Women - Commentary
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El mundo responde

Aunque está claro el peligro, también lo están las posibilidades. Y resulta evidente que al tomar medidas en pro de las niñas también es necesario hacer algo por los niños. Las vidas y los problemas de unas y otros están estrechamente relacionados, de manera que igualmente deben estarlo las soluciones.

Hace casi 10 años, la Convención sobre los Derechos del Niño estableció que la infancia se extendía hasta los 18 años, y reconoció de esa manera que los adolescentes tienen derecho a la asistencia y la protección de la sociedad. La alarmante comprobación del peligro que corre esta generación ha llevado a los gobiernos, las organizaciones no gubernamentales y los individuos a tomar conciencia de algunas realidades fundamentales. Entre ellas, que como individuos, los jóvenes tienen derecho a la información y a recibir capacitación y servicios.

Todo aquel que ha trabajado con jóvenes sabe que componen un valioso recurso, especialmente cuando se trata de superar los problemas que afronta su generación, como el embarazo adolescente, las altas tasas de deserción escolar, el alcoholismo y la drogadicción, y la violencia. Para poder participar activamente en la solución de esos problemas, los jóvenes deben contar con información, aptitudes y servicios, y deben disponer también de un ámbito seguro en el que reciban apoyo, incluido el de adultos dignos de confianza a quienes puedan solicitar orientación.

El mundo ha comenzado a responder. En 1994, la comunidad internacional reconoció el derecho de los jóvenes a la salud reproductiva por medio del Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo de El Cairo. El Programa señaló que se debe dar a los adolescentes dirección y orientación adecuadas sobre las cuestiones sexuales y reproductivas de manera acorde con su progresiva madurez. Otro hecho memorable fue la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer (Beijing, 1995). Se trató de la primera conferencia internacional sobre las mujeres en la que la Plataforma de Acción contó con una sección dedicada a los derechos de las niñas y las jóvenes.

En estas conferencias, sus participantes han reconocido que a los jóvenes, y especialmente a las niñas, se les han negado sus derechos y no se les ha prestado la atención que merecen. Estas reuniones han servido asimismo para consolidar el compromiso político de abordar las cuestiones que conciernen a los adolescentes. Ya sabemos de qué manera se pueden obtener resultados. Ahora debemos aprovechar el consenso político que se ha logrado para ayudar a los jóvenes a hacerse cargo de los cambios sociales y sexuales que conlleva la adolescencia.

Hay pruebas abundantes de que los jóvenes pueden ser responsables de sus vidas cuando reciben la información. Varios estudios han demostrado, por ejemplo, que los jóvenes que reciben educación sexual posponen la iniciación de sus actividades sexuales o reducen el número de compañeros sexuales.

La radio, la televisión y los vídeos, además de las revistas y los periódicos, e incluso la Internet, llegan hasta los rincones más remotos del mundo en desarrollo. Es posible emplear esos medios para reforzar mensajes fundamentales. Uno de ellos es, por ejemplo, que debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para que las niñas no abandonen la escuela. Teniendo en cuenta el efecto multiplicador positivo que tiene la educación de las niñas sobre la vida de sus hijos y sobre sus comunidades, se trata de la medida en pro del desarrollo más eficaz con respecto a su costo.

Otra manera de crear un futuro mejor para los jóvenes es ayudándoles a establecer contacto con otros jóvenes que enfrentan similares dudas y preocupaciones. Algunos adolescentes están creando sus propias iniciativas de medios de comunicación con sus pares. El Ministerio Palestino de Salud y Deportes patrocina una revista editada por jóvenes que se especializa en cuestiones relacionadas con los derechos de los niños, y que en ediciones futuras abordará el tema de los géneros y el trabajo infantil.

"Straight Talk", un programa radiofónico producido por jóvenes en el que se debaten temas que les afectan, como la salud y la sexualidad, se transmite en Kenya, Malawi, Tanzanía y Uganda. Los libretos de "Dehleez", un popular radioteatro indio, contienen mansajes sobre pautas de higiene, e igual estrategia emplea un proyecto de educación entre pares de la Cruz Roja de Jamaica.

Pero los jóvenes requieren algo más que información. Los jóvenes necesitan servicios, y especialmente servicios sanitarios que tengan en cuenta las características de ese sector de la población. En Zambia, tres clínicas experimentales cuentan entre su personal a 52 jóvenes de 16 a 26 años que tienen a su cargo la capacitación de sus pares, a quienes les enseñan a conciliar de manera pacífica diferencias de opinión y les brindan orientación sobre diversas cuestiones, como el VIH/SIDA, el embarazo, el alcoholismo y las drogas.

Como parte de una iniciativa que se lleva a cabo en Costa Rica, se consulta a los jóvenes acerca de los servicios sanitarios que se prestan, y los jóvenes pueden tratar sus dudas con agentes sanitarios especialmente capacitados. En Ucrania, el Programa de Desarrollo de los Jóvenes ofrece servicios de atención de la salud a los jóvenes como parte de un esfuerzo más vasto cuyo objetivo es prevenir la delincuencia, la drogadicción y el suicidio.

Para poder hacerse cargo de las complejidades de la adolescencia, los jóvenes deben recibir educación y capacitación profesional que les permita mantenerse a sí mismos en el futuro. Un modelo de este tipo de actividad es un programa que funciona en Maquattam, cerca de El Cairo, y que no sólo ofrece a las niñas cursos de alfabetización y preparación laboral sino que alienta en ellas el sentimiento del valor propio, al ofrecer 500 libras egipcias (148 dólares) a cada niña que acepte diferir su casamiento hasta los 18 años y que sólo se case por mutuo consentimiento con el novio. Existen planes para incorporar a los niños y los hombres al programa, para alentarlos a que den su apoyo a las niñas y mujeres, tanto las casadas como las solteras.

Estas iniciativas representan sólo los pasos iniciales rumbo a la resolución de cuestiones que no se puede seguir ignorando si se anhela que los jóvenes desarrollen plenamente su potencial en la edad adulta. Aunque estas acciones son prometedoras, aún son demasiado escasas. Ningún país aprovecha como debería las instituciones que ya existen -- especialmente las escuelas, las instituciones religiosas y los clubes juveniles -- para ofrecer a los jóvenes ámbitos donde puedan resolver sus problemas en colaboración con sus pares y con los adultos que les prestan apoyo.

Hace un par de decenios, antes de la era de los derechos de los niños y de la era del SIDA, los adolescentes de los países en desarrollo eran seres prácticamente ignorados. Pero ahora vivimos una revolución social que nos ofrece la posibilidad de cambiar las reglas y de transformar no sólo nuestras vidas sino la senda que tomarán las naciones en el siglo XXI. Los jóvenes están llenos de energía e ideas. A nosotros nos cabe la responsabilidad de asegurar que los niños y las niñas cuenten con oportunidades de capitalizar su inmenso potencial.

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