Protección infantil contra la violencia, la explotación y el abuso

Los niños privados del cuidado parental

Imagen del UNICEF
© UNICEF/NYHQ2007-2751/Claudio Versiani
> Isabel Homez, de 91 años, sostiene a su bisnieta Marlene Martínez, de 5 años. Ambas son indígenas mayas y viven en una aislada zona rural del municipio de Chinautla, en el Departamento de Guatemala.

Los niños a veces pierden su primera línea de protección, que son sus progenitores. Las razones de la separación incluyen el secuestro, la trata de personas, la migración, la vida en la calle, el desplazamiento o el reclutamiento por las fuerzas armadas; en otros casos viven en instituciones de atención alternativa debido a problemas de salud, a razones educativas, a la violencia familiar, la pobreza, la muerte de los progenitores o el estigma.

En 2008, en Europa Central y del Este alrededor de 1,3 millones de niños vivían en instituciones públicas; algo menos de la mitad vivía instalaciones de cuidados residenciales de gran escala o en internados (UNICEF, At home or in a home, 2011). En el Oriente Medio y África, se estima que más de 300.000 niños viven en residencias (UNICEF, 2009, Progreso para la infancia). Puede que estas cifras estén por debajo de la realidad.

UNICEF respalda las Directrices para la tutela de los niños adoptadas por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2009. Las Directrices alientan los esfuerzos para mantener a los niños con sus familias cuando sea posible. Cuando ello no sea contrario al interés superior del niño, el Estado es responsable de proteger los derechos del niño y de garantizar una atención alternativa adecuada: el cuidado familiar, la acogida familiar, otras formas de atención basadas en la familia o una atención similar a la que ofrece una familia, atención residencial o disposiciones de vivienda independiente supervisada. Sólo se debe recurrir a otro tipo de tutela cuando sea necesario, y de una forma apropiada que promueva el bienestar del niño, con el objetivo de encontrar una respuesta estable y segura a largo plazo, incluyendo, cuando sea posible, reunir a los niños con su familia. Las pruebas indican que la calidad de los cuidados alternativos es fundamental para el bienestar del niño. Los niños que reciben atención residencial a largo plazo corren el riesgo de que su desarrollo cognitivo, social y emocional se deteriore (sobre todo para los menores de tres años de edad).

UNICEF ayuda a los gobiernos a fortalecer sus leyes y políticas para integrarlas plenamente a las Directrices para la tutela de los niños (2009); alienta a los gobiernos a fortalecer la atención social (incluidas las actividades de base comunitaria) y los servicios de atención social (incluidas las actividades en la comunidad) para apoyar y fortalecer a las familias a fin de evitar la separación, y apoyar la reintegración de las familias cuando sea posible

Las Directrices se aplican en contextos de desarrollo y en situaciones de emergencia, en los cuales las actividades recomendadas se aplican para rastrear y reunir a las familias, y la atención residencial se utiliza como una medida temporal hasta que los niños pueden ser colocados en entornos de tipo familiar. Las Directrices están en línea con la Principios Rectores Interinstitucionales sobre los niños no acompañados y separados (2004) que se aplican en situaciones de emergencia.

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