Los progresos conseguidos hasta la fecha indican que los ODM relacionados con la educación se pueden alcanzar. Es todavía posible que todos los niños y niñas del mundo asistan y terminen la enseñanza primaria en 2015.
Si se observan los niveles actuales de asistencia a la educación básica, la suma anual suplementaria de 5.600 millones de dólares (11) que se calcula que se necesitan para lograr la enseñanza primaria universal en 2015 podría parecer problemática. Pero alcanzar los objetivos es sobre todo una cuestión de prioridades.
La oleada de simpatía y caridad privada que surgió en todo el mundo después del tsunami que afectó el Sudeste Asiático sugiere que existen nuevas oportunidades para que el mundo ponga las exigencias de nuestra humanidad común por encima de una tendencia hacia el inmovilismo, y para que los gobiernos cumplan con las promesas que realizaron en la Cumbre del Milenio.
Ya hay tres importantes iniciativas sobre el terreno que luchan por lograr las metas educativas, cada una de las cuales complementa a las otras:
- La Iniciativa Acelerada, que comenzó en 2002 y está coordinada por el Banco Mundial, se centra en los países de bajos ingresos.
- La Iniciativa "25 para 2005" del UNICEF se centra en eliminar las disparidades entre los géneros en la educación.
- La Iniciativa de las Naciones Unidas para la Educación de las Niñas es una amplia alianza destinada a mejorar la calidad y la disponibilidad de la educación de las niñas.
En los planos nacional y local, además, hay en la actualidad un alto grado de conocimientos técnicos y experiencias sobre los métodos que dan resultados y los que no, y esto podría aprovecharse con relación a este problema si los esfuerzos y los recursos se dirigieran allí donde son necesarios.
Entre las políticas y estrategias más importantes que es preciso emplear para lograr una educación para todos deben estar la eliminación de los gastos de escolarización y otros costos relacionados. Esta es una de las medidas con poder de transformación que puedan ayudar a los países a lograr un aumento sustancial en las tasas de participación escolar.
Es preciso supervisar constantemente las metas intermedias, y responsabilizar a los dirigentes de sus actos si no respetan sus compromisos. Pero que nadie pretenda utilizar estos indicadores intermedios para aseverar que la meta de lograr una enseñanza primaria universal está fuera de nuestro alcance. Es un objetivo realista, asequible y realizable, y es el derecho inalienable de nuestros niños y niñas.
















