UN BALANCE SOBRE LA NUTRICIÓN NÚMERO 4, MAYO DE 2006 Ver ediciones anteriores >

Otras historias

>>Nutrición en situaciones de emergencia

>>El retraso en el crecimiento es un indicador clave de la pobreza

>>La alimentación en la escuela alivia el hambre e impulsa la educación

Nutrición en situaciones de emergencia

Owais, de ocho meses, es todavía muy pequeño para darse cuenta de la destrucción causada por el violento terremoto que el 8 de octubre de 2005 sacudió varias zonas cerca de la frontera entre el Pakistán y la India, o para tener recuerdos de los acontecimientos posteriores a la catástrofe. Pero a medida que se hace mayor, este niño huérfano se dará cuenta un día de que el terremoto cambió su vida para siempre.

Owais perdió a su padre y a su madre y está a cargo de su abuelo de 70 años, Abdur Rahman. “Ahora que el padre y la madre de Owais han muerto, estoy solo criando al bebé hasta que se convierta en un joven", dijo, tratando desesperadamente de ocultar sus lágrimas. "No se si lograré vivir tanto tiempo".

Rahman describió cómo durante 10 días después del terremoto Owais no quiso aceptar la alimentación con biberón, debido a que había sido amamantado por su madre, y añadió: "Con el paso del tiempo, sin embargo, ha aceptado el biberón y ahora no llora tanto como antes”.

Owais es uno de los miles de niños y niñas afectados por el terremoto. Sus historias han aparecido en los medios de comunicación de todo el mundo, provocando generosas donaciones que a su vez se transformaron en suministros, refugio, trabajadores de asistencia e intervenciones sanitarias.

Entretanto, en otras partes del mundo, las muertes cotidianas de miles de niños y niñas no reciben ninguna atención. Alrededor de 5,6 millones de niños y niñas menores de cinco años mueren anualmente debido a la desnutrición. Su sufrimiento no es el resultado de una situación de emergencia, sino de crisis permanentes que ocurren lejos de la atención del público. Muchas veces, su vulnerabilidad se agrava debido a la pobreza crónica, las economías erráticas, las infraestructuras deficientes y los efectos del VIH/SIDA.

En el sur de África, el VIH/SIDA contribuye a una espiral que lleva a que la pobreza y la desnutrición reduzcan las defensas de los seres humanos contra la enfermedad, aumentando probablemente la susceptibilidad y la vulnerabilidad a la infección por VIH. Con cada una de estas espirales, los hogares y las comunidades se empobrecen todavía más. Las prácticas y recursos para superar la situación, que un día permitieron a las comunidades sobrevivir a través de períodos aislados de dificultades, se han reducido, y las han dejado más vulnerables a las crisis que se produzcan en el futuro.1

Irónicamente, los niños y niñas afectados por graves situaciones de emergencia tienen más posibilidades de sobrevivir que otros niños y niñas de países menos afectados por este tipo de acontecimientos dramáticos. Esto es el resultado de que la atención del público gravita en torno a los conflictos y los desastres naturales, además de la mayor eficacia de las intervenciones humanitarias de socorro.

De hecho, la comunidad internacional ha logrado mayores progresos para salvar las vidas de los niños y niñas que están peligrosamente delgados (o sufren emaciación) en el contexto de las catástrofes, que para salvar las de aquellos niños y niñas que sufren desnutrición en el contexto de una situación de pobreza y subdesarrollo habitual en sus vidas.2

Esto se debió probablemente al rápido despliegue de asistencia alimentaria y al acceso a los servicios de atención de la salud que facilitaron el gobierno, los organismos internacionales, las ONG y las comunidades. A pesar de la elevada tasa de mortalidad derivada del terremoto, el tratamiento inmediato y eficaz de lesiones e infecciones impidió que se produjeran nuevas enfermedades y muertes.

Sin embargo, si no se abordan las situaciones permanentes de crisis que afectan la situación alimentaria de la infancia, las posibilidades de un aumento repentino de la mortalidad cuando se produce una situación de emergencia son mayores. Esto ha ocurrido en el Níger, donde desde hace tiempo que existe una “emergencia silenciosa”. La tasa de mortalidad de menores de cinco años es la tercera del mundo y miles de niños y niñas tienen un peso inferior a normal.

