado Sharinau, que funciona en las afueras de Dushanbe. Ganjina no es huérfana pero sus padres la pusieron en la escuela porque creen que allí obtendrá una educación mejor que en una escuela secundaria ordinaria.

“En esta escuela hay muchas cosas buenas. Por ejemplo, recibimos visitas frecuentes. ¡Y hasta nos ha venido a ver el Presidente! También nos visitan y ayudan muchas otras personas caritativas”, comentó Ganjina.

Gracias a los esfuerzos por reducir el número de niños y niñas que se encuentran en los establecimientos de este tipo, desde 2005 se ha logrado que más de 1.500 menores regresaran con sus familias, además de haberse evitado que cientos más fueran internados. UNICEF se propone apoyar otras iniciativas del gobierno y organizaciones no gubernamentales en pro de soluciones que no impliquen el alojamiento de los niños en instituciones de esa índole.

Mientras tanto, la Escuela de Internado Sharinau y otros establecimientos similares continuarán sirviendo de hogar a los niños como Nilufar y Ganjina, independientemente de las razones por las que se encuentren en los mismos.


 

 

Vídeo (en inglés)

Steve Nettleton, corresponsal de UNICEF, informa sobre la situación de los alumnos de una escuela de internado de Tayikistán que recibe apoyo del organismo internacional.
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