UN BALANCE SOBRE LA NUTRICIÓN NÚMERO 4, MAYO DE 2006 Ver ediciones anteriores >

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La nutrición y la infancia

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Progreso para la Infancia: Nutrición


En el mundo en desarrollo, 146 millones de niños menores de 5 años tienen bajo peso, y más de la mitad viven en Asia meridional.

En esta región se da con mucho la mayor incidencia de bajo peso entre niños menores de 5 años del mundo en desarrollo, proporcionalmente y en cifras.

Nutrición, supervivencia y desarrollo

Mejorar la nutrición, particularmente en los primeros años, es crucial para poder cumplir los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM).

La desnutrición, especialmente en la infancia, es un obstáculo que impide que los individuos, e incluso las sociedades, desarrollen todo su potencial. Los niños y niñas desnutridos tienen menos resistencia a las infecciones y más probabilidades de morir a causa de dolencias comunes de la infancia, como las enfermedades diarreicas y las infecciones de las vías respiratorias. Los que sobreviven pueden quedar atrapados en un círculo vicioso de enfermedades recurrentes y alteración del crecimiento, a menudo con daños irreversibles en su desarrollo cognitivo y social.

La buena nutrición es la piedra angular de la supervivencia, la salud y el desarrollo no solo de las generaciones actuales, sino también de las venideras. Las mujeres bien alimentadas corren menos riesgos durante el embarazo y el trabajo de parto, y el desarrollo físico y mental de sus hijos es mucho más sólido. Los niños y niñas bien alimentados se desempeñan mejor en la escuela, llegan más sanos a la edad adulta y pueden ofrecer a sus propios hijos un mejor comienzo en la vida.

La buena nutrición conlleva también importantes repercusiones económicas. Cuando una población está bien nutrida, la productividad individual es más alta, los costos de atención en salud son más bajos y el rendimiento económico es mayor.

El ODM 1, erradicar la pobreza extrema y el hambre, refleja la interrelación incuestionable que existe entre las dos: el hambre suele ser tanto una consecuencia como una causa de la pobreza. Ante la falta de unas políticas públicas determinadas, en todas las regiones del mundo las personas de bajos ingresos tienen por lo general un régimen alimentario más deficiente que las personas más acomodadas. Y quienes carecen de una nutrición adecuada tienen que luchar más para salir de la pobreza que quienes se nutren adecuadamente y gozan de mejor salud.

Para alcanzar cualquiera de los demás ODM, es esencial afrontar el problema mundial de la desnutrición. Se calcula que esta es una causa fundamental del 53% de todas las muertes de niños y niñas menores de cinco años1 , lo que significa que el ODM 4 y su meta asociada –reducir la tasa de mortalidad de los menores de cinco años en dos terceras partes– solamente se lograrán si se toman medidas para mejorar la nutrición de los niños y niñas pequeños y sus madres.

Los demás objetivos relacionados con la salud –el ODM 5 sobre la salud materna y el ODM 6 sobre la lucha contra enfermedades clave– también tienen mucho que ver con la nutrición, pues un organismo desnutrido es mucho más vulnerable a las enfermedades. La desnutrición afecta el rendimiento escolar y la asistencia de los niños y niñas a la escuela, y refleja prejuicios en el acceso a los alimentos y a los servicios de salud, aspectos en los que las mujeres desempeñan un papel central dentro de la familia. Así pues, si no se encuentra una solución al problema de la desnutrición, es poco probable que se puedan cumplir los objetivos sobre educación (ODM 2) y sobre paridad entre los géneros (ODM 3).

1  Organización Mundial de la Salud, Informe Mundial sobre la Salud 2005: ¡cada madre y cada niño contarán!, OMS, Ginebra, 2005.