Una encuesta que se llevó a cabo durante la crisis alimentaria devastadora que se produjo en 2005 descubrió que las tasas de emaciación entre los niños y niñas de seis meses a tres años de edad eran cuatro veces más elevadas que para los niños y niñas de tres a cinco años. Además, un 70% de los niños y niñas que sufrían emaciación en el grupo más joven de edad tenían también retraso en el crecimiento3.

Las actividades internacionales de socorro durante las situaciones de emergencia graves son sin duda eficaces para impedir la pérdida de vidas humanas relacionadas con la desnutrición. Sin embargo, para reducir el número de muertes relacionadas con este problema es preciso que el mundo preste cada vez más atención a los países en desarrollo relativamente estables donde los niños y niñas corren un mayor riesgo debido a su situación en materia de nutrición, y donde mueren anualmente más niños menores de cinco años.

 

1  UNICEF, ‘Drought, HIV/AIDS and Child Malnutrition in Southern Africa: Part 1 – Preliminary analysis of nutritional data on the humanitarian crisis’, Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, Oficina Regional para África oriental y meridional, Nairobi, 2003, pág. 9.
2  Hossain, S. M. M., K. Sullivan y R. A. Anis, ‘Health and Nutrition Survey in Earthquake Affected Areas of Pakistan:  UNICEF/WFP/WHO Joint Survey in collaboration with MOH’, Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, Islamabad, 2006.
3  Tomczyk, B., et al. (eds.), ‘Report of an Emergency Nutrition Survey in Niger, United Nations Children’s Fund and US Centers for Disease Control and Prevention in support of the Government of Niger’, (de próxima publicación en 2006).

Regreso a Emergencias

Subir

El retraso en el crecimiento es un indicador clave de la pobreza

El retraso en el crecimiento está ampliamente aceptado como un indicador de la desnutrición. También es un indicador apropiado de la pobreza infantil, ya que refleja la privación económica y social y revela si se han satisfecho las necesidades básicas del niño durante sus primeros años1.

Alrededor de 168 millones de niños y niñas en el mundo en desarrollo presentan retraso en el crecimiento o tienen una talla demasiado reducida para su edad, una consecuencia de no recibir una alimentación suficiente, de vivir en un entorno insalubre, y de no disponer de atención de la salud y estimulación en la primera infancia.

Como otros dos indicadores de la desnutrición infantil, el peso inferior al normal (niños y niñas cuyo peso es muy reducido para su edad) y la emaciación (niños y niñas demasiado delgados), también es fácil medir el retraso en el crecimiento. Sin embargo, a diferencia de los otros dos –que se pueden solucionar mediante intervenciones oportunas y apropiadas como la provisión de alimentos o la alimentación terapéutica– los efectos del retraso en el crecimiento son irreversibles.

Y, además, no se limitan a una medición vertical: persisten a largo plazo y son intergeneracionales. El retraso en el crecimiento comienza durante el embarazo, produce daños para el resto de la vida y pueden transmitirse a la siguiente generación.

Las mujeres con retraso en el crecimiento tienen más probabilidades de sufrir un parto con obstrucción y corren un mayor peligro de morir durante el alumbramiento 2. También hay más probabilidades de que den a luz niños y niñas con bajo peso al nacer y con retraso en el crecimiento, que posteriormente tendrán problemas educativos, una capacidad física reducida, y una escasa resistencia a las infecciones y las enfermedades. Durante su edad adulta, el retraso en el crecimiento se traduce en una disminución de la capacidad para trabajar y una mayor propensión a enfermedades como la diabetes, las enfermedades cardíacas y la hipertensión 3.

El retraso en el crecimiento se relaciona con los niveles de ingresos, y los países de bajos ingresos tienen por lo general mayores tasas de retraso en el crecimiento. En los países menos adelantados, por ejemplo, un 42% de los niños y niñas menores de cinco años sufren retraso en el crecimiento, en comparación con la cifra mundial de un 30%. En América Latina y el Caribe, un estudio que se realizó en cuatro países andinos descubrió un nivel elevado de retraso en el crecimiento relacionado con una situación económica desfavorable. Los miembros de los sectores más pobres de estos países tenían por lo menos tres veces más posibilidades de sufrir retraso en el crecimiento que los de los sectores más ricos 4.

