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UN BALANCE SOBRE LA INMUNIZACIÓN: NÚMERO 3, SEPTIEMBRE DE 2005 Ver todos los informes >
Las vacunas han salvado las vidas de millones de niños y niñas durante las últimas tres décadas. Pero todavía hay muchos millones más que no están protegidos.

El Objetivo de Desarrollo del Milenio (ODM) número 4 consiste en reducir en dos terceras partes la mortalidad en la infancia entre 1990 y 2015. La inmunización forma una parte fundamental de este objetivo, y al mismo tiempo contribuye de manera considerable al ODM 5, que consiste en mejorar la salud de la madre y reducir su mortalidad, y al ODM 6, combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades.

La inmunización ha salvado las vidas de millones de niños y niñas en las tres décadas que siguieron a la implantación en 1974 del Programa Ampliado de Inmunización (PAI). Sin embargo, hay más de 27 millones de menores de un año y más de 40 millones de mujeres embarazadas en el mundo que no se benefician de los servicios de la inmunización sistemática (1).

Como consecuencia, más de 2 millones de personas mueren todos los años a causa de enfermedades que se pueden evitar mediante la administración de una vacuna. En esta cifra hay que incluir 1,4 millones de muertes de niños y niñas menores de 5 años, entre ellos los 395.000 que mueren actualmente a causa del sarampión, los 290.000 que son víctimas de la tos ferina y los 257.000 que mueren debido al tétanos neonatal (2).

Además, 1,1 millón de niños en su primera infancia mueren debido a infecciones por neumococo y rotavirus, para las cuales habrá vacunas muy pronto. Se espera que las mejoras de las vacunas actuales, y las reducciones de sus costos, permitan distribuirlas en un futuro cercano entre todos los niños y niñas que las necesiten. La eficacia de la inmunización está ampliamente demostrada. A diferencia de muchas otras intervenciones relacionadas con la salud y el desarrollo, la inmunización no aumenta simplemente las posibilidades de que los niños y niñas resistan los efectos de una enfermedad, sino que prácticamente garantiza esas posibilidades.

Desde 1990, la inmunización sistemática con vacunas contra la difteria, la tos ferina y el tétanos ha beneficiado anualmente a más de un 70% de todos los niños y niñas, un logro considerable si se tiene en cuenta que todos los años nacen más de 130 millones de niños y niñas, a quienes es preciso vacunar. En combinación con los programas acelerados para la lucha contra las enfermedades, los servicios sistemáticos han contribuido de manera considerable a la supervivencia infantil, al evitar la muerte de más de 2 millones de niños y niñas todos los años y prevenir la aparición de innumerables casos de enfermedades y discapacidad.

La inmunización ofrece también una red y un mecanismo que permiten a los servicios de salud iniciar una relación con los niños y las mujeres a quienes tienen que brindar otras intervenciones, como la administración de suplementos de vitamina A y medicamentos antiparasitarios, y la distribución de mosquiteros tratados con insecticidas para combatir el paludismo.

Un enfoque integrado de este tipo no sólo es el sistema más eficaz para proteger la salud de todos los niños, incluidos los más marginados, sino también una manera rentable de establecer sistemas de salud por medio de los cuales la repercusión general de la inmunización sobre la supervivencia infantil se vuelve mucho mayor que la suma de sus partes.

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