Penurias en medio de la abundancia Philip
Alston
A lo largo de la historia, los seres humanos siempre
han temido el desamparo. En todos los siglos, los desastres -- ya
sean naturales u ocasionados por las actividades humanas -- han
dejado a su paso multitudes de desarraigados: hombres, mujeres y
niños sin techo ni cobijo. Aunque resulte muy fácil
decir que el desamparo está indisolublemente vinculado con
un hecho catastrófico determinado, como la guerra o la
hambruna, lo cierto es que hoy en día también es una
cruda realidad en algunos de los países más ricos
del mundo.
Muchas personas que habitan el mundo industrializado no tendrán
esta noche donde dormir, ni lo tuvieron ayer, ni lo tendrán
mañana. Esos seres, que suman decenas o cientos o miles,
deambulan por las calles de ciudades grandes y prósperas,
frecuentemente con niños en sus brazos, buscando un calor,
una seguridad y una estabilidad cada día más difícil
obtener.
Diversos estudios demuestran la magnitud del problema. Se
calcula, por ejemplo, que en 15 países de la Unión
Europea hay unos 3 millones de personas que carecen de hogar
permanente. Aunque en Alemania no se realicen encuestas oficiales
sobre el desamparo, una organización no gubernamental
calcula que en el país hay unas 850.000 personas afectadas
por ese problema, de las cuales sólo una tercera parte son
inmigrantes.
Pero el problema no se limita a la Unión Europea. En los
Estados Unidos, todas las noches hay unas 750.000 personas que
carecen de vivienda. En Toronto, la mayor ciudad del Canadá,
a fines de 1997 los refugios de emergencia albergaban a unas 6.500
personas por noche, lo que representó un aumento de más
del 66% en apenas un año.
Debido a que, por lo general, son más pobres que los
hombres, las mujeres corren más peligro de quedar en la
calle. Si la mujer está sola, o tiene una familia a su
cargo, o trata desesperadamente de escapar de la violencia y el
abuso en su hogar, las perspectivas que tiene frente a sí
suelen ser especialmente lóbregas. Por ejemplo, se calcula
que en el Reino Unido, casi la mitad de las mujeres que trabajan
no gana suficiente dinero para alquilar una vivienda de un
dormitorio. En los Estados Unidos, una de cada tres familias está
encabezada por una mujer, pero la mitad de las familias a cargo de
mujeres viven en situación de pobreza.
Un estudio realizado en 11 ciudades de los Estados Unidos
demostró que, como promedio, para poder pagar el alquiler
de un apartamento de dos dormitorios al costo del mercado es
necesario ganar 10,73 dólares por hora, lo que representa
una suma más de dos veces superior al salario mínimo
actual, de 5,15 dólares por hora. Y esos cálculos se
basan en el supuesto de que el inquilino podría gastar una
tercera parte de sus ingresos en el alquiler de la vivienda. Cabe
recordar que las mujeres desempeñan el grueso de los
empleos de baja jerarquía del sector de servicios, donde se
les paga un salario mínimo.
Aunque las estadísticas sobre los desamparados no
abundan -- ya que, por lo general, a la hora de los censos ese
sector de la población literalmente "no cuenta"
-- muchos de los desamparados sobre los que existe constancia son
niños, incluso niños de muy corta edad. En 1996,
unos 5,5 millones de niños estadounidenses vivían en
situación de pobreza, y cabe suponer que muchos de ellos
estaban relegados a vivir en la calle.
El estudio llevado a cabo en Alemania que se mencionó
previamente indicó que una tercera parte de los
desamparados eran niños o adolescentes, y según cálculos
fidedignos, en 1995 había en el Reino Unido casi 250.000
desamparados de 16 a 24 años de edad.
En Australia, se calcula en unos 21.000 el número
constante de desamparados de 12 a 18 años.
Y en los últimos 20 años, en muchas naciones
industrializadas ha aumentado el número de familias a cargo
de un solo adulto -- por lo general la madre -- de las cuales un
elevado porcentaje vive por debajo del nivel de pobreza,
especialmente en Australia, el Canadá y los Estados Unidos.
El artículo 27 de la Convención sobre los
Derechos del Niño establece que "los Estados Partes
reconocen el derecho de todo niño a un nivel de vida
adecuado para su desarrollo físico, mental, espiritual,
moral y social". Por su propia naturaleza, el desamparo priva
a los niños afectados de todos y cada uno de esos derechos.
Los jóvenes desamparados tienen en general el doble de
probabilidades que la población de su misma edad de padecer
enfermedades crónicas como las infecciones de las vías
respiratorias y el aparato auditivo, los trastornos
gastrointestinales y las enfermedades venéreas, entre ellas
el VIH/SIDA. En los Estados Unidos, una niña en la primera
adolescencia tiene en general 14 veces más probabilidades
de quedar embarazada si carece de hogar que las niñas de su
edad. En Bélgica, la mitad de los desamparados que buscan
cobijo en los refugios abandonaron sus estudios durante la enseñanza
primaria o inmediatamente después de terminar ese ciclo
escolar. En Alemania, 8 de cada 10 personas desamparadas que viven
en refugios sólo han recibido educación primaria o
nunca cursaron estudios básicos, mientras que en
Luxemburgo, la relación es de 9 de cada 10.
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