La salud de las mujeres: ¿se esfuman las esperanzas?
En 38 de los 87 países sobre los que se dispone de información al respecto, por lo menos el 20% de las mujeres de más de 15 años son fumadoras. Sólo siete de estos países se encuentran en desarrollo: Brasil, Chile, Cuba, Fiji, Islas Cook, Papua Nueva Guinea y Uruguay. Los países europeos tienen las tasas más elevadas de fumadoras, y Dinamarca y Noruega encabezan esa lista con tasas del 37% y 36%, respectivamente. El consumo de tabaco causa anualmente unos 3,5 millones de muertes, y más de medio millón de esas víctimas fatales son mujeres. A medida que aumente la tasa de fumadoras, crecerá la proporción de mujeres que mueran por causas relacionadas con el tabaco. La mayoría de quienes fuman comienzan a hacerlo en la adolescencia, y en muchos países la edad media en que se empieza a fumar es inferior a los 15 años. En varios países industrializados, incluso en Austria, Dinamarca. España y Suecia, hay más fumadoras adolescentes que fumadores de su misma edad, según la OMS. Pero las trágicas consecuencias del uso de tabaco por parte de estos jóvenes no comenzará reflejarse en sus tasas de mortalidad y morbilidad hasta dentro de unos 30 años. En los países industrializados, donde las mujeres fuman desde hace mucho tiempo, aumenta velozmente la tasa de mortalidad de ese sector de la población a causa del tabaco. Esas enfermedades provocan la muerte de entre un 25% y un 30% de todas las mujeres de edad madura. Además de estar expuestas a las principales enfermedades relacionadas con el consumo de tabaco, como el cáncer pulmonar o bucal, el enfisema y las enfermedades cardíacas, las fumadoras corren más peligro de tener cáncer cervical, esterilidad y menopausia prematura. Las embarazadas que fuman tienen tasas más elevadas de aborto espontáneo y sus hijos sufren bajo peso al nacer, lo que aumenta el peligro de que enfermen o mueran. La Convención sobre los Derechos del Niño compromete a los países a salvaguardar la salud de los niños y a protegerlos de la explotación. Debido a ello, el apoyo a las restricciones a la venta y promoción de los productos del tabaco dirigidas a los niños y adolescentes constituye una manera de defender los derechos de la infancia.
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