Como ocurre con otros indicadores relacionados con la desnutrición, el retraso en el crecimiento se produce con mayor frecuencia en Asia meridional, especialmente en el Afganistán y el Nepal, donde más de la mitad de los menores de cinco años tienen ese problema. En ECE/CEI, Albania y cuatro países de Asia central presentan las tasas más elevadas de retraso en el crecimiento, superando de lejos el promedio regional del 14%. Dos de los cuatro países de Asia central tienen los niveles más bajos de ingreso nacional bruto per cápita de la región 5.

Eliminar las causas subyacentes del retraso en el crecimiento contribuirá a quebrar el ciclo de la pobreza. Un enfoque integral comienza por una mejora de la situación nutricional de las niñas adolescentes y de las mujeres para asegurar que puedan dar a luz niños sanos cuando queden embarazadas. Exige fortalecer el apoyo al amamantamiento exclusivo –que debe comenzar al nacer y debe complementarse seis meses después con una alimentación suficiente, de alta calidad y saludable– y exige también asegurar un abastecimiento de agua potable adecuado y de saneamiento apropiado para las madres y sus hijos.

Quebrar el ciclo requerirá también ampliar la escala de los programas de enriquecimiento con micronutrientes, para que los niños y las mujeres reciban las vitaminas y los minerales esenciales para un crecimiento y desarrollo sanos, y un acceso equitativo a una buena atención de la salud que incluya medicinas y vacunas, para que los niños y niñas estén protegidos contra la enfermedad. Todos estos elementos tendrán mayores consecuencias si, además, los niños y niñas reciben los estímulos, el cuidado y el amor necesarios.

Para que los niños y niñas crezcan apropiadamente es preciso satisfacer sus necesidades básicas. Sin embargo, esto exigirá formular políticas, presupuestos y programas nacionales que se centren en las necesidades y los derechos de los grupos más pobres. Muchos países necesitarán apoyo de la comunidad internacional, ya que por sí solos no podrán lograr la cobertura de los servicios sociales básicos para todos.

 

1  Gross, Rainer, ‘Nutrition and Alleviation of Absolute Poverty in Communities: Concept and measurement’, ACC/SCN Symposium Report, Documento sobre nutrición 16, 1997, págs. 95-103.
2  UNICEF, Progreso de las Naciones 1999, Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, Nueva York, 1999, pág. 6.
3  Barker, D.J.P., Mothers, Babies, and Disease in Later Life, BMJ Publishing Group, 1994.
4  Larrea, C., y W. Freire, ‘Social Inequality and Child Malnutrition in Four Andean Countries’, Pan American Journal of Public Health, vol. 11, nos. 5-6, Mayo/Junio 2002, págs. 356-364.
5  Tayikistán y Uzbekistán, Estado Mundial de la Infancia, UNICEF, Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, Nueva York, 2005, págs. 122-125.

Regreso a Disparidades

Subir

La alimentación en la escuela alivia el hambre e impulsa la educación

En muchas partes del mundo, los niños y niñas llegan a la escuela con los estómagos vacíos. Puede que no hayan comido nada por la mañana, que no reciban los elementos necesarios, o que tengan que participar en las tareas familiares antes de ir a la escuela. Como resultado, llegan a clase con muy poca energía para concentrarse, para relacionarse con sus maestros y compañeros, o para participar en las clases de educación física y otras situaciones de aprendizaje práctico. Hay pocas probabilidades de que estos niños y niñas rindan con eficacia, y el resultado es que suelen perderse días de escuela, enfermarse o terminar por abandonar la enseñanza.

La falta de una nutrición adecuada es una de las razones que explican por qué alrededor de 115 millones de niños y niñas en edad escolar en todo el mundo no reciben enseñanza primaria 1.  Muchos de ellos suelen padecer carencias de micronutrientes, que se traduce en una falta de vitaminas y minerales esenciales. Este “hambre oculta” afecta el desarrollo del cerebro y pone en peligro el sistema inmunológico.

