El Progreso de las Naciones 1999

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RESUMEN INFORMATIVO: Avances y Disparidades

Los efectos del SIDA en la vida de los niños

Una de las consecuencias menos obvias pero más devastadoras del VIH/SIDA es la erosión en los avances de las tasas de supervivencia de niños y lactantes que se habían logrado mediante grandes esfuerzos en varios países de África.

En Botswana, por ejemplo, el SIDA será para el año 2000 la causa del 64% de las muertes de los niños menores de cinco años, y con ello provocará la pérdida de gran parte del terreno ganado por ese país en materia de salud infantil. Se calcula que en Sudáfrica y Zimbabwe, el SIDA ocasionará un aumento de un 100% en la mortalidad infantil. Algunos expertos pronostican que en el futuro esas tasas sufrirán aumentos aun más pronunciados. La Oficina del Censo de los Estados Unidos pronostica que para el año 2010 la tasa de mortalidad de niños menores de cinco años en Zimbabwe será tres veces y media más alta de lo que hubiera sido de no mediar el SIDA, y que la mortalidad infantil podría duplicarse. Los hospitales de algunos países africanos informan que tres de cada cuatro plazas en los pabellones pediátricos están ocupadas por niños con SIDA.

Los efectos de la enfermedad no se limitan a los niños infectados, ya que en los países más afectados por el SIDA hay millones de niños que han perdido a sus padres u otras personas que los crían, de manera que corren mayores riesgos en cuanto a su salud, nutrición y educación. El carácter acumulativo de esas consecuencias ya comienza a repercutir en la nutrición de los niños que viven en hogares afectados por el SIDA. Un estudio llevado a cabo en Kagera (Tanzanía) reveló que cada muerte por causa del SIDA de uno de sus miembros adultos significaba la disminución de un 15% en el consumo de alimentos de las familias más pobres. La reducción alimentaria puede tener consecuencias graves para el desarrollo de los niños. Adicionalmente, los niños huérfanos del SIDA corren el peligro de sufrir cortedad de talla superior al promedio de su edad. Según el Banco Mundial, la tasa de desarrollo físico deficiente de los niños huérfanos es de un 50%.

También se espera una disminución de las tasas de alfabetización en muchos países debido a que los niños de las familias afectadas por el SIDA deben abandonar los estudios cuando no pueden pagar la matrícula escolar o cuando se hace necesario que ayuden con las tareas del hogar o trabajen para colaborar con los gastos familiares. Los huérfanos que viven con familias ampliadas suelen ser los primeros a quienes se priva de educación escolar. Un estudio realizado en Zambia indicó que en las zonas urbanas, el 32% de los huérfanos no estaba matriculados en la escuela, mientras que la tasa correspondiente a quienes no eran huérfanos era del 25%. En las zonas rurales, el 68% de los huérfanos no asistían a clase, mientras que la tasa de los estudiantes que no eran huérfanos era el 48%.

Aunque resulta difícil medir con precisión los efectos totales de la enfermedad, no hay duda de que los crecientes gastos de atención de la salud y la pérdida de ingresos familiares agotan los recursos; imponen cargas extraordinarias, especialmente a las mujeres; y aumentan las posibilidades de que los niños sufran desnutrición, analfabetismo y enfermedades. El SIDA diezma también al sector más capacitado y educado de la población en su edad más productiva, lo que podría tener repercusiones peligrosas sobre el desarrollo futuro. Una encuesta realizada recientemente en Malawi reveló que la tasa de infección de los docentes escolares supera el 30%.  
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En algunos países devastados por la pandemia del SIDA, no resulta insólito ver a los niños como cabezas de familia. Esta niña de Uganda, que perdió a sus padres por causa del SIDA, se ocupa de su abuela ciega y de sus hermanos menores.

El VIH/SIDA también recarga la capacidad de los sistemas de atención de la salud, que ya resultaban inadecuados incluso antes de la epidemia. Según pronósticos del gobierno de Zimbabwe, para el 2005 el VIH/SIDA consumirá un 60% del presupuesto nacional de salud. En la mayoría de los países en desarrollo la enfermedad eleva los costos de la atención sanitaria y reduce los niveles de acceso a la misma, lo que tendrá consecuencias más graves para los pobres. En muchas comunidades, los niños saludables cuyos padres han muerto de SIDA corren un mayor riesgo de morir de enfermedades susceptibles de prevención debido a que se tiende a atribuir sus enfermedades al SIDA y no se les brinda el tratamiento que requieren. Hay pruebas de que los huérfanos tienen menos probabilidades que otros niños de recibir inmunización y atención sanitaria adecuadas.

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