Los programas de alimentación en la escuela ofrecen la oportunidad de aliviar el hambre –abierta y oculta– entre los niños y niñas. Pero los beneficios van más allá de la nutrición. Numerosos estudios han llegado a la conclusión de que los programas de alimentación en la escuela sirven de incentivo a las familias para enviar a sus hijos a la escuela, alientan a los alumnos a mantenerse en ella y les ayudan a concentrarse y a retener aquello que aprenden.

En las zonas más pobres del mundo, esta estrategia ha duplicado la matriculación en la escuela primaria en solamente un año2.  Su costo es muy reducido. El Programa Mundial de Alimentos calcula que, como promedio, es posible alimentar a un niño en la escuela por unos 19 centavos de dólar por día, o 34 dólares anuales.

UNICEF colabora con el Programa Mundial de Alimentos para facilitar un conjunto integrado de intervenciones rentables destinadas a mejorar la situación de los escolares en materia de salud y nutrición. Alimentos para la escuela, un elemento esencial de este conjunto, trata de aliviar el hambre a corto plazo entre los escolares, aumentar la motivación de las familias y mejorar la participación de la comunidad en las escuelas 3.

Numerosos beneficios

En varias zonas pobres de Bangladesh, alrededor de 1 millón de niños y niñas reciben a media mañana de galletas de alto contenido energético que contienen una parte de las necesidades diarias de vitaminas y minerales. En un año, el programa sirvió para aumentar la matriculación en la escuela primaria en casi un 10%, y reducir en un 7,5% la probabilidad de deserción escolar 4.

Después de recibir el desayuno en la escuela, los niños y niñas de las zonas rurales de Jamaica prestaban una mayor atención en clase y mejoró su capacidad verbal. Los efectos más positivos se podían observar en el tamaño adecuado de las aulas, que presentaban un ambiente tranquilo, aireado y bien iluminado 5.

En los países donde se han aplicado programas que permiten a los niños y niñas llevar a casa sus raciones de alimentos, la matriculación de las niñas en la escuela primaria aumentó por lo menos en un 50% 6.

Los programas de alimentación en la escuela pueden servir de base para establecer otros programas de salud en las escuelas, e intervenciones para la prevención del VIH y la eliminación de parásitos. También ofrecen una oportunidad excelente para administrar suplementos de micronutrientes entre los alumnos, y es posible ajustar el contenido nutricional de los alimentos para maximizar la absorción de hierro, vitamina A y otros nutrientes esenciales.

Una reunión técnica de la Iniciativa de las Naciones Unidas para la Educación de las Niñas (UNGEI) celebrada recientemente recomendó los programas de alimentación en la escuela como parte de un conjunto esencial de aprendizaje para acelerar la educación de calidad para todos. El conjunto recomendado incluía también esferas de intervención como el agua y saneamiento, la eliminación de parásitos y la administración de suplementos de micronutrientes7.

 

1  UNICEF, Progreso para la Infancia No.2 – Un balance sobre la paridad entre los géneros y la educación primaria, UNICEF, Nueva York, abril 2005, pág. 3
2  Programa Mundial de Alimentos – Alimentación en la escuela
3  Programa Mundial de Alimentos y Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, The Essential Package: Twelve interventions to improve the health and nutrition of school-age children, Servicio de alimentación en la escuela del PMA, Roma, 2005.
4  Ahmed, A., Impacts of Feeding Children in School: Evidence from Bangladesh, Encargado por la Universidad de las Naciones Unidas, Instituto Internacional de investigación sobre la política alimentaria, Washington, D.C., septiembre de 2004.
5  Chang, S. M. et al., ‘Effects of breakfast on classroom behaviour in rural Jamaican schoolchildren’, Food and Nutrition Bulletin, vol. 17, no. 3, 1996, págs. 248-257.
6  Programa Mundial de Alimentos, ‘School feeding works for girls’ education’, Programa Mundial de Alimentos, Roma, 2001, pág. 9.
7  Informe de la reunión técnica de UNGEI: Resumen de resultados, 26 a 27 de noviembre de 2005.

Regreso a Desnutrición

Subir